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No contamos con él

20/03/2020
Actualización 20/03/2020 - 13:10

El presidente López Obrador vive en un mundo paralelo al de sus gobernados. Así lo ha decidido. Piensa que su palabra puede crear realidades, que su palabra se transforma en acciones y beneficios inmediatos. A él no le importa lo que le pasa, lo que le preocupa a la ciudadanía.

La pandemia que azota al mundo es de consecuencias todavía ignoradas. Los países más ricos y desarrollados carecen de la infraestructura necesaria para evitar contagios y muertes. No hay infraestructura médica que alcance, no hay los equipos que se requieren, la saturación de los sistemas de salud ha sido la norma en los países que ya sufren el efecto del coronavirus. Aquí el Presidente propone que hablemos todos de la rifa de su avión (es evidente que se trata de su rifa y su avión), de su aeropuerto y que creamos que todo va a estar muy bien aquí mientras vemos las muertes en otros lados que siempre han estado mejor preparados que nosotros. Es claro que para esta emergencia de salud, los mexicanos no contamos con el Presidente.

Vemos los discursos de otros presidentes alertando con seriedad a la población que gobiernan sobre las dimensiones de la catástrofe, la caída de las economías, el reto de salud, de rearmarse como sociedad y de tratar de proteger a los viejos, que de por sí normalmente sufren de soledad, de abandono, y que ahora se les impide moverse, comienzan a ser sacrificados en aras de controlar el mal. Los líderes advierten y dan guía, dan ánimo, pero también pésames, son empáticos, saben que su deber es conducir a su gente; sus caras son serias porque la situación rebasa lo que hubieran imaginado. Aquí, no. Aquí el Presidente juega todos los días con el azote pandémico. Habla de sus adversarios y los mezcla con la tragedia sin sentido alguno, continúa en la mezquina rebatinga de puntos de popularidad que a nadie importan ante esta hecatombe. Le parece que hacer gracejadas está muy a tono con la situación. En una de sus conferencias sacó estampitas y amuletos para mencionar que funcionaban en el combate al enemigo. Hizo referencia a un restaurante que se llama El Porvenir y que está enfrente de un panteón y cree que fue algo chistosísimo de contar en esta situación. Con horas de diferencia, Merkel, Trudeau, Macron hablaban del esfuerzo titánico que viene para cada uno de sus países. Hasta Trump tomaba medidas inéditas. Aquí el Presidente invocaba una estampita del Sagrado Corazón de Jesús. No contamos con él.

La sociedad se organiza al margen del Presidente. No ha querido tomar el liderazgo de la emergencia. Pero tampoco ha dejado que alguien la asuma. A López-Gatell lo ha exhibido de tal manera que el hombre ya dice barbaridades como si fuera candidato de Morena. El vacío es enorme y la tragedia ya llegó. El Presidente se sigue reuniendo con miles de personas sin hacer caso de las recomendaciones de aislamiento de su vocero en la epidemia; se reúne con personas de edad avanzada –de alta vulnerabilidad ante el virus– cuando la sociedad está viendo cómo impedir que salgan de sus casas los viejos. Lo que hace el Presidente es verdaderamente irresponsable como persona e inadmisible como Presidente. Ha sido rebasado. Insiste en hablar de su idea del petróleo –cuando el precio cae estrepitosamente–, en sus proyectos faraónicos, en que combatir la corrupción es la solución a todo, incluso a la pandemia. Habrá que organizarse sin el Presidente, no pasa nada, seguramente un grupo de doctores tomará el liderazgo, ya que son a los que la ciudadanía quiere escuchar. Nunca pensamos que el hombre que supo dar cauce a la rabia de una nación terminara convertido en un chistorete. No contamos con él.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.