Autonomía Relativa

Mi madre y el PRI

Que el fin del PRI se pueda atisbar no significa el fin de los priistas y menos aún del priismo, porque si hay un priismo vivo es el que enarbolan López Obrador y sus pupilos.

El final del PRI es algo largamente esperado, pero siempre escatimado. Mi madre, que tiene 93 años –los mismos años que tiene el PRI–, pedía en sus oraciones que se le diera el favor de ver que el PRI se iba. Sus oraciones fueron escuchadas, pero la furia antipriista de mi madre fue castigada y también le concedió que viera cómo regresaba al poder y cómo volvía a perder. Y ahí siguen mi madre y el PRI, ambos con sus 93.

Sin embargo, todo parece indicar que mi madre se saldrá con la suya en su batalla por la eficacia de sus oraciones. Su salud es espléndida y su lucidez se mantiene. Y el PRI tiene a Alito, un aliado inesperado de las plegarias maternas. En efecto, el presidente del priismo parece estar dispuesto a destruir lo poco que queda del Revolucionario Institucional. En las elecciones del próximo 5 de junio, todo indica que ese partido perderá el gobierno de Hidalgo, un estado que siempre ha sido gobernado por priistas. Un duro golpe, sin duda. De esa manera, al PRI como tal solamente le quedarán dos gobiernos estatales: Estado de México y Coahuila, que estarán en juego el año que entra.

Ver para creer. Para quienes, como mi madre y otras generaciones posteriores, crecimos con el priismo en el poder, verlos ahora perdiendo por todos lados es una novedad. La derrota del 2000 los sacó de la presidencia, pero se quedaron con gran fuerza en el Legislativo y una gran mayoría en los gobiernos estatales. Lo mismo sucedió en 2006. Para 2012 rescataron la presidencia y muchos pensamos que volverían a quedarse 75 años. Ellos también pensaron lo mismo. Pero fueron expulsados de manera fulminante y entraron en una debacle en 2018 que continúa. Su grupo en el Senado apenas rebasa la decena y siguen siendo el partido con peor imagen.

Hace un par de días se divulgaron unas llamadas del señor Alito en las que están mezcladas la vulgaridad con las amenazas y la más pobre concepción del periodismo y de la propia política. Pero a nadie sorprenden. Del actual líder del PRI se puede esperar cualquier cosa. No creo que haya nadie que piense que el señor Alito no dijo eso. El dirigente priista es la expresión misma de la decadencia de ese partido. Se corresponden perfectamente.

El priista ha puesto, con estas revelaciones, en jaque a sus socios del PAN, del PRD, de las alianzas con grupos cívicos. ¿Quién se atreverá a salir con Alito al lado? De los opositores, muy pocos, porque el desprestigio es seguro. Si bien pueden mantener sus lazos electorales con el priismo, será inevitable la eliminación del escenario del priista campechano. De por sí están en problemas, como para vincularse con alguien que predica que a los periodistas “hay que matarlos de hambre”.

Total, que pareciera que el fin del PRI está cerca. Algunos defienden sus números de diputados, de alcaldes y que son una fuerza mayor a lo que aparenta, pero ése es un engaño que, por lo menos en legisladores, tiene que ver con la astucia con que negociaron con los papanatas del PAN. Claro, que el fin del PRI se pueda atisbar no significa el fin de los priistas y menos aún del priismo. Si hay un priismo vivo es el que enarbolan López Obrador y sus pupilos.

Por lo pronto, mi madre mantiene sus oraciones.

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