Geoeconomía

Quinta ronda de negociaciones bilaterales

Mientras Trump logre mantener a su Congreso fuera de la negociación, el tomará la última decisión y podría hacer cambios unilaterales.

Dicen que no hay quinto malo y mañana inicia la quinta ronda de negociaciones bilaterales entre México y Estados Unidos, las que vienen desarrollándose mensualmente desde el pasado 18 de marzo. Esta vez, la oficina del Representante Comercial de ese país (USTR) traerá a discusión temas relacionados con acero y aluminio, el sector automotriz, seguridad económica, una larga agenda sobre temas agrícolas, laborales, ambientales, cambios a las reglas de origen en varios sectores –además del automotriz– y los servicios de pago electrónicos, entre otros, que se abordarán durante tres días. De acuerdo con las declaraciones del pasado miércoles del titular del USTR, Jamieson Greer, las negociaciones con Canadá arrancarán una vez que Trump y el primer ministro Carney lleguen a un entendimiento, lo que no se esperaba sucediera ayer domingo en Nueva York.

No sólo el proceso de revisión del T-MEC es inédito para las tres partes, sino que también los objetivos distan mucho de cualquier otra negociación. Greer dijo el miércoles que tiene la instrucción de Trump para “controlar” el déficit comercial de su país con México, ya sea por medio de aranceles, cuotas u otras medidas. Sin embargo, las características del comercio entre ambos países hacen que esto se vuelva prácticamente imposible en el corto y mediano plazos. Alrededor del 70% de las exportaciones mexicanas a la Unión Americana son insumos y bienes intermedios que se utilizan para la producción en aquel país y encontrar sustitutos a precios comparables de esos mismos bienes, y que cumplan con las especificaciones y normas de calidad que requiere la industria estadounidense, llevaría tiempo, afectando la producción e incluso el empleo en ese país. De acuerdo con diferentes fuentes, entre 11 y 14 millones de empleos en Estados Unidos dependen del T-MEC.

Por su parte, 75% de las importaciones mexicanas son bienes intermedios y el estancamiento de la economía hace que el comercio del país se encuentre hoy en día por debajo de su potencial. Y con la posibilidad de que México y Canadá se conviertan en proveedores importantes de al menos 34 de los 60 metales denominados como minerales críticos, el déficit comercial con México resultaría aún más difícil de reducir. Con esta perspectiva, podemos entender la intención de Estados Unidos de convertirse ellos en el exportador de bienes manufacturados de alto valor agregado de la región y hacer de México ya no su principal socio comercial, sino su principal proveedor.

Greer también destacó en sus comentarios que para la revisión del T-MEC diversos elementos que contribuyen a la seguridad de su país forman parte de la agenda de negociación, como el acceso a minerales críticos, el fortalecimiento de la resiliencia de las cadenas productivas (o cómo reducir la participación de China como proveedor de América del Norte), aplicar controles a las exportaciones de ciertos bienes considerados como estratégicos y la implementación de mecanismos en toda la región para filtrar los nuevos proyectos de inversión extranjera, similar al que hoy en día funciona en su país y que aún no sabemos que las partes hayan iniciado su discusión. México se verá más afectado por restringir la participación china en el comercio de la región, pues durante los primeros cinco meses del año, las importaciones chinas representaron el 17.4% del total para México y 7.3% para Estados Unidos y el gobierno de Xi Jinping es uno de los pocos que sigue interesado en construir nuevas plantas en territorio mexicano.

Otras de las grandes diferencias de esta negociación son la agenda y la toma de decisiones. En esta ocasión, México tiene que lidiar con tres paquetes: los cambios que Estados Unidos –y eventualmente Canadá– propone al acuerdo, la solución a las barreras no arancelarias generadas durante el sexenio pasado y los aranceles. Ebrard ha dicho que no regresaremos a un régimen sin aranceles (con Estados Unidos), pero ello no soluciona lo que el viernes Greer anunciará los gravámenes que sustituirán a los aranceles de la sección 122, que expiran a la medianoche del jueves.

Pero la mayor diferencia de esta negociación es que, mientras Trump logre mantener a su Congreso fuera de la negociación, el tomará la última decisión y podría hacer cambios unilaterales, como lo hizo con Brasil y la India. Por ello, resulta indispensable que Sheinbaum logre un acercamiento con Trump y ajuste el cálculo político para llegar a un buen término en la negociación, lo que sucederá probablemente en 2027.

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