Hay cifras que no admiten discusión. Mientras algunos insistían en que el nuevo formato de esta Copa del Mundo sería un fracaso, la realidad terminó imponiéndose. México acaba de registrar uno de los mayores fenómenos de audiencia en la historia de su televisión.

El partido México-Ecuador rompió todas las previsiones. Los primeros datos hablan de alrededor de 28 millones de espectadores en televisión abierta para Televisa, que preside Emilio Azcárraga, además de siete millones adicionales en ViX, más de 35 millones en total en esa empresa. TV Azteca, de Ricardo Salinas Pliego por su parte, superó los 24 millones de televidentes. En conjunto, cerca de 60 millones de televisores estuvieron encendidos siguiendo el encuentro, una marca sin precedentes en la historia televisiva de nuestro país.
Más revelador aún es que no se trata de un hecho aislado. Los encuentros del torneo que se transmiten en México por las diferentes plataformas han mantenido audiencias promedio de entre nueve y diez millones de personas, incluso en partidos que, sobre el papel, parecían poco atractivos para el público mexicano.

Ese mismo fenómeno ocurre dentro de los estadios. Los críticos cuestionaron el número de equipos, el formato y hasta la duración del torneo. Sin embargo, los países sede, los propietarios de los inmuebles y los patrocinadores tienen otra lectura: estadios llenos, consumo, turismo, publicidad y una organización que está funcionando. No por casualidad el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha sido reconocido por esa apuesta.
Pero el éxito de convocatoria también obliga a una reflexión. Resulta profundamente lamentable que una fiesta deportiva se haya visto empañada por la muerte de aficionados derivada de las aglomeraciones en los festejos en Paseo de la Reforma. Ningún récord de audiencia ni estadio lleno puede minimizar una pérdida humana. Precisamente porque México ha demostrado que puede convocar a cientos de miles de personas, ahora el reto es elevar el nivel de coordinación entre autoridades, organizadores, cuerpos de seguridad y protección civil. Se requieren protocolos aún más robustos para que el entusiasmo nunca vuelva a convertirse en tragedia.
Hay un dato que pocos conocen. Infantino prácticamente ha hecho de México su segunda oficina durante este torneo. Ha estado presente en la mayoría de los partidos disputados en el país y, tras el México-Ecuador, permaneció hasta la madrugada en el Estadio Ciudad de México celebrando el ambiente, la respuesta del público y la fiesta que se vivió en las tribunas. Este domingo volverá a ocupar su lugar en el inmueble. Difícil encontrar un estadio en el mundo que haya recibido tantas veces, en un mismo torneo, a la máxima dirigencia de la FIFA.
También conviene precisar un episodio que generó comentarios. El grito de apoyo a Venezuela no fue una manifestación espontánea. Formó parte de una activación coordinada por el comité organizador local, con participación del estadio, la FIFA y la Federación, y es que los mexicanos hemos vivido desafortunadamente la desgracia de un terremoto.
Hace apenas unos días recordábamos que fue el expresidente Enrique Peña Nieto quien terminó por confirmar que México sería sede del Mundial de 2026, una decisión que hoy comienza a rendir frutos porque los eventos internacionales no sólo generan derrama económica, también modifican el ánimo social.
Quizá por eso sorprende que desde el Gobierno Federal se haya minimizado la presencia de Infantino. La presidenta Claudia Sheinbaum no ha acudido a los encuentros disputados en territorio nacional, mientras el dirigente de la FIFA no ha ocultado su entusiasmo por México, por su afición y por la capacidad organizativa que ha encontrado.
En tiempos donde las noticias positivas no abundan, el futbol ha logrado algo que pocos eventos consiguen: cambiar, aunque sea por unas horas, el estado de ánimo de millones de mexicanos y eso es algo que no se debe de olvidar.
Sin alarmismos, T-MEC sigue
La decisión de Estados Unidos de no extender de manera automática la vigencia del T-MEC por otros 16 años era un escenario previsto, aunque no por ello deja de enviar un mensaje político y económico que México no puede minimizar.

La respuesta del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, fue acertada al evitar el alarmismo y recordar que el tratado permanece vigente hasta 2036. Lo que cambia es el terreno de juego: comienza una etapa en la que la confianza tendrá que renovarse año con año.
El mensaje de Washington es claro. La integración comercial ya no dependerá únicamente de los beneficios económicos, sino también de la certidumbre regulatoria, el cumplimiento de las reglas y la capacidad de los socios para resolver diferencias sin convertir cada revisión en un conflicto político.
Ebrard apuesta por la negociación y por mantener la confianza de los inversionistas, una estrategia indispensable en momentos en que México sigue siendo pieza clave del fenómeno de relocalización de empresas.
Sin embargo, las declaraciones deberán traducirse en resultados. Resolver los pendientes en materia energética, fortalecer el Estado de derecho, garantizar seguridad para las inversiones y ofrecer reglas claras será la verdadera carta de presentación del país.
El T-MEC sigue vivo, pero la revisión anunciada por Estados Unidos confirma que ya no habrá espacio para la complacencia. La competitividad de México se evaluará permanentemente, y cada decisión interna contará más que cualquier discurso. Y no dejemos de lado la política y acusaciones en contra de funcionarios mexicanos, un tema que no se ha resuelto y que también puede jugar en esta ecuación, aunque digan que no.
Todo es diferente en la frontera

La ventaja de estar en la frontera con Estados Unidos es inmejorable y hay quienes no escatiman en seguir invirtiendo ahí. De ahí que Inventec, uno de los principales fabricantes de electrónicos en el mundo, anunció ante la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, una inversión de 450 millones de dólares para expandir sus operaciones en Ciudad Juárez, a donde llegaron hace 20 años, con lo que generará 6 mil nuevos empleos.
La multinacional de origen taiwanés que dirige Jack Stai, fabrica laptops, teléfonos celulares, tablets y servidores –con clientes como HP, Dell y Lenovo–, y adquirirá un edificio de 36 mil metros cuadrados, además de construir instalaciones de 43 mil metros cuadrados adicionales a su planta Megasite, instalará 45 líneas de producción, además de comprar un terreno de 30 hectáreas para futuras expansiones. Una buena noticia, en tiempos económicos y políticos complicados.
Más de Pemex
Tras las denuncias de su exesposa Carmen, y actual esposa María Felicia Jiménez en contra del exdirector de Pemex, Víctor Rodríguez, nos dicen que hay también denuncias internas por parte de ahora extrabajadoras de la paraestatal, que optaron por renunciar ante el maltrato constante del directivo.
Por lo pronto, la moneda está en el aire.