Geoeconomía

Trump, Lutnick y Greer se equivocaron

Carney considero esta nueva provocación como una oportunidad para reiniciar las negociaciones que Trump suspendió unilateralmente en octubre, en las que Canadá había estado buscando un acuerdo integral que eliminara o redujera los aranceles de manera de iniciar la revisión del TMEC en una situación más equitativa y no complicar aún más la agenda comercial con temas fronterizos y de seguridad nacional.

Como es su costumbre, cuando Trump anunció al día siguiente de la final de la Copa Mundial que aplicaría un nuevo arancel a Canadá del 50% por trato discriminatorio a los autos, bebidas alcohólicas y productos lácteos de Estados Unidos, dio un mes para su entrada en vigor con objeto de propiciar una negociación con Ottawa que evitara su implementación. Carney considero esta nueva provocación como una oportunidad para reiniciar las negociaciones que Trump suspendió unilateralmente en octubre, en las que Canadá había estado buscando un acuerdo integral que eliminara o redujera los aranceles de manera de iniciar la revisión del TMEC en una situación más equitativa y no complicar aún más la agenda comercial con temas fronterizos y de seguridad nacional.

Carney llamó ese mismo día a Trump para agendar una reunión entre los responsables del tema, Dominic LeBlanc y Jamieson Greer, y posteriormente convocó a su gabinete y después a los 13 premiers provinciales para diseñar y acordar la estrategia que LeBlanc y su jefa de negociación, Janice Charette, llevarían a Washington la siguiente semana. Una de las decisiones más importantes fue no usar las exportaciones petroleras como una ficha de negociación para evitar mayores fricciones con Alberta, de donde proviene el 84% del petróleo canadiense y sobre todo cuando este 19 de octubre el gobierno de esa provincia realizará un referéndum en donde, entre otras cosas, se consultará si la población quiere independizarse, o no, de Canadá. De esta manera, el gobierno informó posteriormente a los líderes del sector privado de los detalles consensuados.

Ante los posibles efectos del nuevo arancel y de los aranceles impuestos hasta ese momento por Trump, Carney decidió poner toda la carne al asador. Por una parte, solicitó una reducción al 10% del arancel para autos, vehículos pesados y autopartes; propuso cuotas para el acero y el aluminio; y solicitó la reducción del arancel a los productos de madera, uno de los principales productos de exportación canadiense. A cambio, Canadá concluiría la compra de armamento y de jets F-35 que está suspendida desde el año pasado, contribuiría al financiamiento del Domo Dorado, suspendería las represalias arancelarias a los autos y a otros productos y solicitaría a los premiers que colocaran nuevamente en los anaqueles de los almacenes las bebidas alcohólicas estadounidenses. De no tener éxito, Carney acordó con los premiers aplicar represalias.

Luego de tres semanas consecutivas de reuniones en Washington, el lunes de la semana pasada Trump y Carney tuvieron una conversación telefónica ante lo que parecía un acuerdo en principio. Ambos hablaron nuevamente al día siguiente y Trump anunció que retrasaría por 72 horas la entrada en vigor del nuevo arancel para permitir que Greer y LeBlanc concluyeran los detalles del acuerdo. Desde entonces, empezaron a permear las diferencias entre Greer y el secretario de Comercio, Howard Lutnick, responsable de los aranceles impuestos en base a la sección 232 de la Ley de Expansión Comercial, como el del acero, aluminio, autos y autopartes y cuyo profundo desprecio por los canadienses es bien conocido, que resultaron en que Estados Unidos ofreciera reducir sólo el arancel de los vehículos ligeros, no el de camiones y SUVs.

El viernes por la mañana la situación se tensó más cuando Estados Unidos solicitó que Canadá dejara de requerir el etiquetado en inglés y francés en todos los productos, que aplicara nuevos aranceles a terceros países iguales a los de la Unión Americana y que el acuerdo incluyera una cláusula restringiendo la posibilidad de que Ottawa negociara nuevos acuerdos comerciales sin el visto bueno de Washington, en particular luego de los acuerdos que ha logrado Carney en el último año, como el que alcanzó con China, que otorga una cuota de 49,000 autos eléctricos que puede aumentar hasta 70,000, con un arancel del 6% en lugar del 100%, a cambio de facilidades para exportar diversos productos agrícolas.

Al final del día, Greer no intercedió ante Trump en favor del acuerdo. Canadá comprobó lo que varios líderes de países que han negociado acuerdos arancelarios con el USTR comentan: ya no puedes confiar en la palabra del gobierno de Estados Unidos. Trump demostró no tener interés en restaurar el ambiente de certidumbre que ha hecho de América del Norte una de las mejores regiones para hacer negocios, genera nuevas dudas sobre el futuro del TMEC y debe hacer que México reflexione sobre su estrategia de negociación.

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