El Globo

Nicaragua: sanciones y vacío

Ortega se ha convertido en un auténtico monopolizador de poder político, construyendo lo más cercano a un clan de la mafia, respaldado por el Ejército.

El mundo rechaza de forma extendida al nuevo gobierno nicaragüense, que tomó protesta ayer lunes. Es resultado de las elecciones fraudulentas de noviembre de 2021, en las que, según sus números fantasiosos, resultaron electos Daniel Ortega (para un cuarto periodo) y su mujer, Rosario Murillo, en calidad de vicepresidenta.

La condena internacional, salvo vergonzosas excepciones, se sustenta en el encarcelamiento sistemático (más de 36 personas) de todos los candidatos, aspirantes, líderes y movilizadores sociales de oposición que pretendieron, en algún momento, presentarse como contendientes a las elecciones en contra de Ortega.

El tirano y su mujer, al más puro estilo de cualquier dictadura bananera latinoamericana –del pasado o del presente–, eliminó a todos los contendientes, por vía de ponerlos en prisión. Los cargos son variados, van desde la disidencia, la movilización social y otras acusaciones absurdas, cuando de fondo el tema es eminentemente político.

De revolucionario a dictador, no es un camino innovador en Latinoamérica, Ortega se ha convertido en un auténtico monopolizador de poder político, construyendo lo más cercano a un clan de la mafia, respaldado por el Ejército. Su esposa, dominante controladora de los caminos de la política nicaragüense, madre de dos hijos, quienes también son activos depredadores del tesoro nacional, han instalado, de facto, una dictadura familiar, a cambio de otorgar al Ejército jugosos negocios y rentables concesiones.

A la toma de posesión acudieron el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, quien se puede sentir identificado con la instalación del aparato represor y carcelario. Y Nicolás Maduro, de Venezuela, cuyas políticas y control electoral son muy semejantes a las que Ortega ha replicado en Nicaragua. Nadie más. México canceló y de última hora envió a un representante de bajo nivel, un funcionario de la embajada en Managua, porque no hay embajador designado ante Nicaragua. Argentina tampoco asistió, ni su presidente, y ya ni siquiera una delegación representativa. Bolivia y Ecuador representantes menores, y así por el estilo, los irresponsables que se atrevieron a convalidar el juramento de una pareja presidencial que persiguió y encarceló a sus oponentes, defraudó los comicios y se instaló en la presidencia una vez más.

El vacío internacional se hizo sentir ante la ausencia elocuente de representantes europeos, norteamericanos (Estados Unidos y Canadá tampoco enviaron a nadie) e incluso asiáticos, quienes no prestaron mayor atención a la instalación del tirano Ortega.

Y con el vacío vinieron las sanciones: la Unión Europea aplicó extendidas sanciones económicas contra personajes cercanos al régimen, de forma muy señalada los hijos del tirano y su esposa: Camila y Laureano Ortega Murillo.

Además de organismos y ministerios gubernamentales, a quienes se les ha impedido realizar operaciones, transferencias, manejar cuentas bancarias o sostener operaciones comerciales.

Estados Unidos fue aún más allá al agregar a su propia lista –semejante a la europea– a generales del Ejército nicaragüense, titulares de los organismos claves de la represión orteguista y de los negocios militares.

El tirano y su mujer se disponen a ‘gobernar’ cuatro años más a un pequeño país centroamericano que, gradualmente, se ha convertido en una isla política, social y comercial con quienes los países del mundo cortan lazos, cancelan contratos y comercio, e imponen sanciones consulares para viajeros.

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