El anuncio del cambio de la perspectiva de México de positiva a negativa, causó por momentos alertas y preocupaciones en empresarios y sector financiero, ya que es un dato clave para medir lo que se espera en el futuro inmediato de un país, y también hay que reconocerlo, las palabras “perspectiva negativa” no gusta a nadie, pero también las calificaciones reflejan cierto momento en que la información se procesa, y hoy trabajan a marchas forzadas para activar la economía.
La Secretaría de Hacienda y Crédito Público que lleva Edgar Amador, como bien explicó cuando se conoció la noticia, lejos de encender alarmas mayores, esa decisión de S&P abre una nueva etapa para la economía mexicana: la de demostrar que el país puede ajustar sus finanzas públicas sin perder dinamismo ni capacidad de inversión y eso, están seguros se verá ya en este año.
El foro organizado por El Financiero “Construyendo Oportunidades…Crecimiento Económico con Equidad” que logró por primera vez reunir a tres secretarios de estado, que trabajan en poner en marcha los distintos proyectos para reactivar la economía mexicana a través del Plan México, proyectos de infraestructura y en el sector energético, mostró lo que hemos platicado, el compromiso de trabajar de manera coordinada con la iniciativa privada para que las inversiones fluyan, y con ello se retome la ruta del crecimiento de la economía y la creación de empleos.
En el caso de la Secretaría de Hacienda, sin duda se ven retos y también la oportunidad para que después de años de gasto extraordinario para concluir proyectos estratégicos, fortalecer programas sociales y respaldar a empresas del Estado, México entre ahora en una fase distinta: consolidar las finanzas públicas con una visión más ordenada y sostenible.
La lectura de S&P tiene matices importantes que no deben perderse de vista. La calificadora mantuvo el grado de inversión porque reconoce que México conserva fortalezas macroeconómicas relevantes: estabilidad financiera, disciplina monetaria, un sistema bancario sólido y una posición comercial privilegiada frente a Estados Unidos. El ajuste fue únicamente en la perspectiva y responde, sobre todo, a un escenario conservador sobre crecimiento y presiones fiscales futuras.
Pero incluso en ese contexto comienzan a verse señales de cambio. Hacienda ha dejado claro que la prioridad será reducir gradualmente el déficit fiscal y mantener una ruta responsable de consolidación. Los Requerimientos Financieros del Sector Público se estiman en 4.1 por ciento del PIB para 2026 y en 3.5 por ciento para 2027, una trayectoria que busca enviar certidumbre a inversionistas y mercados.
Además, el gobierno apuesta por algo que puede convertirse en el principal motor de esta nueva etapa: la inversión productiva. El Plan de Inversión en Infraestructura por 5.6 billones de pesos entre 2026 y 2030 no sólo busca modernizar energía, carreteras, trenes, puertos, agua y salud; también pretende generar crecimiento, empleo y mayor actividad económica que fortalezca la recaudación sin necesidad de medidas fiscales agresivas. Aunque necesario, nadie quiere una reforma fiscal integral.
Ese es quizá el mensaje más relevante detrás del momento actual: México no está entrando en una etapa de freno económico, sino en una de reacomodo financiero. Desde luego que Hacienda tendrá ahora la tarea de convertir esa confianza en resultados.
El mercado observará no sólo el control del gasto, sino la capacidad de Hacienda para mantener estabilidad mientras impulsa inversión y crecimiento. Y aunque el camino no será sencillo, hay señales de que el gobierno entiende que la disciplina fiscal ya no es opcional, sino parte central de la estrategia económica y también, tienen claro, que trabajar con la iniciativa privada es el camino para que el país crezca.
Luz y gas, ya listos

La apuesta que presentó Luz Elena González Escobar no es menor, habló de viabilidad técnica, ambiental y financiera, tres conceptos que en el sector energético suelen traducirse en algo más simple: dinero, regulación y tiempo.
En medio de un entorno internacional marcado por la volatilidad geopolítica y la creciente competencia por asegurar fuentes de energía confiables, México comienza a enviar señales claras sobre el rumbo que busca tomar en materia energética. Y esta vez, el mensaje no vino únicamente desde la narrativa política, sino desde un planteamiento técnico y económico que empieza a abrir conversaciones relevantes para el sector privado, ya que están más que interesados en participar.
Durante el Foro de El Financiero “Construyendo oportunidades y crecimiento económico con equidad”, la secretaria de Energía, Luz Elena González, puso sobre la mesa uno de los temas más delicados para la competitividad nacional: la dependencia del gas natural importado desde Estados Unidos.
