La Aldea

Ingenuidad azul

El PAN no entiende que por la vía del diálogo, que este gobierno desprecia desde el día uno, no llegará a ningún destino.

El reciente acercamiento del Partido Acción Nacional (PAN) con el gobierno acusa una severa dosis de ingenuidad política y buena fe, que raya en el infatilismo político.

El pasado lunes, en protocolaria reunión en sala de juntas en el Palacio de Cobián, Secretaría de Gobernación –otrora dominios de Santiago Creel cuando se soñaba presidenciable–, la cúpula panista con el secretario Adán Augusto López y colaboradores reunidos en un encuentro inusual.

Los temas abordados van desde el establecimiento de un canal de diálogo permanente sobre asignaturas pendientes: salud, reforma eléctrica, seguridad, tolerancia, economía, pluralidad, etcétera. El propósito declarado por el PAN: fortalecer la unidad nacional.

Es necesario decir que este gobierno, de izquierda vanguardista (es ironía) de liberalismo democrático (doble ironía), no había tenido un solo encuentro con fuerzas políticas de oposición en 3 años. En total 36 meses de cero diálogo, para que el PAN calcule la verdadera convicción democrática y de pluralidad de esta administración.

La primera petición del PAN en su lista de pendientes: que por favor –ahí se los encargo– el presidente sea tan amable de parar la persecución política, que termine la polarización, que no señale ni insulte a los líderes del PAN ni a sus gobernadores. En síntesis, que sea buena onda y muestre alguna cortesía política. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.

Los dirigentes del PAN, Santiago Creel –precursor del encuentro– Marko Cortés, Cecilia Patrón, Francisco García Cabeza de Vaca, José Rosas Aispuro, Jorge Romero y Julem Rementería, la insigne delegación azul en Bucareli, pecan de una ingenuidad pasmosa.

El eje discursivo, retórico y electoral de MALO (perdón, AMLO, otra vez el corrector) consiste justamente en la polarización. En el señalamiento reiterativo de los privilegios que la clase política del pasado, los partidos y sus canonjías, los negocios desde el poder, constituyen la base sobre la cual el presidente fustiga un día y otro también, a quien señala a los enemigos del pueblo. Pedirle que cese en esa tesitura, es contranatura.

Presentes en la reunión los gobernadores panistas de Tamaulipas y Durango, ambos señalados y uno de ellos con órdenes y procesos en su contra, de actos de corrupción, desvíos y, más aún, negocios con el crimen organizado y el narcotráfico.

Llegar a Gobernación a pedir “buena onda” es como entrar a una fiesta infantil y pedir que Brozo cuente historias vulgares. No va a suceder. Es terriblemente primitivo, inconsciente y, como diría el propio presidente, “ternurita”, pedirle que cambie y se transforme en un estadista y un político serio.

Tal vez el PAN no haya visto los índices de aprobación del presidente. Tal vez el PAN no haya evaluado que no importa el escándalo, la corrupción rampante exhibida en redes –su hermano recibiendo dinero, su secretario particular jugando al carrusel en efectivo– o los innumerables desatinos de su administración, MALO (perdón, AMLO) no tiene la menor intención de modificar su estrategia discursiva ni política: imponer su visión de país.

La 4T requiere oposición, con mayúsculas, ejercicio serio, político, de movilización popular, de acción legislativa incansable para detener las atrocidades de reformas monopólicas, o de decretazos inconstitucionales.

El PAN no entiende que por la vía del diálogo, que este gobierno desprecia desde el día uno, no llegará a ningún destino.

La reunión en Gobernación del PAN, y la declaración de Rubén Moreira, coordinador de la bancada tricolor en San Lázaro –priismo acomodaticio clásico– en torno al fin del neoliberalismo “impuesto desde el poder”, exhiben de forma inequívoca la ruptura del bloque opositor.

Cada uno caminará por su cuenta, y apoyará con negociaciones en lo oscurito, el apoyo o rechazo a las iniciativas imperiales. Todo esto a pesar de anunciar 4 candidaturas compartidas para elecciones estatales en el 2022.

La oposición se debilita, se resquebraja, Santiago y su ingenuidad le ganaron a Marko Cortés, en aras de contener la persecución en contra de sus gobernadores. Un mecanismo que el presidente conoce bien, y por ello su éxito en el control de las fuerzas disque opositoras: todos tienen cola que les pisen, presupuestos incompletos, desvíos inexplicables, desfalcos, facturación de empresas fantasma, negocios sorprendentes con décadas de servicio público. La clave es tener los expedientes, a lo que se abocó Santiago Nieto tres años. Con ellos, todos, repito, todos son susceptibles del control y la aquiescencia.

¿Encuentra usted una auténtica, frontal, protagónica voz de oposición? Porque yo no. Le suplicaría me corrigiera. Ricardo Anaya que hace sus esfuerzos desde el exilio político obligado, tiene un impacto reducido. ¿Alguien más? El PRI, calladito y alineado. El PRD, en la lucha por la sobrevivencia. MC, en los bandazos entre el apoyo y la disidencia. Nada que se oponga con cordura, argumentación, consistencia al movimiento destructor de México.

En ese contexto, el PAN prefiere jugar al diálogo insustancial: 7 mesas para el 10 de enero que van a conducir. ¿En dónde?

Esa es la oposición que tenemos, que ya adelanta el triunfo total del presidente al doblegarla, marearla, distraerla, encandilarla, mientras el gran tablero lo juega el ajedrecista mayor.

COLUMNAS ANTERIORES

El dilema de 2024
El lado equivocado de la historia

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.