La Aldea

Represión y censura

El legado de la 4T, hasta ahora, es una suma de atropellos, preferencias a los consentidos del régimen, imposiciones y dedazos caprichosos e insensatos.

Ahora que está de moda hablar de testamentos y legados, predomina un tono que se ha impuesto en los últimos meses. No es nuevo el estilo autoritario de este gobierno, diferentes actos, arrebatos e imposiciones descubrieron desde muy temprano en el sexenio, la auténtica vocación autoritaria del régimen. Vaya contradicción, justo esta izquierda deforme e informe, que acusaba a sus antecesores de eso mismo.

Pero hoy la represión y la censura ganan espacio en las dependencias de gobierno, en la relación del poder con los organismos autónomos, en la gradual reducción de autonomía, independencia e incluso, apertura al pensamiento crítico.

Se cierran las puertas y los espacios.

La impresentable directora del Conacyt, la señora Álvarez-Buylla, concretó esta semana el golpe a la autonomía del CIDE, modificando por fuerza el reglamento interno e imponiendo a un director externo al Centro de Investigación y Docencias Económica. Rompiendo con ello décadas de independencia, de investigación y de docencia de excelencia en nuestro país.

Pero no concluyó ahí. Días después, ante la persistente inconformidad y protesta por parte de estudiantes y maestros, lanzó una amenaza dictatorial: se cancelarán las becas a quienes protesten y de paso, a quien esté embarazada. ¡Una mujer!, atropellando los derechos esenciales de una madre en potencia. Inconcebible.

Ese es el verdadero tono de la 4T, el de la amenaza, la coerción, la uniformidad del pensamiento.

La nueva disposición aprobada vergonzosamente por la Suprema Corte de Justicia, establece que todos los medios informativos y noticiosos tendrán que manifestarle al auditorio, la diferencia entre información y opinión.

Primero como si el auditorio fuera tonto, incapaz de diferenciar entre ambas materias, pero sobre todo, forzando un instrumento que en la práctica será inviable. Un analista político, económico, internacional o deportivo, tendrá que expresar su análisis estableciendo diferencia obligada cuando se trate de información y cuando sea opinión.

AMLO: “Todos los buenos periodistas de la historia siempre han apostado por las transformaciones”(….) “O se está a favor de la transformación, o se está en contra de la transformación del país”. Y otros dislates.

Esta expresión es evidencia clara de la uniformidad del pensamiento, el rechazo tajante al pensamiento crítico independiente, no se puede disentir, criticar, expresar divergencia de opiniones y criterios. De ahí el embate a los institutos de enseñanza superior como la UNAM, el CIDE, y los que vengan hacia delante.

Quien ocupa hoy la Secretaría de Gobernación, Adán Augusto López, siendo gobernador de Tabasco ordenó a su legislatura –bajo dominio absoluto de Morena– aprobar el año pasado una iniciativa que prohíbe la manifestación y protesta pública en contra de obras de infraestructura.

Conscientes de que la famosa refinería de Dos Bocas cuenta con un amplio sector crítico, que cuestiona los permisos ambientales y la eficiencia del gasto, aprobaron una disposición para prohibir que nadie se exprese públicamente.

Ojo, que esta es la misma tierra donde hace 30 años un líder local de nombre Andrés Manuel López Obrador protestó frente a instalaciones de Pemex, donde fue reprimido e incluso golpeado. Hoy son más finos, ya no utilizan el garrote físico, sino el jurídico y el reglamentario.

Y ahora a los medios nos tocará pasar por este filtro inaudito de diferenciar opinión de información, cuando la primera invariablemente se sustenta en la segunda.

La censura y la represión son los tonos crecientes de este gobierno.

La Auditoría Superior de la Federación, organismo del Estado mexicano dependiente de la Cámara de Diputados, presentó su informe hace un año acerca del costo del cierre del Aeropuerto de Texcoco: 330 mil millones de pesos. Dato que disgustó al caudillo y mandó corregir, con amenaza de garrote y cese fulminante. Resultado: la Auditoría corrigió, dijo que habían hecho mal las cuentas, y que sólo eran 110 mil millones.

Este año le fueron a preguntar a la ASF cuál era el costo acumulado al 2022 y la respuesta fue… “No sabemos”. ¿Qué le parece? Ese es el resultado de la amenaza, de la censura implacable, dices lo que yo quiero que digas, y si no, te retiro del cargo y la responsabilidad.

Un movimiento que prometía una transformación nacional, apertura, garantía de libertades, espacios abiertos para la expresión y superar –decían ellos– las imposiciones del pasado. El legado de la 4T –hasta ahora– es una suma de atropellos, preferencias a los consentidos del régimen –igual que antes– imposiciones y dedazos caprichosos e insensatos. Censura, represión, amenaza, coerción, en todos sentidos y direcciones.

Aquí se trata de cerrar filas en torno a la 4T, cuyos resultados concretos en materia de empleo, salud, educación, economía, seguridad, respeto a la inversión, defensa de los derechos humanos y otros muchos más, son pésimos y retardatarios para el país.

Así que a callar, a obedecer y a aplaudir al caudillo, que eso sí que le gusta.

COLUMNAS ANTERIORES

El dilema de 2024
El lado equivocado de la historia

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.