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Pérdida de credibilidad en la próxima presidencia

En la 4T no han calculado que todos los ataques a organismos y poderes públicos pueden ser contraproducentes para su candidata presidencial.

Todos los embates al INE, la aprobación del plan B de la reforma electoral y el intento de secuestro de la Suprema Corte de Justicia, son hechos que ponen, cuando menos en duda, la vocación democrática de Morena y la 4T. Más bien, parece que tratan de tener todas consigo para no perder nunca el poder y esta percepción puede ser contraproducente para los futuros candidatos y gobernantes del partido oficial.

López Obrador no tiene el capital político, y aparentemente tampoco la salud, para mantenerse en el poder más allá de su sexenio, por lo que podemos asumir que habrá un cambio en la silla presidencial y que será Claudia Sheinbaum, la más leal de todas sus corcholatas, la candidata del partido oficial a sucederlo. Todo puede pasar de aquí a la elección, pero hoy todo indica que ella es la elegida del presidente.

Sin embargo, lo que no han medido en la 4T es que todos estos ataques a otros organismos y poderes pueden ser contraproducentes para su candidata presidencial, que en la eventual posibilidad de que gane la elección sería una presidenta débil y con poca credibilidad debido a las evidentes trampas que ha realizado, que van desde la campaña adelantadísima en espectaculares, hasta la debilidad del INE en la organización de la elección, provocada por el propio movimiento al que ella pertenece.

Sheinbaum, a diferencia de López Obrador, no podría decir que ganó limpiamente y que es una presidenta legítima. Esa falta de capital político le complicaría mucho su eventual mandato y por supuesto debilitaría, aún más, la vida en democracia de nuestro país. Una presidencia sin credibilidad tiene pocas opciones, dos en mi opinión. La primera, sería algo similar a lo que ocurrió al final de sexenio de Peña Nieto, en el que prácticamente cedió el poder político a otros actores más fuertes. La segunda opción es imponerse con tendencias más dictatoriales, en donde no importa la credibilidad sino el control por medio de métodos judiciales, amenazas y otros tipos de violencia. Algo de eso hemos visto ya en el actual sexenio.

A nadie en México le conviene una presidencia débil y sin credibilidad, sobre todo porque los grandes problemas sociales, económicos y de seguridad, que son los que más dañan a la población, difícilmente pueden ser resueltos por alguien sin poder moral. Dañar a las instituciones de hoy para tener un aparente control del poder, implica sacrificar al México del mañana, el cual ya no está tan lejano.

Jesús de los Ríos es profesor de la Escuela de Gobierno y Economía de la Universidad Panamericana.

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