El Globo

Adiós PISA

La 4T vino a destruir toda esperanza en la mejora del sistema educativo con evaluaciones, capacitación, consejos de padres de familia y tantas ventajas más.

En días recientes las autoridades educativas federales (SEP) informaron que México dejaría de aplicar la prueba internacional PISA sobre rendimiento académico. La reacción de expertos e investigadores educativos fue inmediata, en redes y mensajes, lamentando y condenando la cerrazón de este gobierno a aceptar evaluaciones internacionales.

La SEP se vio forzada a difundir un comunicado donde explicaba que las razones obedecían, esencialmente, a la pandemia, y que sería temporal.

Pero lo cierto de todo es que les disgusta que un organismo internacional, en este caso multinacional como la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), integrada por las 34 economías más potentes del globo, realice en México una medición educativa para evaluar el avance, comprensión y efectividad de alumnos de primaria.

¿Para qué? Si aquí nos evaluamos solos –dicen ahora los expertos de la SEP–, con qué objetivo nos vamos a comparar con otros países.

La prueba PISA se aplica en tres disciplinas: matemáticas, comprensión lectora y ciencias.

Es una medición que se realiza hace casi 19 años a más de 90 países en el mundo y que ha sido ampliamente reconocida por su efectividad, imparcialidad y eficiencia para brindar parámetros comparativos de sistemas educativos en el mundo.

La prueba no cuestiona sobre conocimientos específicos, que pudieran ofrecer respuestas diferenciadas a partir del plan de estudios en cada país. La prueba presenta problemas a alumnos de quinto grado, con la expectativa de que los estudiantes cuenten con las capacidades y habilidades desarrolladas conforme a su edad y grado académico, para resolver dichos problemas.

En las últimas dos décadas, esta medición ha permitido comparar desempeños educativos en países similares: en Europa, en Norteamérica, por supuesto, en Latinoamérica y Asia.

México no ha logrado en casi 20 años un buen lugar ni desempeño. A gobiernos anteriores, como al de Calderón, les molestaron los resultados obtenidos e hicieron esfuerzos y medidas para mejorar el lugar que nuestro país ocupaba.

De los listados como las primeras economías, México ocupó el lugar 35 –el último– durante la década pasada. Y mientras más países se sumaban a la prueba, fuimos cayendo en el índice para saber que Chile es el país en América Latina con mejores resultados, y que estamos después de la posición 60, junto a Honduras y algún otro país.

En resumen, ¡de vergüenza! Considerando el presupuesto que México invierte en el sistema educativo nacional. No alcanzamos el 6 por ciento ambicionado del PIB en materia educativa, pero estamos por arriba del 3 por ciento –insuficiente–. Lo lamentable en México es que, como sabemos, arriba de 96 por ciento de esos recursos se reparte entre sindicatos y nómina magisterial y no en investigación, mejora educativa e infraestructura.

La administración anterior inició una ambiciosa reforma educativa, para evaluar docentes, invertir en capacitación, instalar sistemas de ascenso y promoción con base en desempeño, talentos, preparación, resultados y planes estratégicos de mejora educativa.

El presente gobierno tiró todo a la basura, con una contrarreforma caduca y vergonzosa, que devolvió el control de planes y planteles a los sindicatos.

El INEE (Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación), un organismo técnico independiente para diseñar estrategias de mejora –no para evaluar a los maestros, como tontamente le vendieron al Presidente– para detectar problemas, impulsar soluciones y proponer alternativas de mejora, fue borrado vulgarmente por el nuevo gobierno, desechando a académicos y consejeros de prestigio y renombre internacional.

Regresamos a los tratos del SNTE y la CNTE controladores de plazas, ascensos, disciplina sindical, asistencia a paros y a marchas para obtener aumentos y presupuestos.

La 4T vino a destruir toda esperanza en la mejora del sistema educativo con evaluaciones, capacitación, consejos de padres de familia y tantas ventajas más.

La última decisión de sacar a México de la prueba PISA refuerza el argumento de un sistema anquilosado, vetusto, incapaz de modernizarse en conceptos, teorías y prácticas pedagógicas del siglo 21. Para qué medirnos, evaluarnos, compararnos, si aquí tenemos a nuestros sindicatos que nos dicen cómo estamos.

México perderá en este sexenio lo muy poco que se había avanzado en educación pública. Tendremos un sistema como el de Bolivia, Venezuela, Nicaragua, sin avance ni modernización de planes de estudio, sin formación docente, sin inglés, sin ciencias.

Para atrás.

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