El dato no es menor. México importa alrededor del 70 por ciento del gas natural que consume, un energético que hoy resulta fundamental para la generación eléctrica, la industria manufacturera y buena parte de la actividad económica vinculada al nearshoring.
Reconocer esa vulnerabilidad y, sobre todo, plantear una estrategia para reducirla, parece ser el primer gran giro de la nueva administración energética.
El gas natural, aunque no es la meta final en términos climáticos, sí representa un energético de transición que puede dar estabilidad al sistema mientras avanzan proyectos de generación limpia. Porque en el nuevo tablero global, la soberanía energética ya no sólo es un discurso político; empieza a ser una condición indispensable para competir y todo indica, que por fin, dado que hay licitaciones en marcha y que esperan al final de este año estar canalizando recursos a estos programas, el sector energético mexicano entrará en una etapa menos política y más financiera, y es que al final, los mercados no reaccionan a los discursos de soberanía, sino a los buenos planes financieros y a la certidumbre.
Y esa será la prueba más importante para la nueva administración: demostrar que el nuevo modelo energético puede generar confianza sin renunciar al control del Estado. ¿Se logrará?
Ebrard dominando al Tratado

En medio del ruido global, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard llegó al foro de El Financiero con un mensaje que mezcló pragmatismo, cálculo político y una dosis de optimismo económico, ya que es cierto, todos queremos que la revisión del T-MEC avance y deje de ser el elemento de incertidumbre que tiene a empresarios y gobierno en algunos temas en stand by, lo que no es nada bueno para la economía.
Y es que la palabra “incertidumbre” domina cualquier conversación sobre comercio exterior y por eso, con total dominio del tema, no vendió triunfalismos. Habló, más bien, de un nuevo tablero mundial donde México busca jugar con ventaja relativa. Y ahí está la clave de su narrativa: mientras Estados Unidos endurece reglas comerciales y redefine cadenas de suministro, México intenta convertirse en el socio indispensable.
Ebrard fue insistente en un punto: el país mantiene hoy una posición privilegiada frente a otros competidores asiáticos y europeos. No porque el escenario sea ideal, sino porque el nuevo sistema comercial de Washington castiga más a otros jugadores. “Desventajas comparativas”, lo llamó.
Pero detrás del discurso también hay una apuesta de largo plazo. La relocalización industrial dejó de ser promesa para convertirse en estrategia de supervivencia económica. Semiconductores, dispositivos médicos, robótica, centros de datos e inteligencia artificial aparecen ya como las nuevas palabras clave del sexenio y en la que se han enfocado, porque tiene claro que la iniciativa privada es clave en todo este proceso, que decir, es la base para que el país retome el crecimiento y salga del estancamiento.
Por eso, además de permitir preguntas de los empresarios que asistieron al foro, que fue totalmente gratuito, el mensaje a empresarios fue directo: México tiene la oportunidad de capturar procesos productivos que antes vivían en Asia y que ahora Washington quiere acercar a Norteamérica.
Por eso no es casual que el funcionario hable con entusiasmo del acuerdo comercial con Europa, de las misiones a India y China o incluso de energía nuclear para sostener la expansión tecnológica, de lo que ya las platicaremos más mañana.
Claro, el camino no será terso. La renegociación del T-MEC amenaza con convertirse en una revisión permanente. Y aunque el secretario transmite confianza, también reconoce que nadie sabe cuánto durará el nuevo modelo comercial estadounidense.
Aun así, en el equipo económico parecen convencidos de algo: esta vez México no quiere llegar tarde al cambio global.
El peso de la tramitología
Si en algo coincidieron los empresarios mexicanos es que la inversión no está detenida por falta de interés, sino por exceso de trámites. Y eso, en un momento donde México busca consolidarse como destino estratégico para el capital, se vuelve un lujo que el país ya no puede darse.
La reflexión de Salvador Daniel Kabbaz Zaga, CEO de Grupo Danhos durante el foro de El Financiero, pone el dedo en una realidad que empresarios de distintos sectores comparten desde hace años: hay proyectos listos para arrancar, recursos disponibles y apetito de inversión, pero los tiempos burocráticos siguen siendo el mayor obstáculo.
La buena noticia es que hoy existe una ventana para cambiar esa historia; de pasar del papel a los hechos la propuesta de las autorizaciones exprés y la simplificación regulatoria anunciadas por el Gobierno Federal eso puede convertirse en el verdadero detonador de inversiones, sobre todo en sectores como infraestructura, desarrollo inmobiliario y logística, donde cada mes detenido representa millones de pesos inmovilizados. Porque destrabar trámites no es solo simplificar papeles. Es liberar crecimiento.
Por lo pronto, la moneda está en el aire.