Los resultados en las elecciones federales del pasado domingo en Brasil apuntan al final de la era Lula. En primer lugar, la victoria por casi 2 puntos porcentuales de Flávio Bolsonaro, el candidato de la derecha liberal brasileña, significa, en votos contabilizados, casi 2 millones de sufragios. Una cifra difícil de superar para una segunda vuelta electoral programada para el 25 de octubre.
Lula obtuvo el 45.16% de los votos, frente al 47.03% de Bolsonaro, asegurando además victorias en estados clave y posiciones para el Congreso. Las derrotas más dolorosas e incluso humillantes para Lula se ubican en São Paulo y en Minas Gerais, donde la tradición política establece que quien resulte vencedor en ese estado es siempre el ganador en el conteo final.
Así que Flávio Bolsonaro, senador de la República, hijo de Jair Bolsonaro, quien se convirtió en presidente en 2018 después de la crisis que produjo la caída de Dilma Rousseff con los desvíos del caso Lava Jatto, se alzó el domingo con una ajustada victoria que fortalece a la dinastía política familiar.
Cuatro integrantes de la familia Bolsonaro ocuparán escaños en el nuevo Congreso: Michelle, segunda esposa de 44 años, y Carlos, hijo de su primer matrimonio de 42 años, serán jurados como senadores en unos días.
Mientras que Jair Renán, de 28, y Renato, hijos también del expresidente y hoy convicto con cargos por defraudación en prisión domiciliaria, se sumarán como diputados.
Es la ola de derecha latinoamericana que se suma a las recientes victorias de Abelardo de la Espriella en Colombia y de Keiko Fujimori en Perú. La presencia innegable de Donald Trump en el proceso electoral brasileño, las referencias a sus posturas y sus discursos fueron parte de las campañas.
El llamado Escudo de las Américas, que Washington ha encabezado y patrocinado, integra ya a 14 naciones latinoamericanas donde convergen Argentina, Ecuador, Chile, Bolivia, Honduras; ahora también Colombia y Perú esperan ansiosos la llegada de Brasil, en caso de que se ratifique la victoria de Bolsonaro el próximo 25 de octubre.
Las izquierdas parecen perder empuje y arraigo entre los electores de la región. Un balance que merecerá revisión caso por caso, por el distanciamiento que los gobernantes tuvieron con sus electores, pero sobre todo, de la ineficiencia de sus gobiernos.
Lula enfrentará graves retos en las siguientes dos semanas para buscar de forma desesperada más de dos millones de votos (3 afirman algunos) que le permitan vencer a Bolsonaro y mantenerse en el poder. Una tarea inalcanzable en opinión de varios observadores internos.
Por su parte, España enfrentará a su vez elecciones generales, convocadas por el presidente de gobierno, Pedro Sánchez, de forma adelantada al calendario oficial.
El detonador de esta convocatoria anticipada es la crisis por la vivienda y el escandaloso caso de Maricarmen, una pensionada que fue despojada de su vivienda por incapacidad de pago.
El gobierno de Sánchez propuso una serie de reformas ante el Congreso para asegurar vivienda digna a todos los españoles, que ha sido rechazada de forma tajante por la oposición de derecha (el Partido Popular y Vox).
Ante el llamado de Sánchez de reunir a un Congreso más progresista y mayoritario, ha disuelto la Asamblea y convocado a elecciones para el 29 de noviembre.
Pedro Sánchez ha gobernado España por 8 años consecutivos, en tiempos tormentosos y no exentos de dificultades para formar gobierno en más de una ocasión, ante la ausencia de mayorías claras en el Congreso.
La última vez fue seriamente criticado por construir una alianza con los catalanes, que hasta hacía poco tiempo amenazaban con romper la unidad del reino español mediante un nuevo intento de referéndum para buscar su independencia.
Lo relevante de la coyuntura política es que el PP ostenta hasta ahora la mayoría de las preferencias en el electorado con 31 por ciento, mientras que el PSOE —partido del presidente Sánchez— ha perdido cerca de 5 puntos porcentuales en las preferencias para ubicarse en promedios del 27 por ciento.
El partido de ultraderecha Vox es la fuerza política con mayor crecimiento entre los electores (18% del respaldo general), lo que presupone una eventual alianza entre el PP y Vox que les permita derrotar al PSOE en las próximas elecciones.
Muy arrojado el presidente Pedro Sánchez al realizar esta convocatoria, tal vez considerando que la crisis de la vivienda impulsará los vientos a su favor. Está por verse.