Muchos teóricos han desarrollado tratados completos al respecto, analizado formatos, estilos, regímenes y modelos. Es todo un tema de reflexión histórica y política.
El mundo de hoy se debate entre si las democracias representativas occidentales han servido de forma eficiente a sus ciudadanos (elimino a propósito el término de ‘pueblos’, para distinguir del lenguaje y la retórica populista), o si demagogias populistas, gobernantes cercanos a la tiranía o instalados de plano en la dictadura (Ortega, Maduro, Erdogan y otros muchos) son más útiles al desarrollo y crecimiento de sus naciones.
No hay respuestas únicas, porque el ejercicio del gobierno y de la función pública se han convertido en actividades de enorme especialidad, conocimiento, experiencia, sensibilidad y capacidad probada.
No hay gobernante en el mundo que genere bienestar, paz, equilibrio social, justicia, valores centrales de las democracias modernas, sin un profundo conocimiento del ejercicio de gobernar.
Abunda la literatura acerca de la construcción el Estado moderno, y de los retos y transformaciones en el siglo XXI. Graves riesgos representan la inflamación de las expectativas, los líderes que se presentan como la solución a todos los problemas. O para quienes combatir el pasado se convierte en el eje de su discurso, cuando la ciudadanía busca mejoras concretas a su calidad de vida.
México padece gravemente la llamada ‘banalización’ del gobierno, la política y la economía. Nuestro presidente, votado mayoritariamente en las urnas, rechazó desde el principio construir un gobierno de especialistas y probados conocedores de la función pública. Prefirió, por el contrario, resultado del peso de la ideología, simpatizantes, seguidores, ‘matraqueros’ y aplaudidores, carentes de conocimiento y de experiencia para encabezar las distintas áreas del gobierno. Entonces tenemos a un gabinete repleto de admiradores del profeta, pero en muchos sentidos ignorantes del área que se supone debiera ser su especialidad. Salvo contadas excepciones –el señor Urzúa, que sabía de lo suyo, o de Ramírez de la O, o tal vez de Ebrard (no diplomático pero político profesional como otros antes que él)– contamos con un cuerpo de gobierno incapaz, inexperto, y más gravemente, ignorante.
Haga usted un recorrido por las secretarías y dependencias: Gobernación, Salud, Educación, Comunicaciones, Trabajo, etcétera, personajes sin carrera, sin experiencia política, sin habilidades para desempeñar con eficiencia la función pública, para trabajar en beneficio de los ciudadanos y no de quien gobierna.
Lo más grave se exhibe en expresiones como “gobernar no es tan difícil, no es una ciencia”; o “la mejor política económica, es la política”, afirmaciones que nos remiten a los años 70 del siglo pasado.
El resultado está a la vista, aunque disguste a quien gobierna: más pobres –contados y comprobados–; educación desaparecida, sin proyecto ni estrategia; salud derrumbada por la incapacidad y la vanidad; gobernación, decorativa e inexistente; turismo —¿se acuerda usted que había una dependencia para ello?—, desaparecido por completo justo cuando la industria decae por la pandemia; economía en la vaguedad del libre comercio o el ataque a la inversión privada; agricultura y pesca, en la batalla contra gremios y organizaciones. En fin, hay muchas historias de cada sector. Lo dominante, el hilo conductor y común, es el multicitado austericidio que aniquiló al gobierno en los hechos, al arrebatarle la capacidad para generar proyectos, iniciativas, riqueza, empleo, bienestar para muchos.
El gobierno actual eligió de forma muy básica, el robustecimiento de programas sociales a través de los cuales se han repartido miles de millones de pesos, que tristemente no sólo no han combatido, detenido, neutralizado la pobreza, sino que la han multiplicado. Algo está mal, ¿no cree usted?
Incluso bajo la óptica de este gobierno, deben sentarse y revisar –ya reconsiderar es demasiado– qué hacen mal cuando, a pesar de repartir miles de millones de pesos, hay más pobres en el país. ¿Dónde está la fuga? ¿Quién les puede explicar que este modelo no genera bienestar ni riqueza, ni empleo ni productividad?
No se trata de un modelo económico, neoliberal y capitalista, inhumano como de forma extrema se ha dicho en los últimos años. Se trata de las herramientas básicas para que una familia pueda alimentar a sus integrantes y contar con las posibilidades esenciales de crecimiento, seguridad, educación, salud y subsistencia.
Están fallando, señores y señoras, su modelo es un fracaso porque no están revirtiendo el problema de todas las administraciones y gobiernos a los que ustedes criticaron y atacaron.
Los de antes estaban mal porque tampoco resolvían el problema, pero ustedes han errado la ruta con este camino y paquete de decisiones. Alerta, están a tiempo.
Gobernar sí es una ciencia, lo era hace 100 años, y hoy lo es de forma infinitamente más compleja. O mejor dicho, es un conjunto de ciencias, de equilibrios, de respetos, de impulso a las instituciones. Esto se desprecia hoy en México: se polariza, se ataca y fustiga desde el púlpito todopoderoso. No vamos por buen camino.