Mañana se cumple exactamente del golpe más duro que el sistema financiero mexicano haya recibido en años recientes desde Washington, mismo que hoy sigue procesando con cambios en marcha en regulaciones y medidas de prevención de lavado de dinero.
El 25 de junio del año pasado, la Red de Control de Delitos Financieros (FinCEN) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos encendió las alertas globales al señalar a tres instituciones financieras con sede en México —CIBanco, Intercam Banco y Vector Casa de Bolsa— como entidades de preocupación por presunto lavado de dinero vinculado al tráfico de drogas.
La medida no fue menor. Fue la primera aplicación de las nuevas facultades bajo la Ley FEND Off Fentanyl, una legislación diseñada para cortar de raíz los flujos financieros asociados al fentanilo y otras drogas sintéticas, y que coincidió –paradójicamente– con el mayor decomiso de fentanilo anunciado antier por Omar García, quizás demasiado tarde para esas tres instituciones financieras.
En los hechos, se trató de un “apagón financiero” gradual: restricciones a transferencias, aislamiento del sistema bancario estadounidense y una señal inequívoca de riesgo sistémico, y en la que la Secretaría de Hacienda, a cargo de Edgar Amador, tuvo que enfrentar uno de los mayores retos: que el problema no afectara la operación del sistema y, en la parte positiva, a la vuelta de un año, el reforzamiento de las relaciones con sus pares en Estados Unidos.
Hoy, un año después, las tres instituciones ya no operan. Y aunque el dato por sí mismo marca el cierre de un ciclo, lo verdaderamente relevante es lo que detonó hacia dentro del sistema bancario mexicano.
El primero y más evidente cambio fue el endurecimiento del cumplimiento regulatorio. La banca mexicana —sin excepción— elevó sus estándares de prevención de lavado de dinero (PLD/AML). Los modelos de riesgo transaccional fueron recalibrados, especialmente en operaciones con dólares, corresponsalías internacionales y transferencias hacia jurisdicciones de alto riesgo.
El segundo efecto fue cultural: el “riesgo reputacional” dejó de ser un concepto abstracto para convertirse en una variable de supervivencia. Las instituciones aceleraron procesos de depuración de clientes, reforzaron el conocimiento del cliente (KYC) y ampliaron la vigilancia sobre beneficiarios finales. En la práctica, abrir una cuenta o mover montos elevados hoy implica más filtros, más documentación y más trazabilidad.
El tercer impacto se sintió en la relación con el sistema financiero global. Los bancos internacionales reforzaron el “de-risking”: menos tolerancia a intermediarios con señales de alerta, mayor escrutinio a bancos medianos y una revisión más estricta de flujos provenientes de México.
Para los clientes, el cambio también es tangible. Hoy existen más alertas en transferencias internacionales, mayor monitoreo de operaciones inusuales y una supervisión más estricta sobre efectivo y dispersión de recursos. Aunque incómodo para algunos usuarios, el sistema se volvió más rígido, pero también todos esperamos que esté más blindado.
Detrás de todo esto, la advertencia de fondo sigue vigente: el combate al financiamiento ilícito ya no es un asunto doméstico. Es una pieza central de la estabilidad financiera global. Y México, por su peso en los flujos regionales, está bajo una lupa permanente.
La pregunta más importante que se hacen todos, es si realmente, se aprendió la lección.
Park Life: la prueba apenas comienza
En un mercado bursátil que necesita nuevas historias de crecimiento, el debut de Fibra Park Life en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) llegó en un momento oportuno.
El tradicional campanazo se dio, los recursos se levantaron y la primera Fibra especializada en vivienda en renta ya ocupa un lugar en el mercado. La apuesta de Park Life, encabezada por Gustavo Tomé, es relevante porque busca institucionalizar un segmento que en México sigue operando de manera fragmentada. La vivienda en renta es un mercado enorme, pero dominado por propietarios individuales, contratos poco estandarizados y una oferta dispersa. Ahí está la oportunidad.
La Fibra arranca con cuatro propiedades en Ciudad de México y Querétaro, son 287 unidades y su plan es llegar a mil 300 hacia 2030, alcanzando también un valor de más de 10 mil millones de pesos.
Ahí es cuando se podrá ver la fuerza del vehículo, que plantea en su estrategia crecer sin perder disciplina, comprar activos que ya estén operando, evitar el riesgo de construcción y demostrar que la vivienda en renta puede tener escala dentro del mercado bursátil mexicano.
La tarea no será fácil: se trata de demostrar que la vivienda residencial puede convertirse en una categoría sólida dentro del ecosistema de Fibras mexicanas. Lo interesante es que la estrategia no está basada en construir desde cero, sino en adquirir activos ya estabilizados, operarlos de manera profesional y generar economías de escala. En teoría, una fórmula menos riesgosa y más eficiente para crecer.
Y es que la confianza del mercado se vio, ya tiene el objetivo de ejecutar un plan de crecimiento que apunta a multiplicar 6.9 veces el valor estimado de su portafolio y 4.5 veces la cantidad de unidades en menos de cinco años.
Sin duda, la vivienda en renta profesionalizada es una tendencia global. Ahora falta comprobar que también puede ser una historia de éxito bursátil en México. El campanazo ya sonó; ahora viene lo más difícil: crecer y cumplir, y todo indica que la Fibra mexicana ya lleva la delantera.
Pemex y Petrobras: la señal que sí gustó al mercado
No todos los días Pemex genera una noticia que sea recibida en general de manera positiva. Por lo general “le llueve sobre mojado”, así que mejor cuando es bien vista con optimismo por los inversionistas. Esta vez ocurrió.
Y es que el anuncio del Memorando de Entendimiento entre Pemex que lleva Juan Carlos Carpio Fragoso y Petrobras al frente con Magda Chambriard, fue leído por los mercados como una señal positiva en momentos en que la petrolera mexicana busca recuperar credibilidad, elevar producción y demostrar que aún puede construir alianzas estratégicas con jugadores de talla mundial.
La reacción no es casual. Petrobras se ha convertido en una de las petroleras estatales más exitosas del mundo, particularmente en exploración en aguas profundas y desarrollo de campos complejos. Que vea oportunidades en México y, especialmente, en el Golfo de México, envía un mensaje que trasciende el documento firmado.
Es cierto que el acuerdo no implica inversiones inmediatas ni la creación de una sociedad conjunta. Tampoco compromete recursos. Pero sí abre la puerta para compartir tecnología, experiencia operativa y mejores prácticas en exploración, refinación, petroquímica, fertilizantes y reducción de emisiones.
Los inversionistas lo entendieron rápidamente: más allá de la firma, lo importante es que Pemex volvió a hablar de oportunidades de crecimiento y no únicamente de rescates o deuda. Y eso, en sí mismo, ya es una buena noticia.
Fichaje en Santander
Ha sido un año de intensos movimientos en la banca mexicana. Ahora sume la salida de Santiago Gil de HSBC México que llevaba el segmento de tarjetas de crédito, y quien ya fue fichado por Santander México, donde desde hace meses hay una reconfiguración en todo el grupo en todos los países en donde tiene presencia.
Y es que las tarjetas vuelven a estar en el centro de la competencia bancaria, ya que mientras el crédito al consumo mantiene dinamismo y la digitalización acelera la relación con los clientes, las instituciones buscan fortalecer equipos capaces de combinar rentabilidad, innovación y control de riesgos.
Porque en la banca, como en el futbol, la competencia está intensa.
Por lo pronto, la moneda está en el aire, y hoy gana México.