Por años, el discurso oficial sobre la extorsión en México se movió entre estadísticas, llamadas telefónicas y operativos aislados. Pero ahora hay un reconocimiento que no pasa desapercibido: el dinero de la extorsión sí entra al sistema financiero y sí utiliza cuentas bancarias para moverse.

Desde luego, eso es un tema que se ha venido hablando desde hace tiempo, pero denunciar una cuenta que se utiliza para este tipo de fraudes, era y es misión imposible. Sólo si había algún contacto en el sistema bancario era posible, al menos, fastidiar al delincuente y por un breve periodo de tiempo, lograr que no hiciera uso de los recursos. Aun con denuncias de por medio, la forma en cómo se opera el sistema financiero, les permite en algún momento tener acceso a los recursos obtenidos por medio de un delito, ya que las denuncias no son suficientes.

Por ello, la decisión de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), que lleva Omar Reyes junto con la Asociación de Bancos de México (ABM), que preside Emilio Romano, de emitir una guía específica para detectar operaciones relacionadas con extorsión no es un trámite administrativo más. Es, en los hechos, la aceptación de que este delito no se ha reducido y que los grupos criminales han perfeccionado sus mecanismos para utilizar al sistema bancario como vehículo de dispersión y lavado de recursos.
Porque una cosa es perseguir a quien llama para amenazar y otra, mucho más compleja, seguir la ruta del dinero y ahí, en corto, todos reconocen que si bien ha disminuido delitos de alto impacto, la extorsión o cobro de cuotas en que se dejan cuentas bancarias para hacer depósito y que afecta a comerciantes son una realidad.
La nueva guía para sujetos obligados del sector financiero busca justamente eso: identificar perfiles transaccionales vinculados con recursos obtenidos mediante extorsión y frenar operaciones que intentan ocultar el origen ilícito del dinero. En otras palabras, reconocer que detrás de muchos depósitos, transferencias y movimientos aparentemente cotidianos puede existir una cadena criminal perfectamente estructurada.
No es casual que la UIF destaque el papel de la banca en la construcción de esta herramienta. La ABM aportó experiencia operativa, patrones de comportamiento y mecanismos de monitoreo. Traducido al lenguaje cotidiano: los bancos conocen cómo se están usando las cuentas para dispersar recursos producto de la extorsión.
Y eso tiene varias lecturas, la primera, positiva, es que finalmente existe una coordinación más directa entre autoridades financieras y bancos para atacar el problema desde la inteligencia financiera y no sólo desde el ámbito policial. Seguir el dinero sigue siendo la vía más eficaz para desmontar estructuras criminales.
Pero la segunda lectura es mucho más delicada: si hoy se construye una guía especializada es porque el fenómeno alcanzó un tamaño que ya no puede minimizarse.
La extorsión dejó de ser un delito “de efectivo” desde hace tiempo. Hoy utiliza transferencias inmediatas, cuentas de terceros, aplicaciones móviles y esquemas de dispersión que dificultan rastrear a los beneficiarios finales. El crimen evolucionó con la digitalización financiera, es un hecho.
Desde luego, es una lucha titánica la que inicia, pues mientras el sistema financiero fortalece filtros, los delincuentes también aprenden rápido y tienen conocimiento de los procesos, por lo que cambian cuentas, triangulan recursos, usan identidades prestadas; las llamadas “mulas” que se ha querido hacer desde aquel famoso hackeo a los proveedores del SPEI que se usaron para retirar dinero, el tener una lista y “vetarlos” del sistema bancario, pero no se ha podido avanzar en esa propuesta, por lo que aprovechan vacíos operativos. Y aunque la banca ha invertido miles de millones en prevención de lavado, la realidad es que la extorsión sigue creciendo como uno de los delitos más extendidos y menos denunciados del país.
Sin duda, la banca tiene el desafío de demostrar que puede cerrar espacios a un delito que encontró en las cuentas bancarias una vía eficiente para mover dinero sin levantar sospechas inmediatas.
Porque el mensaje detrás de esta guía es claro: la extorsión sigue ahí, más sofisticada, más financiera y más integrada a la economía de lo que muchos quisieran admitir.
Secretaría de la Mujer, olvidada

La salida de Citlalli Hernández de la Secretaría de las Mujeres en donde prácticamente no hizo nada, dejó algo más que una vacante en el gabinete: exhibió el lugar que ocupa la política de género en las prioridades del poder, que es ninguno.
Mientras el país enfrenta cifras alarmantes de violencia contra las mujeres, desapariciones y rezagos en acceso a justicia, la sucesión en la Secretaría de las Mujeres parece avanzar más como un cálculo político que como una definición de Estado y ahí siguen sin tener una titular al frente.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha dicho que “evalúa perfiles”, pero el mensaje de fondo es otro: la dependencia no parece un área de importancia y ya han pasado semanas entre especulaciones, filtraciones y nombres que suben y bajan según el ánimo del círculo político.
Ahí aparecen tres perfiles: Sasil de León Villard, con experiencia en temas femeninos y trabajo territorial; Ingrid Gómez Saracíbar, conocedora de la operación interna; y Anais Burgos Hernández, identificada con la narrativa popular de Morena.
Pero más allá de quién llegue, el problema es otro: cuando una secretaría de la primera mujer presidenta sigue sin un titular a más de un mes, queda claro que el discurso feminista del oficialismo no necesariamente se traduce en prioridad gubernamental. Triste panorama.
Desarrollos inmobiliarios, el negocio a revivir

En medio de la desaceleración económica y la presión sobre la infraestructura urbana, arranca este martes The Real Estate Show 2026, evento organizado por la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios (ADI), presidida por Bosco Quinzaños.
Con una agenda que refleja bastante bien hacia dónde se está moviendo el debate económico en México, el encuentro reúne fondos de inversión, desarrolladores, firmas financieras, especialistas y empresas internacionales para discutir temas como asignación global de capital, infraestructura, financiamiento, desarrollo urbano, logística, sostenibilidad y tecnología aplicada al sector inmobiliario.
Más que un simple foro de construcción, parece haberse convertido en una radiografía de las preocupaciones económicas del país: crecimiento, competitividad y capacidad para seguir atrayendo inversión en un entorno internacional cada vez más incierto, la construcción –que ha caído mucho en los últimos años, principalmente en la Ciudad de México– resulta clave.
La propia agenda muestra un cambio interesante en el sector. Hace algunos años este tipo de encuentros giraban principalmente alrededor de la vivienda, oficinas o centros comerciales. Hoy aparecen con fuerza temas como infraestructura industrial, automatización, planeación urbana, energía, movilidad y transformación tecnológica.
El sector inmobiliario empieza a funcionar como un indicador bastante preciso de las fortalezas y limitaciones del modelo económico nacional. El capital sigue buscando oportunidades en México, pero cada vez resulta más evidente que el desafío ya no consiste solamente en atraer inversiones, sino en construir la infraestructura, los servicios y la certidumbre indispensables para sostenerlas. Seguro saldrán datos interesantes, ya les contaremos.
Western Unión y su nueva Fintech
La apuesta de Western Union por México confirma el valor estratégico del mercado Fintech nacional. Tras más de dos años de trámites y autorizaciones, la firma logró el control de Lana y prepara una billetera digital. El mensaje es claro: México sigue atrayendo inversión, aunque la regulación continúa siendo lenta y compleja, pero se une al mercado financiero bajo la Ley Fintech.
Por lo pronto, la moneda está en el aire.