Una de las negociaciones comerciales más ásperas y difíciles que enfrentó el gobierno mexicano durante los 90s fue la del tratado con la Unión Europea (TLCUEM), donde las diferencias en algunas de las posturas entre las partes se tradujeron en problemas personales entre los negociadores, lo que llevó al representante de Francia a levantarse de la mesa y anunciar que se retiraba del proceso, obligando al representante de Alemania – que fungía como el líder de los europeos– a convencerlo de regresar y evitar que la negociación reventara. Estos problemas se reflejaron en que no se incluyeron algunos capítulos que si estaban en el TLCAN, sobre todo el de inversión, y que la arquitectura del texto fuera más complicada que otros acuerdos negociados en esos años.
Con la entrada en vigor del TLCUEM en el 2000, la Comisión Europea buscó promover el comercio con México con un éxito limitado, sobre todo porque la mayoría de las empresas exportadoras del norte del país estaban enfocadas en desarrollar y fortalecer su presencia en Estados Unidos. Hoy en día, los 27 miembros de la UE representan en su conjunto el 7.12% de nuestro comercio total, terceros después de Estados Unidos (60.33%) y China (10.8%), y por encima de Taiwán (3.63%) y Canadá (2.61%). Sin embargo, hay que destacar que entre Alemania (2.06% de nuestro comercio total), España (0.84%), Italia (0.83%) y Francia (0.50%) representan el 59% del comercio total con Europa.
La actualización del TLCUEM incluye beneficios muy importantes para México. Exenta de aranceles a varios cultivos regionales, como los tomates de Sinaloa, el plátano de Chiapas y el azúcar de Veracruz; facilita las exportaciones de autos y autopartes; incluye un capítulo para la protección de las inversiones similar al del TMEC, que puede atraer nuevos proyectos; promueve la integración de las pequeñas y medianas empresas a cadenas de suministro globales mediante estándares simplificados; y abre los mercados de compras gubernamentales europeas.
La firma del acuerdo se realizará este viernes durante la celebración de la octava Cumbre México-Unión Europea, a la que asistirán António Costa, presidente del Consejo Europeo, y Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. Durante la visita de Sheinbaum a Kananskis, en junio del año pasado con motivo de la cumbre del G7, trascendió que la presidenta invitó a von der Leyen y a Costa a México en octubre, pero su visita se empezó a postergar conforme México pospuso la firma del acuerdo para evitar generar roces con Estados Unidos. Desde entonces, la UE negoció un acuerdo arancelario marco con Trump que establece un gravamen general del 15%, pero que el parlamento europeo detuvo, sobre todo por las amenazas de nuevas represalias estadounidenses.
Hoy en día, Estados Unidos y el Reino Unido son los principales socios comerciales de la UE, pero con los problemas internos que enfrenta Inglaterra – en buena parte consecuencia del Brexit– y con los aranceles y la incertidumbre generados por Trump para el comercio y la inversión, Europa está implementando medidas para diversificar sus mercados y abrir nuevas oportunidades en Canadá, México, Sudamérica y el sureste asiático. Una de las preguntas más importantes que tiene que analizar el Comité de Comercio Internacional del parlamento europeo en estos meses es cuál será la política de comercio e inversión hacia China.
El éxito del nuevo TLCUEM dependerá en buena parte de las medidas que implemente el gobierno mexicano para solucionar las quejas de Estados Unidos respecto a las barreras no arancelarias que Marco Rubio presentó formalmente a Sheinbaum en septiembre. Las más importantes se refieren a restricciones para los inversionistas extranjeros en sectores estratégicos como energía y minería cuando España, Francia, Países Bajos, Italia y Alemania se encuentran entre las primeras nueve fuentes de inversión extranjera directa en México.
La carta que López Obrador envió al parlamento europeo en 2022 en respuesta a una resolución aprobada en Bruselas en defensa de la seguridad y los derechos de los periodistas en territorio mexicano congeló por más de dos años la relación de Europa con México. Por ello, la firma de este nuevo tratado es un gran logro diplomático pero la manera como Sheinbaum maneje la petición de extradición del gobernador Rocha y si persiste en que el gobierno controle las decisiones del poder legislativo, no sólo minimizará las nuevas oportunidades comerciales con la UE, sino con muchos otros países.