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Aranceles Trump: la nueva cartografía comercial

México, Canadá y los países de la UE se han visto obligados a recalibrar estrategias diplomáticas y comerciales, oscilando entre la retaliación arancelaria, la negociación bilateral y la búsqueda de nuevos mercados que reduzcan su dependencia del consumidor estadounidense.

Lo que en un principio se interpretó como táctica de negociación, agresiva pero transitoria, se ha consolidado como una doctrina económica permanente.

El déficit comercial ha evolucionado de ser un indicador macroeconómico a la prueba irrefutable de que el mundo ha aprovechado la apertura del mercado estadounidense sin ofrecer reciprocidad, ubicando a los aranceles como mecanismo correctivo de largo plazo destinado a reequilibrar relaciones comerciales.

México, Canadá y los países de la UE se han visto obligados a recalibrar estrategias diplomáticas y comerciales, oscilando entre la retaliación arancelaria, la negociación bilateral y la búsqueda de nuevos mercados que reduzcan su dependencia del consumidor estadounidense. Esta dinámica está reconfigurando las alianzas económicas globales de maneras que podrían resultar, paradójicamente, contrarias a los intereses de largo plazo de EU.

El ejemplo más reciente de esta doctrina llegó la semana pasada cuando entraron en vigor nuevos aranceles bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974. El USTR anunció la imposición de gravámenes contra 60 economías tras determinar que estas no habían prohibido o aplicado de manera efectiva la prohibición de importar bienes producidos con trabajo forzoso.

Las 54 economías señaladas por no imponer ni hacer cumplir dicha prohibición incluyen aliados estratégicos como Japón, Reino Unido y Corea del Sur, junto a potencias emergentes como China, India y Brasil. Otras seis economías (México incluido) fueron señaladas por no hacer cumplir efectivamente prohibiciones que ya existen en su legislación.

Las tasas aplicadas varían según el compromiso regulatorio de cada economía. Un arancel flat del 10% recae sobre 17 economías, incluyendo a los socios del T-MEC. Para la UE, Japón, Corea del Sur y Suiza se aplica un esquema del 10% o 12.5% sobre la base del arancel de nación más favorecida. Las demás economías investigadas enfrentan un arancel del 12.5%.

Los productos ya sujetos a aranceles de la Sección 232 (acero, aluminio, cobre, vehículos y semiconductores) y aquellos que califican para tratamiento libre bajo el T-MEC quedan excluidos.

Empresas, inversionistas y gobiernos deben asumir esta orientación como un cambio estructural que exige adaptación estratégica. La pregunta que queda abierta no es si los aranceles permanecerán, sino cuáles serán las consecuencias acumulativas de sostener una guerra comercial simultánea alrededor del planeta. La historia económica sugiere que el proteccionismo generalizado rara vez produce los resultados que sus defensores prometen, pero también que sus efectos tardan en manifestarse plenamente, otorgando a sus promotores tiempo suficiente para atribuir los éxitos al cambio de política y los fracasos a factores externos.

Las empresas que dependen del mercado estadounidense como destino principal de sus productos deben asumir que sus márgenes de utilidad se verán comprimidos por nuevos aranceles a menos que sus bienes califiquen bajo alguna de las exenciones establecidas.

La exención de bienes que califiquen bajo el T-MEC genera un incentivo poderoso para que las empresas mexicanas (incluidas multinacionales con operaciones en el país) fortalezcan el cumplimiento de las reglas de origen.

Los consejos de administración enfrentan la disyuntiva entre diversificar mercados o invertir en el cumplimiento regulatorio y la trazabilidad de sus cadenas de suministro. Ambas opciones exigen recursos, planificación y, sobre todo, una lectura realista del entorno.

Existen medidas concretas y urgentes que las empresas afectadas pueden y deben adoptar, incluyendo un mapeo exhaustivo de proveedores (documentando origen de insumos y condiciones laborales en cada eslabón de la cadena); el fortalecimiento de proveeduría regional y la sustitución de insumos de terceros países por componentes norteamericanos; la exploración activa de oportunidades en la UE, Asia-Pacífico y la región latinoamericana; el monitoreo continuo de cambios en las reglas de la mano de asesores legales especializados, y la revisión de contratos con compradores estadounidenses (definiendo con claridad quién absorbe costos arancelarios, incluyendo cláusulas de ajuste por cambios regulatorios y, en su caso, revisando precios para mantener la competitividad sin sacrificar la viabilidad financiera de la operación).

Los aranceles son a la vez una realidad presente y una herramienta en expansión capaz de encontrar nuevas justificaciones para ampliar su alcance geográfico y sectorial.

Comprenderlos, anticipar sus efectos y adaptar estrategias comerciales es más que nunca tarea urgente y permanente para empresas, inversionistas y gobiernos alrededor del mundo.

Juan Carlos Machorro

Juan Carlos Machorro

Líder de la práctica transaccional de Santamarina y Steta

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