El Globo

El dilema de Israel

El mundo llama a Israel a una “pausa humanitaria”, a detener sus bombardeos sangrientos. El gobierno de Netanyahu se resiste a suspender los ataques, ahora también por tierra.

El conflicto cumplió ayer un mes del primer ataque brutal de Hamás sobre suelo israelí y, desde entonces, la sangre, los muertos y los ataques se multiplican.

En Gaza han ocurrido 9 mil muertes, muchas de ellas de niños, mientras que del lado de Israel pudieran llegar a los mil decesos. Un conflicto de 10 mil muertes en cuatro semanas.

Mientras las voces del mundo llaman a Israel a una “pausa humanitaria”, a detener sus bombardeos sangrientos y reconsiderar la estrategia, el gobierno de Netanyahu se resiste a suspender los ataques, ahora también por tierra.

La postura es irrenunciable: destruirán todo lo que huela a Hamás, aunque en el curso de hacerlo arrasen con miles de vidas inocentes.

El debate internacional hoy favorece al grupo terrorista que inició los ataques. Israel, en pleno derecho a su defensa, ha volcado toda su fuerza sobre Hamás, el territorio palestino y ahora también el sur de Siria, para contener a Hizbulah, que pretende sumarse a los ataques.

Los llamados a la paz resultan inútiles. Las protestas en el mundo se han tornado a favor del pueblo palestino y señalan al Estado de Israel como genocida.

Nada parece importar al ala dura y radical del gobierno israelí.

No los llamados de Biden, no la advertencia de que el apoyo popular en Estados Unidos se vería comprometido si no detiene los ataques e inicia un proceso más humanitario que político.

Y, para desgracia del Medio Oriente, el escenario se complica.

Putin, de cuya cordura existen serias dudas a nivel internacional, suspendió el acuerdo con Estados Unidos para no realizar pruebas con armas nucleares. Siguiendo algunas explosiones de armamentos tácticos en su propio territorio.

Estados Unidos desplegó ayer un submarino nuclear a la zona de conflicto, como advertencia y señal de respaldo a Israel.

Un mes de bombardeos y ataques con el sangriento saldo, ¿no debiera bastar para controlar la zona?

O, por el contrario, como sostuvieron por décadas Isaac Rabin y Shimon Peres, no se alcanzará nunca la paz si no detenemos la guerra.

Exterminar a Hamás, objetivo declarado de Israel, puede tornarse inalcanzable en el tiempo y la geografía, especialmente por el refugio de líderes en otros países árabes.

Como han señalado múltiples analistas, Hamás tuvo éxito en descarrilar los Acuerdos de Abraham y detener el acercamiento entre Israel y Arabia Saudita. Una oportunidad histórica que se esfuma en estos momentos.

Pero Israel no quiere una presencia prolongada en Gaza; todos sus conflictos han tenido una duración promedio de tres meses en el pasado. Atacar, neutralizar y salir.

El dilema ahora es cuándo detener los ataques e iniciar un proceso de reconstrucción. Muy difícil, muy complejo y muy dañadas las relaciones y los sentimientos.

Aquellos niños y jóvenes palestinos que no formaban parte de Hamás, después de la dolorosa herida de estos brutales ataques, muy probablemente se unirán a la causa. Es un ciclo interminable de violencia: la nueva generación de la guerra.

La única solución a largo plazo es la paz. Ahí están los casos de Israel con Egipto y con Jordania. Nunca en más de 30 años han vuelto a intercambiar una bala.

La opinión pública internacional se inclina en contra de Israel, por el uso desproporcionado de fuerza, por la intensidad de los ataques, por las numerosas muertes civiles.

El resultado puede ser contraproducente para una región que había alcanzado una estabilidad medianamente prolongada, y permitido el florecimiento económico y turístico de Israel.

Países de América Latina expulsan diplomáticos israelíes y rompen relaciones; otros países pueden seguir esa ruta.

La presión de Estados Unidos, no está siendo suficiente para contener la ira radical de la ultraderecha israelí.

El conflicto puede tener muchos más costos para Israel en la escena internacional. El principio del derecho irrenunciable a defenderse de todo ataque está hoy bajo la lupa y el escrutinio de su descomunal respuesta y ataque contra Hamás.

Las víctimas civiles, los cientos de niños, el dolor de las madres, envían un mensaje al mundo de ataque indiscriminado por parte de Israel. Si Hamás esconde sus bases e instalaciones debajo de hospitales o al interior de escuelas y refugios, resulta irrelevante a los ojos del mundo. Sólo se ven niños muertos, familias destruidas y una ciudad despedazada por las bombas.

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