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Infraestructura: 5.7 billones de razones para construir confianza público-privada

El Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar 2026-2030 contempla inversiones por 5.7 billones de pesos distribuidos en más de 1,500 proyectos a lo largo de ocho sectores estratégicos.

La mayor apuesta de infraestructura en décadas tiene cifras. El Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar 2026-2030 contempla inversiones por 5.7 billones de pesos distribuidos en más de 1,500 proyectos a lo largo de ocho sectores estratégicos. Solo para 2026 se prevén recursos adicionales por 722 MMP equivalentes al 2% del PIB, una magnitud de esfuerzo fiscal y financiero que revela la seriedad de la intención gubernamental de reactivar el motor de la inversión.

Energía concentra el 54.15% de la inversión total, seguida por trenes (15.63%), carreteras (13.94%), puertos (6.48%), salud (6.23%), agua (2.83%), aeropuertos (0.4%) y educación (0.3%).

Esta carta de navegación prioriza los sectores con mayor efecto multiplicador sobre la actividad económica y la integración territorial. En el segmento de generación eléctrica se adjudicaron 37 proyectos por un monto agregado de 7.4 MMD. En materia ferroviaria, avanzan los tramos AIFA–Pachuca, CDMX–Querétaro, Querétaro–Irapuato, Saltillo–Monterrey–Nuevo Laredo y la reconversión del Tren Maya hacia un esquema de carga. De acuerdo con la plataforma Proyectos México, 248 proyectos nuevos se encuentran en diversas fases de desarrollo y 364 ya están en operación, canalizados a través de 114 vehículos financieros (CKDs, CERPIs, FIBRAs) que permiten captar recursos de inversionistas institucionales y diversificar las fuentes de fondeo más allá del presupuesto público.

El brazo normativo del plan es la Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el Desarrollo con Bienestar, publicada en abril, junto con reformas a la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria. El marco se sustenta en tres mecanismos centrales: los Vehículos de Propósito Específico (VPE) autorizados para emitir certificados bursátiles, Esquemas de Participación Mixta que habilitan contrataciones de largo plazo con inversión conjunta y participación pública flexible y Contratos de Inversión Estratégica con plazos de hasta 40 años y protecciones de equilibrio económico-financiero orientadas a reducir el riesgo regulatorio. Un Consejo de Planeación Estratégica, presidido por el Ejecutivo Federal, determina la elegibilidad de los proyectos, mientras que las reformas presupuestarias les otorgan carácter preferente frente a eventuales ajustes de gasto.

El Reglamento de la Ley publicado en mayo introduce innovaciones operativas relevantes. Un sistema de habilitación por etapas reduce barreras documentales en las fases tempranas del ciclo del proyecto, criterios prudenciales prohíben a los VPE públicos invertir en activos especulativos y exigen auditoría externa y un Comité de Análisis de Riesgos evalúa contingencias de diseño, construcción, demanda, medio ambiente y entorno social, cuyo dictamen se integra al contrato. La clasificación de los VPE atiende al contenido económico real y no a su denominación formal, recogiendo el principio de sustancia sobre forma. La bursatilización de infraestructura constituye un elemento clave del esquema al permitir que proyectos como autopistas o puertos se financien mediante emisiones de valores accesibles a inversionistas institucionales nacionales e internacionales.

Naturalmente, persisten retos de consideración. Los nuevos vehículos financieros pueden generar ineficiencias y espacios de discrecionalidad si no se acompañan de controles sólidos, transparencia y rendición de cuentas rigurosa. A ello se suma un entorno institucional complejo que alimenta la cautela entre los inversionistas.

El IMCO ha señalado que el éxito del programa dependerá menos de la ambición financiera y más de la certeza jurídica, la calidad de los procesos de adjudicación, la estructuración contractual y la administración adecuada de riesgos.

Sería deseable que este ambicioso paquete de proyectos se despliegue en un ambiente de genuina coordinación y construcción de confianza entre el sector público y el privado, donde la transparencia, la certeza jurídica de los contratos y el respeto a los mecanismos de rendición de cuentas operen como pilares del proceso. Un esquema de colaboración institucional robusto elevaría la tasa de éxito de los proyectos y enviaría una señal clara a los mercados sobre la seriedad del compromiso gubernamental.

El mercado de asesoría especializada (legal, financiera y técnica) podría experimentar una expansión significativa, constituyéndose en una de las áreas de oportunidad más relevantes para firmas de consultoría y despachos con práctica en el sector.

Si los proyectos avanzan con transparencia, certeza jurídica y verdadera voluntad de cooperación, el plan tiene el potencial real de catalizar el crecimiento que México necesita y que los mercados quieren ver.

Juan Carlos Machorro

Juan Carlos Machorro

Líder de la práctica transaccional de Santamarina y Steta

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