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Inteligencia artificial, pensamiento crítico e inteligencia relacional

El artículo publicado por Kellogg Insight de Northwestern University examina cómo las dinámicas del mercado laboral, la aceleración tecnológica y la transformación de los modelos de negocio han erosionado un modelo de formación que durante siglos fue pilar del desarrollo profesional.

En un artículo publicado por Kellogg Insight de Northwestern University (Are Apprentices an Endangered Species?, Abraham Kim con base en la investigación de Luis Garican y Luis Rayo, abril 2026), se plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿estamos presenciando la extinción gradual de los programas de pasantía?

El artículo examina cómo las dinámicas del mercado laboral, la aceleración tecnológica y la transformación de los modelos de negocio han erosionado un modelo de formación que durante siglos fue pilar del desarrollo profesional. La investigación sugiere que las empresas enfrentan cada vez menos incentivos para invertir en la capacitación prolongada de pasantes y aprendices en un entorno donde la rotación laboral es alta y el retorno de esa inversión resulta incierto.

Esta reflexión adquiere una nueva dimensión cuando se examina a la luz de la IA. Las herramientas de IA generativa, los modelos de lenguaje avanzados y los sistemas de automatización no solo están transformando la manera en que se ejecuta el trabajo profesional, están redefiniendo la naturaleza misma de las tareas que se asignaban a los pasantes. En despachos de abogados, firmas de consultoría, bancos de inversión e instituciones financieras, las labores de investigación preliminar, revisión documental, elaboración de borradores y análisis de datos, que constituían el núcleo formativo de los profesionales jóvenes, pueden ahora realizarse en una fracción del tiempo mediante asistentes de IA.

Esto nos coloca frente a una paradoja formativa. Si las tareas que antes servían como vehículo de aprendizaje son ahora ejecutadas por máquinas, ¿cómo formamos a la próxima generación de profesionales? La respuesta no puede ser simplemente eliminar o reducir las pasantías. Por el contrario, se requiere una redefinición profunda de su propósito y su estructura.

El aprendiz del siglo XXI no debe ser entrenado para realizar tareas que la IA ejecuta con mayor velocidad y precisión. Debe ser formado, en cambio, para hacer aquello que la tecnología aún no puede: ejercer juicio profesional en contextos de ambigüedad, construir relaciones de confianza, negociar con sensibilidad estratégica, identificar riesgos que no aparecen en los datos y tomar decisiones éticas complejas. El valor del aprendiz se desplaza así de la ejecución operativa hacia el pensamiento crítico y la inteligencia relacional.

Imaginemos un programa donde el pasante utiliza herramientas de IA para generar un primer análisis y luego dedica su tiempo a cuestionar, contextualizar y enriquecer ese análisis con el criterio que solo la experiencia humana puede aportar. Ese modelo no solo preserva la función formativa del aprendizaje, la eleva.

En la práctica del derecho, operaciones de banca y proyectos de M&A se exige un nivel de juicio, discreción y comprensión contextual que ningún algoritmo puede replicar plenamente, y se demanda eficiencia y rigor analítico, áreas donde la IA ya demuestra capacidades extraordinarias. El desafío consiste en diseñar trayectorias de aprendizaje que integren ambas dimensiones, formando profesionales que dominen la tecnología sin perder la profundidad del oficio.

Kellogg Insight nos advierte que los pasantes podrían convertirse en una especie en peligro. Depende de nosotros, como líderes profesionales, asegurarnos que evolucionen.

En términos prácticos, las firmas que deseen liderar esta transformación deberían considerar acciones concretas que incluyen rediseñar los programas de pasantías para que incluyan capacitación obligatoria en herramientas de IA aplicadas a la práctica profesional, ingresando así al mercado laboral con fluidez tecnológica desde el primer día; restructurar asignaciones de trabajo para que las tareas repetitivas y de bajo valor agregado sean delegadas a la IA mientras que los pasantes realizan actividades que exijan análisis crítico, interacción con clientes y exposición directa a la toma de decisiones estratégicas; establecer esquemas de mentoría reforzada en los que profesionales sénior dediquen tiempo estructurado a transmitir no solo conocimientos técnicos, sino criterio profesional, ética aplicada y habilidades de negociación y networking que ninguna herramienta tecnológica puede enseñar, y medir el desempeño no por el volumen de documentos revisados o producidos, sino por la capacidad demostrada para integrar tecnología y juicio humano en soluciones de alto valor para el cliente.

Estas medidas no representan un lujo ni una aspiración lejana; son una necesidad urgente para cualquier organización que aspire a formar profesionales preparados para el ejercicio del derecho, las finanzas y la consultoría.

Juan Carlos Machorro

Juan Carlos Machorro

Líder de la práctica transaccional de Santamarina y Steta

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