Post-verdad Digital

Manipulación digital

Las ‘Big Tech’ deben ser reguladas protegiendo los datos de los usuarios para que estos no puedan ser manipulados, comenta Jesús de los Ríos.

Todas las teorías de comunicación que se hicieron durante el siglo XX y hasta nuestros días, buscan de fondo contestar a la siguiente pregunta ¿cómo se logra manipular a las personas?

Basados en esa idea se construyeron grandes postulados como la teoría de la Aguja Hipodérmica de Harold D. Lasswell (1902-1978), quien al estudiar los efectos de la propaganda en los años 20´s y 30´s, afirmaba que los mensajes emitidos por los grandes medios como la prensa, la radio o el cine tenían una influencia enorme en las personas que los recibían y por lo tanto hacía que las sociedades de esa época fueran muy proclives a ser manipuladas, de hecho, basaba esta teoría en sus observaciones de los efectos de la propaganda de la Gran Guerra, los cuáles fueron corroborados por los nazis en la 2ª Guerra Mundial.

Naturalmente, las sociedades de la postguerra evolucionaron y se volvió más complejo lograr esta manipulación. Sin embargo, la llegada de la televisión en los años 50′s permitió nuevamente ejercer un férreo control de los contenidos e información que recibían los televidentes y eso, en el caso de nuestro país, permitió a los gobiernos priístas manipular la opinión pública hasta ya entrados los años 90´s. Hay miles de ejemplos de la propaganda ejercida por el gobierno y el control de la libertad de expresión a través de la Secretaría de Gobernación en los medios.

La llegada del internet y sobre todo la popularización de las redes sociales a partir del año 2009 han permitido, al menos en cierta medida, que las personas retomen la libertad de expresión a través de estas plataformas ya que, originalmente, implicaban el rompimiento del monopolio de contenidos que ejercían los medios de comunicación masiva. Sin embargo, la intención de intentar manipular a “las masas” no ha desaparecido, simplemente ha evolucionado volviéndose más compleja y sofisticada.

Hoy nos enfrentamos a diferentes problemas dentro del mundo de la publicidad y propaganda digital, uno de los más claros es que las plataformas digitales, como Facebook, Twitter o Tiktok, privilegian sus intereses económicos sobre la libertad de expresión de los usuarios. Recientemente se publicó en el Washington Post una investigación sobre cómo el Departamento de Integridad Cívica de Facebook, encontró que el algoritmo privilegiaba los contenidos que empleaban palabras más negativas para obtener una mayor cantidad de “likes”, lo cuál no tiene que ver solo con el interés de los usuarios, sino con la exposición que el algoritmo de Facebook da a estos contenidos, mostrándolos sobre otros menos negativos.

Otro punto importante es la capacidad que tienen estas plataformas, incluidas Google, para privilegiar qué información es la que encontramos al realizar una búsqueda, ellos deciden qué contenido mostrarnos, qué sitio web es el primero en la lista y su modelo de negocio se basa en posicionar a los que pagan. Además, pueden escoger a quiénes censurar, bajar sus perfiles o no mostrarles nunca en las búsquedas y esta decisión parece estar basada en sus posturas políticas o sus intereses económicos. En 2020, Sophie Zhang, exempleada de Facebook, declaró a medios que “la red social sabía que los líderes de países de todo el mundo estaban usando su plataforma para manipular a los votantes y que no actuaron” esto porque las elecciones de cualquier país son una enorme fuente de ingresos para Facebook.

A principios de este mes, Frances Haugen, también exempleada y ahora denunciante de Facebook, se presentó ante el Senado de los Estados Unidos con declaraciones como: “casi nadie fuera de Facebook sabe lo que ocurre dentro de Facebook, la dirección de la empresa oculta información vital al público, al gobierno estadounidense, a sus accionistas y a los gobiernos de todo el mundo”. Haugen también mencionó que “Facebook se convirtió en una empresa de un billón de dólares financiando sus ganancias con nuestra seguridad, incluida la seguridad de nuestros hijos.”

A fin de cuentas, la información que recibimos se ha redistribuido entre algunas nuevas y poderosas manos, hemos cambiado de plataforma informativa y han entrado nuevos jugadores. Las “Big Tech”, tienen la ventaja de tener un enorme conocimiento de cada uno de nosotros y sobre todo de las generaciones más jóvenes que han vivido siempre dentro de sus algoritmos. Es evidente que se tiene que regular este poder para evitar o reducir la manipulación de la sociedad.

Esta regulación no puede ser como la planteada por el Senador Monreal cuyo espíritu buscaba que el gobierno pudiese regular los contenidos que se expongan dentro de las redes, lo que en la práctica tendría el obvio sesgo ideológico de la 4T. La regulación que se instrumente debe privilegiar la protección y limitación de los datos e información que puede ser recabada y almacenada por las redes sociales, para que esta no pueda utilizar para manipular a los usuarios. También debe garantizar la libertad de expresión dentro de estas plataformas, por supuesto delimitando sus alcances en oposición a la dignidad y derechos de las personas. Y deberá buscar que exista un equilibrio de oportunidades para que los diversos contenidos, pagados y no pagados puedan ser distribuidos sin las restricciones actuales.

Vale la pena recordar, que uno de los antídotos para la propaganda es la educación, una sociedad bien formada es más crítica y menos proclive a ser mangoneada por los distintos poderes e intereses. Ser conscientes de que existe esta realidad también es importante para reducir los efectos de los medios y plataformas digitales.

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