El Globo

México-Estados Unidos: la provocación

Se observa una continua y sistemática tendencia por parte del gobierno de México a provocar diferendos, asperezas e innecesarios desencuentros con Estados Unidos.

La compleja, multifacética y ciertamente desigual relación entre Estados Unidos y México ha enfrentado, en meses recientes, pruebas exigentes.

Se observa una continua y sistemática tendencia por parte del gobierno de México a provocar diferendos, asperezas e innecesarios desencuentros.

Si revisamos los últimos seis meses encontramos una serie de eventos, todos aparentemente secundarios y menores, que parecerían resultado de esta intensa y compenetrada vecindad. Pero que, analizados en conjunto, parecen resultado de una estrategia.

Temas migratorios siempre abruptos y nunca resueltos; crecientes asuntos relacionados con seguridad nacional, fronteriza y de combate al crimen organizado que pasaron de cercano entendimiento e incluso intercambio de información clasificada, al desdén, el desinterés y el franco desprecio por parte de esta administración; el enorme y diverso capítulo del libre comercio, que había fluido –también hasta ahora– con enorme acuerdo, abundancia, facilidad en aumento e incluso participación múltiple.

Todo esto parece hoy más sombrío que nunca.

Nuestro gobierno presentó recursos de apelación en el marco del TMEC (paneles de controversia y resolución de conflictos) acerca del anunciado subsidio de la administración Biden a los autos eléctricos y no contaminantes.

La insistencia en torno a la fallida reforma eléctrica provocó amplias controversias con inversionistas y empresas estadounidenses, a quienes se les empezaron a cancelar derechos y prerrogativas de la ley vigente, como generar energía limpia con acceso a la red o, en algunos casos, operar plantas eólicas y fotovoltaicas. Múltiples cartas de representantes legislativos, cámaras industriales y empresarios llegaron a las autoridades comerciales de Estados Unidos en solicitud de defensa de sus intereses en el marco de los tratados comerciales.

El gobierno de México decidió, obnubilado por una nostalgia añeja, no expresar ni aplicar sanciones o condenas a la brutal invasión rusa a Ucrania. Por el contrario, en completo desatino histórico, se permitió que un conjunto de trasnochados legisladores integrara un grupo de apoyo a Rusia. A contrapelo de los tiempos, de la historia, los derechos humanos y la defensa –tan mentada por AMLO– de la soberanía de cada nación.

Para completar el ridículo internacional, ahora nuestro Presidente eligió convertirse en defensor de Cuba, Nicaragua y Venezuela, de su asistencia a la Cumbre de las Américas, cuyo anfitrión es el gobierno de Biden y el tema central es la democracia.

No se va a hablar de comercio o de acuerdos hemisféricos para defender la paz regional, se va a hablar del libre derecho de los ciudadanos a elegir a sus gobiernos, práctica que ninguno de estos tres países implementa desde hace décadas.

AMLO ha decidido sistemáticamente enviar mensajes de desencuentro a Washington, de distancia y ninguna sintonía. Más aún, de crear problemas y asperezas.

Dejamos de ser el socio comercial número uno de Estados Unidos el mes pasado, por la mayor actividad comercial que Canadá sostiene hoy con nuestros vecinos.

Raspones con la DEA, poca comunicación en materia de seguridad, cero combate a los cárteles, florecimiento de la llegada de precursores para drogas a Estados Unidos, sin la mínima intervención mexicana para impedirlo.

¿Cuál es el propósito? ¿Qué finalidad persigue el gobierno de López Obrador en provocar a Washington?

La intención pareciera enfocarse a detonar una acción, enérgica, vertical de la Casa Blanca –como las amenazas de Trump por aplicar aranceles o suspender el TLCAN en su momento, o imagine usted imponer impuestos a las remesas– para incendiar una reacción nacionalista y patriotera con nutrido rédito electoral en México.

AMLO busca radicalizarse, desplazarse hacia una izquierda más contestataria y de confrontación, para alimentar a sus huestes, incendiar a sus seguidores y simpatizantes.

¿Cómo entender la presencia de militares y marinos mexicanos en la reciente gira a Cuba?

¿Qué tendrían que hacer generales mexicanos en una visita política, sensible en el marco internacional y especialmente delicada para Estados Unidos?

¿Los llevó a preparación?, ¿a entrenamiento?, ¿a conocer técnicas y tácticas de control y participación de Estado?

Para aquellos románticos del pasado, quienes sueñan con que un manotazo de Washington impedirá que México encuentre más coincidencias en estilos y formatos de gobierno como el venezolano y el cubano, les anticipo, eso no sucederá.

No sólo porque el gobierno de Estados Unidos tiene muchos problemas de división y confrontación interna, además de que la atención externa prioritaria está en Rusia, en China y en Corea del Norte, sino porque, esencialmente, se acabaron los tiempos de las intervenciones al estilo de la Guerra Fría, la lucha y el combate contra los movimientos revolucionarios y las emergentes fuerzas de izquierda.

Andrés Manuel parece provocar continuamente a Estados Unidos sin justificación ni necesidad alguna, con resultados aún por manifestarse, pero algunos ya a la vista, como el distanciamiento, la desconfianza y, sin duda, la creciente preocupación de Washington por nuestra errática política regional, de seguridad interna y de nulo impulso a la inversión y el comercio internacional.

Si a eso agregamos la persecución y muerte de periodistas, la degradación del Estado de derecho y la continua amenaza a las instituciones autónomas del Estado, ofrecen en conjunto una imagen grave del deterioro de la democracia en México.

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