En nuestra era digital actual, presenciamos cómo múltiples entidades bancarias publicitan con orgullo la posibilidad de acceder a sus servicios desde la comodidad del hogar. Sin embargo, es irónico que muchos de estos mismos bancos también anunciaron con bombos y platillos su completa transformación digital hace más de una década. ¿Cómo se justifica que, tras afirmar haber completado una revolución digital, continúen ejecutando una multitud de procesos exactamente igual que en la era pre-digital?
Resulta incomprensible que muchos bancos, a pesar de haber abrazado la digitalización, sigan teniendo procedimientos que requieren realizarse de manera exclusivamente presencial. Si surge la necesidad de hacer algún ajuste, se exige la presencia física en la sucursal de origen.
Y no hablemos del sector gubernamental. Existen multitud de instancias en las que, a pesar de que se ha anunciado una supuesta transformación digital, la realidad dista mucho de las afirmaciones. Los trámites y el papeleo se ejecutan mediante procedimientos obsoletos e ineficientes que, en lugar de digitalizarse, arrastran a los ciudadanos a una burocracia arcaica. Les invito a visitar las oficinas del Registro Civil en Arcos de Belén en la CDMX, y presenciarán a la gente llenando formularios que bien podrían completarse en línea. En pleno 2023, resulta inexcusable que la tecnología no se aproveche para mejorar la vida de las personas.
Sin embargo, no hay que caer en el pesimismo. Recordemos que la implementación tecnológica es solo el comienzo en el camino de una verdadera transformación digital. Afirmar que una empresa o institución es 100% digital no es algo que se pueda hacer a la ligera. Es crucial entender que la gestión del cambio es uno de los aspectos más relevantes. Cuando se implementan nuevas tecnologías, deben ir acompañadas de procesos innovadores que puedan aprovechar al máximo las ventajas de la tecnología.
Una vez que la gestión del cambio está en marcha, se debe comenzar a mejorar los procesos y a generar valor mediante la implementación de inteligencia artificial. La IA será un componente esencial para poder utilizar eficientemente toda esta nueva tecnología. Sin una correcta gestión del cambio, los modelos de IA no podrán aportar nada beneficioso a la empresa y terminarán relegados al olvido.
Un ejemplo alentador de transformación digital se puede encontrar en John Deere, una empresa dedicada a la manufactura de equipos de agricultura. Han creado tractores autónomos e implementado sensores que capturan variables del proceso agrícola. Ahora, utilizan esos sensores para proporcionar información valiosa a los agricultores y mejorar sus procesos, además de emplear IA para prever la calidad de las cosechas.
En ciertas regiones de México, estamos a un paso de lograr este cambio. Aunque no necesariamente hacia la IA, sí en cuanto a la implementación tecnológica. Y esta transición dependerá de la voluntad de empresarios y gobernantes para gestionar el cambio y aprovechar al máximo la revolución tecnológica en la que nos encontramos inmersos. En esta crítica situación, es imperativo recordar que la esperanza aún perdura.