El Globo

Difícil regreso

Biden es bienvenido e incluso bien visto como el regreso de la diplomacia clásica americana, pero la confianza se ha debilitado, en algunos casos, esfumado.

La presencia del presidente Joe Biden este fin de semana en la Cumbre del G7 y de inmediato en la respectiva de la OTAN, expuso la estrategia de borrar los abruptos mensajes y hostiles discursos de su antecesor Donald Trump, al tiempo que proyectaba el regreso de Estados Unidos.

La intención, si bien interesante y relajante para la Unión Europea, la OTAN y las economías más poderosas del mundo, no resulta tan sencilla. No solamente porque cada país y cada una de esas organizaciones evolucionaron en cuatro años, sino porque Biden pretende regresar como el líder indiscutible que algún día fue Estados Unidos.

Boris Johnson en Londres lo recibió con calidez, expresó la ‘traidora’ –pensaría Trump– frase de “una bocanada de aire fresco” al referirse a la nueva administración en el gobierno americano, y en general la bienvenida de los demás líderes. El punto es que Washington perdió mucho más que presencia y liderazgo en los cuatro oscuros y nefastos años en materia diplomática de Trump: perdió confianza.

Hoy Alemania y Japón lo ven con recelo; Francia lo observa con escepticismo a la distancia; la OTAN agradece un tono menos violento y agresivo por parte de la potencia militar número uno del planeta, pero lo cierto es que Bruselas ha estado en la construcción de una estrategia de seguridad y defensa más autónoma y menos dependiente del Pentágono y sus comandos.

Así que Biden es bienvenido, bien tratado, con calidez y amabilidad, es incluso bien visto como el regreso de la diplomacia clásica americana, pero la confianza se ha debilitado, en algunos casos, esfumado.

Lo exhibe una pregunta abierta de un periodista de la televisión belga, al cuestionar a Biden cómo pueden estar seguros –en Europa– de que ese extendido sentimiento republicano no regresará a la Casa Blanca en cuatro años y fortalecer el tono de polarización de la previa administración.

Un artículo de la prestigiada revista Foreign Affairs de hace algunos meses, señalaba ya la dificultad que tendría Estados Unidos para recuperar lo perdido, para regenerar nuevas relaciones dañadas y afectadas por la tóxica presidencia de Trump.

La OTAN, con cuyos líderes se reunió ayer, aceptó la declaratoria en torno a China como “riesgo sistémico”, una posición que Biden y Washington han asumido como frente común en contra del gigante asiático, después de su áspera primera reunión de alto nivel con el gobierno chino, hace un par de meses.

Europa entera observa la expansión incontenible de China, y especialmente su contundente amenaza a las democracias adyacentes (Hong Kong, Taiwán, etcétera), como un régimen autoritario sin contrapesos, que en un par de años se convertirá en la primera fuerza económica del mundo. El caso de Hong Kong es crítico, puesto que la persecución a los opositores, el encarcelamiento y el sometimiento a toda expresión crítica al gobierno central han dejado claro que China es la misma potencia dominadora y aplastante que fue siempre, sin el disfraz de fuerza económica emergente, democrática y tolerante.

La otra gran amenaza a la estabilidad europea es Rusia, con sus repetidas bravatas contra Ucrania, la anexión terrible de Crimea, su rechazo absoluto a que la OTAN se acerque siquiera a sus fronteras y la dependencia energética de Alemania y otros países del gas ruso en invierno.

En estos encuentros no hubo los empujones de Trump, o sus discursos ofensivos e insultantes a Francia o a Alemania, todo fue mucho más terso. Pero el papel de Estados Unidos en Europa difícilmente volverá a ostentar el liderazgo económico y militar indiscutible, la única superpotencia sobreviviente de la Guerra Fría, y el gran aliado en contra de la siempre amenazante Federación Rusa.

El mundo cambió, los equilibrios se trasladaron, Gran Bretaña rompió con la Unión Europea –cuyas consecuencias económicas y estratégicas están aún por escribirse– y China emergió como el gigante económico, militar, demográfico y tecnológico que es hoy.

Estados Unidos y su presidente, en la búsqueda de un liderazgo perdido, tendrán que ajustar su rol y su posición a un nuevo mapa geopolítico.

Veremos el miércoles la reunión de las líneas rojas que Moscú no deberá cruzar –según Biden– y cómo reacciona el tirano de los 22 años en el poder… y contando.

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