No salen bien las cosas, al menos, no al ritmo y con la efectividad que el presidente esperaría. La economía tiene una flaca recuperación que terminó cayéndose a finales de 2021; la salud golpea reiteradamente con una pandemia que no se doblega, sino al contrario, parece agudizarse ante las inconsistencias e irresponsabilidades gubernamentales. Las alianzas políticas tejidas con esmero y ceguera a lo largo de años, empiezan a debilitarse, ahí tiene usted las amenazas de la CNTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación) o el fracaso en la elección interna para renovar al liderazgo del STPRM (Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana).
Como pieza central de un sexenio que abandonó el combate al crimen organizado, sobresale el despunte sin precedente en homicidios y actividad criminal en todo el país. La inseguridad ciudadana se multiplica en ciudades y municipios, abandonados al control creciente del narco y sus diversas organizaciones. Los abrazos demostraron en tres años que al crimen ni se le consiente ni se le permiten concesiones, porque se convierte en poder, en dominio territorial, incluso en gobierno.
Las obras de infraestructura, con retrasos y sobrecostos. El Aeropuerto de Santa Lucía a pasos acelerados para llegar a la anunciada meta de su apertura el 21 de marzo (2022), está a punto -según quienes han visitado las instalaciones para presentar ofertas por locales comerciales-; sin embargo, no hay vías terrestres para llegar, ni habrán para la fecha indicada. El problema de fondo es el mentado rediseño del espacio aéreo del Valle de México. Expertos nacionales e internacionales continúan afirmando que la operación simultánea entre el Benito Juárez y el Felipe Ángeles es imposible. El gobierno y su voz única, sostiene lo contrario, por la fuerza de su voluntad y la imposición de su supremo designio.
Para colmo, la retórica incesante del “somos diferentes”, “se acabó la corrupción”, “somos gente buena, honesta, decente” le estalla en el rostro en la persona de su primogénito. Lujos, mansiones, autos, que se atribuyen a su esposa, cuya actividad profesional consiste en arreglar contratos y servicios entre empresas, paraestatales y petroleras. Un proveedor de Pemex es quien ofrece en calidad de préstamo la primera residencia; la segunda, ya está a nombre de la esposa.
Todo el discurso de la moralidad superior, se derrumba. Todos sus tuits del pasado, criticando y acusando a políticos con excesos y derroches, se regresan como búmeran encendido a perseguir la lengua larga del pasado. Una casa del hijo de un gobernador o la misma del expresidente Peña Nieto son señales inequívocas de corrupción, lavado de dinero, desvío de recursos, dijo el supremo... ¿Y ahora? ¿En qué son verdaderamente distintos? Son lo mismo, sólo que los de antes no se daban baños santurrones ni se persignaban.
La investigación que exoneró a Peña de la inolvidable ‘casa blanca’, bajo el pueril ardid de hacer parecer a su exitosa y famosa esposa como la dueña, fue realizada por la Función Pública y el entonces secretario Virgilio Andrade. ¿Quién va a investigar si hay conflicto de interés entre el cabildeo y las gestiones de la señora Carolyn Adams y el gobierno de su suegro, las dependencias bajo su mandato? ¿Qué autoridad independiente ofrecerá al público mexicano una prueba inequívoca e irrefutable de la cantada santidad de la familia presidencial? Difícil en un país que se doblega ante el caudillo; complejo en un escenario de función pública que se controla desde Palacio Nacional, oficina por oficina, dependencia por dependencia.
En todo gobierno hay soplones. Toda administración, a pesar de los pactos secretos, los acuerdos de confidencialidad, termina filtrando negocios, concesiones, beneficios a favor de los poderosos y sus cercanos. Este no será la excepción, especialmente cuando la lucha por la sucesión ha desatado las pasiones, los ataques y puntapiés debajo de la mesa.
El director Romero Oropeza en Pemex debe saber muy bien el grado de participación que la nuera incómoda ha tenido en contratos y operaciones.
AMLO puede negarlo, encenderse en furibundas diatribas en contra de reporteros, comunicadores, empresarios y los conservadores enemigos, pero la evidencia está ahí. Mansión, lujos, hijos disfrutando del bienestar de la abundancia contradicen la austeridad republicana, la honestidad que no se mancha.
Hay que probarlo, es cierto, hay que demostrar los vínculos entre la nuera y las dependencias del gobierno, los posibles contratos, el intermediarismo para empresas extranjeras que ella desempeña en calidad de publirrelacionista y cabildera. Aunque todo está bastante a la vista.
La furia presidencial se destila cada mañana en contra de viejos enemigos y de nuevos problemas. No era tan fácil gobernar, después de todo.