La Aldea

Falsa ‘guerra sucia’

Ni Sheinbaum ni AMLO alcanzan a comprender porqué si son el gobierno ‘de los buenos’ la gente los rechazó en la mitad de la CDMX y en muchos distritos donde sus diputados fracasaron.

El mensaje emanado de las urnas el pasado domingo es, a juicio de muchos expertos, múltiple y transparente. Por ejemplo, los estados de la República (11 en total) donde venció Morena optaron por la alternancia política. Los mexicanos eligen libremente desde que pueden, hace unos 25 años de forma sostenida, el voto diferenciado (repartido entre diferentes fuerzas políticas) y alternado, cambiar de partido para experimentar mejores desempeños o la hipótesis de un cambio.

El mensaje en las gubernaturas es ineludible: queremos probar, estamos insatisfechos con lo que tenemos y vamos a experimentar otras alternativas. Excepción hecha en Campeche donde el resultado es tan estrecho que no hay margen de ganador. Es más bien un empate técnico.

En el caso de la elección federal para diputados ante el Congreso, el mensaje también parece elocuente: no todo a los mismos; más repartido, más equilibrado. Es decir, los votantes optaron porque Morena (primera fuerza política indiscutible) no sea la única, ni totalitaria, que abarque y ocupe todos los espacios ni todas las decisiones. Mensaje transparente.

En el caso de la Ciudad de México es más complejo, porque existe de facto una división territorial, por ingreso per cápita, por vivienda y por niveles socioeconómicos y socioculturales importante. Ciertamente se refleja el divisionismo polarizante ejercido desde la presidencia, pero merece mayores estudios para entender el comportamiento de los votantes.

Con todo, 10 de 16 alcaldías rechazaron a Morena, y rechazaron además de forma bastante explícita a personajes que ya habían gobernado determinadas demarcaciones: Cuauhtémoc le dijo NO a Dolores Padierna de forma clara y contundente. Miguel Hidalgo le dijo NO a Víctor Hugo Romo igualmente, a pesar del excesivo gasto publicitario en ese distrito. El mensaje es aún más explícito, porque en los estados ganadores como Sonora, Sinaloa, Colima, Michoacán, debutarán como gobernantes. Aquí ya los conocen, ya los midieron y más de la mitad de la población que participó el domingo 6 les dijo “no los queremos”.

Esto que parece transparente para muchos, es resultado de una ‘guerra sucia’ para el presidente, o de una campaña de desprestigio, según Claudia Sheinbaum.

¿Por qué muchos pueden leer objetivamente el mensaje de las urnas y otros no?

El derrumbe del Metro, Claudia, no es una campaña; el desastre de la pandemia y su equívoca gestión, no es resultado de una estrategia de comunicación planeada por algún malévolo adversario: hay decenas de miles de muertos que avalan –trágicamente– su caótica administración de salud; el cierre de decenas de miles de pequeños y medianos negocios, no es una digresión venenosa de algún estratega con el ánimo de dañarlos: es la terca y absurda postura de no otorgar estímulos y apoyos a empresas para aminorar el impacto económico de la pandemia. Cierto es que el gobierno de la CDMX puso en marcha un plan de apoyos, que como salta a la vista, no fue suficiente para rescatar de la quiebra y del desempleo a miles de personas.

No hay guerras ni campañas, hay resultados de gobierno, a la vista de muchos mexicanos.

Escuché en la calle una conversación entre dos mujeres trabajadoras (probablemente empleadas de empresa, o secretarias, o asistentes de oficina) en días previos a la elección:

–Y tú, ¿ya decidiste por quién votar? –le preguntaba una a la otra.

–Sí. Yo Morena, a ellos les voy a dar mi voto –respondió convencida.

–Pues yo no –dijo la primera–, a mí me quitaron la ayuda para madres solteras y también el seguro popular. Me quitaron todo lo que me ayudaba, ¡al diablo con ellos!

–Ahhh, pues ahora que lo dices, a mí también me quitaron todo eso y mi papá enfermó de Covid y no tenía ni dónde atenderlo –afirmó reflexiva.

–Pues ya ves, te digo. Puras promesas, pero son iguales.

Tocó su turno en la ventanilla de la sucursal bancaria e interrumpieron su conversación.

Ni Sheinbaum ni AMLO alcanzan a comprender porqué si son el gobierno ‘de los buenos’ la gente los rechazó en la mitad de la Ciudad de México y en muchos distritos donde sus diputados fracasaron. Es la oposición, son los adversarios, “hay más resistencia a la transformación” dijo el lunes Andrés Manuel.

Y si mejor revisan los hechos sólidos: el desempleo, la inseguridad aplastante que invade rincones y amedrenta familias y trabajadores (Valle de Bravo, Michoacán completo, Tamaulipas, Guerrero, etcétera), que destruye tejido social y provoca el desastre económico; la pandemia y los cientos de miles de muertos ocultos y escondidos, que no se reportan ni aparecen en los mensajes del ‘Chapulín’ Gatell; la educación que se cae a pedazos por la incapacidad de un gobierno para proponer soluciones; el discurso rayado y repetido del pueblo bueno y el gobierno honesto que sigue sin dar resultados.

La autocrítica es inexistente entre la mayoría de los políticos, sin importar color ni membrete. Pero en esta administración, parece prohibido cualquier acto profundo de análisis y comprensión de la sociedad.

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