Geoeconomía

No olviden a China, el negociador mudo

Durante sus intervenciones en Nueva Delhi, Xi Jinping enfatizó la necesidad de restablecer el libre comercio, habló en contra de las medidas arancelarias y de las barreras no arancelarias que diferentes gobiernos han implementado unilateralmente y sin consultas en los últimos dos años y de las consecuencias negativas que dichas medidas han tenido para el crecimiento económico del mundo y para las relaciones entre los países.

Este fin de semana, el primer ministro de la India Narendra Modi fue anfitrión de la cumbre anual de los BRICS, que contó con la asistencia de Xi Jinping y Vladimir Putin y que marcó el 20º aniversario de la formación del grupo, donde el gran ausente fue Lula da Silva debido a compromisos por las próximas elecciones en su país. La reunión sirvió para que China planteara su postura en contra del proteccionismo de Estados Unidos, sobre el régimen internacional de la inteligencia artificial y su oposición a la intervención de Israel en la Franja de Gaza, entre otros temas, de cara a la entrevista que tendrá Xi Jinping con Trump el próximo 24 de septiembre. El próximo año, China presidirá este grupo.

La postura del gobierno chino está reflejada en la Declaración de Nueva Delhi, un documento de 140 incisos redactados con sumo cuidado, aprobado por unanimidad y sin comentarios de ninguno de los 11 miembros gracias al trabajo de Wang Yi, responsable de las relaciones internacionales de China, y del ministro de Comercio Wang Wentao. En ella, no se menciona por nombre a ningún líder o país, pero la redacción no deja dudas a quien se refiere en cada caso y el discurso de Xi Jinping del sábado refleja la enorme influencia china en su elaboración.

Durante sus intervenciones en Nueva Delhi, Xi Jinping enfatizó la necesidad de restablecer el libre comercio, habló en contra de las medidas arancelarias y de las barreras no arancelarias que diferentes gobiernos han implementado unilateralmente y sin consultas en los últimos dos años y de las consecuencias negativas que dichas medidas han tenido para el crecimiento económico del mundo y para las relaciones entre los países. Y aunque la referencia pareciera estar dirigida a Estados Unidos, México debe considerarse aludido luego de los aranceles que el gobierno aplicó este año a los países con los que no tiene un tratado comercial, todo indica por presión del gobierno de Trump y sin ninguna otra explicación.

En marzo, Marcelo Ebrard dijo que México celebraría una reunión de alto nivel con China para analizar la viabilidad de los aranceles impuestos en enero, pero hasta la fecha ni la secretaría de Economía ni el ministerio de Comercio chino han sugerido posibles fechas. Esta es una situación que no puede continuar de manera indefinida, aunque el gobierno de Sheinbaum ha hecho todo lo posible por posponer este encuentro: México es el principal comprador de vehículos chinos en el mundo, su segundo mercado en el hemisferio occidental después de Estados Unidos y uno de los diez principales compradores de productos chinos en el mundo y China es el segundo proveedor de insumos y bienes intermedios de México.

México incrementó los aranceles a China en enero sin ofrecer razones de fondo. Y cabe recordar que una de las razones por las que el primer ministro Mark Carney instruyó al equipo de Dominic LeBlanc retirarse de la mesa de negociaciones en agosto fue la intención del gobierno de Trump para que Canadá aplicara aranceles a terceros en las situaciones y por los montos que estableciera la Casa Blanca, sin que exista una unión aduanera en la región.

A diferencia de Trump, China no amenaza con la intención de propiciar una negociación: sólo avisa las medidas que implementará en contra de otro país. La semana pasada, el ministerio de Comercio chino anunció que la investigación antidumping sobre las nueces mexicanas no concluirá el 25 de septiembre, como estaba previsto, sino que continuará hasta el 25 de marzo del 2027, con lo que se continuará cobrando una cuota que va del 17.8 al 51.6% a las exportaciones mexicanas, siendo nuestro país uno de los dos principales productores en el mundo.

Hasta que Ebrard no se reúna con Wang Wentao, la política comercial de México está a expensas de Trump, que no ha sabido cómo enfrentar a Xi Jinping. Insiste que México prohíba las importaciones de insumos y productos chinos y que restrinja las inversiones chinas en territorio mexicano. Sin embargo, la semana pasada declaró que estaría de acuerdo en que China construyera en Estados Unidos plantas para la producción de autos. Nuestra dependencia de China es mayor que la que tiene Estados Unidos. Durante los primeros siete meses del año, las importaciones chinas representaron 7.5% del total importado por la Unión Americana y ocupan el cuarto lugar, mientras que para México representaron el 17.3% del total, siendo en su enorme mayoría insumos y bienes intermedios, sólo por debajo del 33.8% procedente de Estados Unidos.

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