Autonomía Relativa

El corcholatazo

El método corcholata, una variante del tapado priista, consiste en poner a competir a los favoritos para ver quién lo conquista al presidente, no necesariamente al electorado.

Las corcholatas andan volando por los aires. ¿Cuál caerá en el centro de las preferencias de ese gran elector que es el Presidente? Todavía no lo sabemos. Como en muchas otras facetas de la vida nacional, hemos retrocedido por lo menos unas tres décadas para estar nuevamente en aquellas épocas en que el presidente decidía quién sería el candidato para sucederlo. Este proceso era muy funcional para el priismo cuando todo funcionaba como en ese entonces.

El método corcholata, una variante del tapado priista, consiste en poner a competir a sus subordinados favoritos para ver quién lo conquista a él, no necesariamente al electorado. Es un juego divertido, sin duda. Fue entretenido por muchos años cuando los presidentes eran todopoderosos. Por eso podían ganar las elecciones personajes sin carisma, de personalidad gris o hasta arisca. Lo importante era contar con el visto bueno del poderosísimo presidente. En cuanto la democracia quedó plenamente establecida y comenzó a ganar la oposición, se complicaron las cosas para ese tipo de operaciones. Con la llegada de los presidentes que no eran todopoderosos –los de la era democrática–, lo del tapado no funcionó. Y aunque eran del PAN, los presidentes panistas intentaron la jugada priista de ser los grandes electores y fallaron ambos. Peña, a saber qué quería, tampoco le salió bien.

Sin duda, López Obrador ha innovado muchas cosas –buenas y malas, como se le quiera ver–. Pero también ha involucionado en muchas otras. De hecho, lo que más le gusta es acomodarse en lo que había antes, es la nostalgia convertida en proyecto político. Sin embargo, en términos de la sucesión de su presidencia no hay nada escrito, así que por más que él sea quien designe al candidato, eso no parece ser garantía de nada. Es claro que el Presidente eligió a Sheinbaum como primera corcholata para la sucesión. No sabemos si para quemarla o para que hiciera una carrera larga, de tres años, para colocarse y ganar. La señora Sheinbaum tiene varias cualidades, sin duda. Pero el carisma y el don de gente, la simpatía, ser cercana, no es algo que se puede inscribir en el catálogo de sus bondades. La encuesta publicada por EL FINANCIERO el día de ayer es clara en lo que respecta al esfuerzo que ha hecho la señora para caer bien, por lo menos entre sus gobernados. La caída en la aprobación de su actividad de octubre del año pasado a la fecha es de 15 puntos y la Línea 12 del Metro parece que la perseguirá a pesar de los esfuerzos por minimizarla.

De seguir así, para finales de año Sheinbaum estará fuera de la competencia, será una corcholata sin refresco. Esto, por supuesto, es una gran noticia para Marcelo Ebrard, que también suspira por ser la corcholata elegida, aunque lo dejaron en el arrancadero. Por supuesto, Marcelo también tiene varias cualidades, pero parece que el carisma tampoco es algo con que lo haya bendecido la naturaleza, por decirlo de alguna manera. Pero está en la batalla a ver si, en esta ocasión, López Obrador no lo baja de la carrera.

También está Ricardo Monreal. Seguramente estará en la boleta, pero no por Morena. Opciones tiene varias, aunque ésa quizá sea la única cerrada. Y, según dicen varios, el señor Adán Augusto también puede ser la corcholata del relevo, aunque su nivel de conocimiento en la población es bastante bajo.

El corcholatazo ya está a todo lo que da y eso será también un atractivo en esa gigantesca carpa que es la política nacional.

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