Antes de abandonar la cumbre del G7 la semana pasada, Trump volvió a desacreditar al TMEC, diciendo que preferiría no tenerlo, que lo negoció sólo porque el TLCAN no tenía una cláusula de salida y que, en realidad, Estados Unidos no necesita nada de México y Canadá. Cabe recordar que, desde su primer periodo de gobierno, Trump dijo que prefiere los acuerdos bilaterales porque en ellos su país tiene mayor poder de negociación que en los multilaterales. Como todo contrato, cualquier tratado comercial incluye una cláusula de salida y en el caso del TLCAN esa era el artículo 2205, que se transcribió sin cambios al artículo 6 del capítulo 34 del TMEC.
Como lo dijo Carney el jueves pasado, y lo repitió Sheinbaum en un tono menos asertivo en la mañanera, el TMEC ofrece diversas ventajas a los tres países, en lo que coincidieron los 175 representantes del sector privado de Canadá, Estados Unidos y México en la audiencia pública que organizó la oficina del Representante Comercial de la Unión Americana (USTR) la primera semana de diciembre pasado, con la que concluyó el proceso de consulta pública sobre el tratado en ese país. Existen por lo menos diez motivos por los que a Trump no le conviene salir del tratado. La lista no es exhaustiva y el orden no refleja prioridad alguna.
La primera es la protección a la inversión directa estadounidense en territorio mexicano, en particular luego de la reforma judicial que implementó el gobierno el año pasado. Estados Unidos tiene más de 160,000 millones de dólares en plantas y equipo en toda la república que sin las garantías y mecanismos de solución de controversias que ofrece el tratado serían más vulnerables a las decisiones de Morena. La segunda son la seguridad en el suministro y los costos relativamente más bajos de una cuarta parte de lo que importa. Canadá representa el 11.2% de las importaciones totales estadounidenses y México el 14.2% y además aporta el mayor contenido extranjero para los productos que se elaboran y exportan en la Unión Americana, por lo que sin tratado los costos de producción aumentarían sensiblemente y muchos de ellos serían menos competitivos en el extranjero.
Tercera: México y Canadá adquieren una tercera parte de las exportaciones del sector agropecuario de Estados Unidos, lo que genera más de 550,000 empleos en ese país, la enorme mayoría en 19 estados controlados por los republicanos, por lo que la salida del tratado transferiría a los demócratas el control de esos estados, ya sea en las elecciones de noviembre o en las del 2028. La cuarta es que el TMEC es responsable de entre 11 y 14 millones de empleos en la Unión Americana, según la metodología, y aunque Trump pretende repatriar la producción de varios productos que considera estratégicos, se estima que la Unión Americana no cuenta en este momento con la cantidad de trabajadores necesarios para ocupar las plazas que se llegaran a crear.
Quinta: el acceso al petróleo y potasa de Canadá, quien posee la cuarta reserva de crudo más grande en el mundo, después de Venezuela, Arabia Saudita e Irán, y la enorme mayoría se produce en Alberta, al norte de Montana, por lo que su transportación es segura y económica. La sexta es que México y Canadá pueden convertirse en proveedores importantes al menos de 38 de los 60 minerales identificados por el gobierno de Trump como críticos. México accedió en febrero a implementar un programa bilateral para su producción, mientras que Canadá negociará estos términos como parte de la revisión del tratado.
Séptima: la simplificación y armonización de procesos aduaneros en la región, lo que facilita y agiliza el comercio y reduce considerablemente los costos para los exportadores e importadores. Esta es una de las áreas que más problemas ha generado para el Reino Unido a partir de su salida de la Unión Europea, provocando cuellos de botella que se han traducido en desabasto y que han requerido acordar nuevos procesos con sus principales socios comerciales. Octava: el TMEC incluye directrices en áreas como el comercio digital y la prohibición de las devaluaciones competitivas, que la OMC no tiene.
Novena: el tratado permite establecer una política regional para enfrentar a China, restringir su actividad comercial y seleccionar sus inversiones en toda América del Norte, que de otra manera sería imposible. Y la décima, que el tratado representa un elemento único de influencia y presión política para Estados Unidos, sobre todo que sólo tiene tratados comerciales con otros 18 países.