Este mediodía inicia en Évian-les-Bains, una comunidad en la orilla sur del lago Lemán en la frontera francesa con Suiza, la 52ª cumbre del G7, donde las prioridades serán la reducción de los desequilibrios económicos globales, la lucha en contra del crimen organizado y de los flujos ilegales, el apoyo a Ucrania, diseñar reformas a la gobernanza global y por primera vez se incluye en esta lista la lucha contra el cáncer. Además, continuarán las discusiones iniciadas en cumbres anteriores sobre las cadenas de suministro de minerales críticos, inteligencia artificial y la seguridad en línea de los menores de edad, sobre los que se espera se publiquen los programas acordados por los sherpas durante el último mes.
El G7 -compuesto por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y la Unión Europea- es un grupo informal cuya relación no está definida por ningún tratado, que se reúne anualmente para analizar temas globales. Siendo pequeño, homogéneo, con intereses similares y que incluye a siete de las 11 economías más fuertes del mundo, se considera un foro propicio para establecer directrices globales y acordar políticas internacionales que puedan ser implementadas posteriormente por otras naciones. Por otro lado, sus críticos señalan que su membresía no incluye a ningún país emergente, su incapacidad para solucionar las tensiones recientes con Rusia y China y las diferencias internas causadas por políticas comerciales y ambientales, que Trump ha exacerbado con su incesante acoso a los demás miembros.
La presidencia se rota cada año y el anfitrión es responsable de proponer la agenda de trabajo y puede invitar a otros países, de acuerdo con los temas de la cumbre. Este año, el presidente Macron invitó nuevamente, como lo hizo el primer ministro Carney el año pasado, a los líderes de Brasil, Corea del Sur, India y Ucrania, así como a los de Egipto, Kenia, Qatar, Siria y Emiratos Arabes Unidos, que al final no asistió a la reunión de Kananaskis. De acuerdo con información del Palacio del Elíseo, se consideró invitar a México, pero al final se decidió no hacerlo, al considerar, entre otros factores, que no endosaría los comunicados finales, como el año pasado.
Hasta la presidencia de Peña Nieto, la mayoría de las decisiones de la cumbre del G7 solían pasar desapercibidas en México: el aparato industrial estaba enfocado sobre todo en aumentar su presencia en el mercado estadounidense, sin que hubiera el acoso que inició Trump en el 2018, y había un ambiente de negocios más propicio que el actual. México tenía tratados comerciales muy similares y una relación funcional con todos los miembros del G7, contaba con diversos canales de comunicación con el gobierno de Estados Unidos y con la Unión Europea que evitaron diversos incidentes y se convirtió en un invitado regular de estas cumbres entre 2003 y 2009, en buena parte por contar y aplicar una política comercial e internacional congruente con los principios del grupo y del buen funcionamiento del mercado.
En tanto que el PIB de México depende en más del 80% del comercio exterior, es inexplicable el aislamiento de foros y organismos internacionales promovido por los gobiernos de Morena, en particular cuando se está generando un nuevo régimen global donde Estados Unidos busca volver obsoletas las instituciones que han funcionado durante los últimos 65 años, regresando a un sistema de bloques donde impere la ley del más fuerte. El propio secretario Ebrard dijo que debemos esperar que la nueva versión del TMEC incluya aranceles porque el modelo de libre comercio no regresará.
Al no asistir a reuniones internacionales que no incluyan a gobiernos de izquierda, Sheinbaum no solo está aislando a México, pero también se está quedando día a día más sola al evitar que le conozcan y consideren como la líderesa de una de las 15 economías más grandes del mundo y con ello está condenando a que el Plan México se vuelva letra muerta antes del segundo aniversario de su mandato. La promoción del país y de la economía no se hace en las mañaneras.
Alguno de sus asesores debe insistir que su presencia y desempeño en foros internacionales es clave para la imagen del país y sus palabras se pueden traducir en el detonador que atraiga nuevamente inversiones del extranjero, en particular cuando hasta la fecha no ha tenido algún evento en que demuestre su capacidad de liderazgo ante los ojos del mundo, pues su asiento vacío en el estadio Azteca no se entendió como una señal de fuerza.