Mitos y Mentadas

Irán, Rusia y los drones: una sola guerra

La confrontación entre Estados Unidos e Irán está vinculada a la guerra en Ucrania, donde la tecnología militar iraní está influyendo activamente en el campo de batalla dándole ventajas importantes a Rusia.

Durante semanas, el debate público ha repetido un argumento familiar: Irán no representaba una amenaza “inminente” para Estados Unidos. La lógica parece sencilla. Si la amenaza no era inmediata, no había urgencia, y cualquier acción preventiva podía considerarse prematura. Sin embargo, este razonamiento pasa por alto un hecho crucial. La confrontación entre Estados Unidos e Irán está vinculada a la guerra en Ucrania, donde la tecnología militar iraní está influyendo activamente en el campo de batalla dándole ventajas importantes a Rusia. Considerar estos conflictos como separados descansa sobre una premisa equivocada. Que el costo de esperar es cero.

Durante casi medio siglo Irán ha seguido una lógica consistente de fortalecer sus capacidades convencionales, expandir su alcance regional y construir una red de influencia indirecta a través de proxis. Hezbollah en el Líbano, milicias en Irak, hutíes en Yemen, y apoyo a Hamas.

Hezbollah ha sido financiado y armado durante décadas con decenas de miles de cohetes y misiles capaces de alcanzar prácticamente todo el territorio israelí. En Yemen, los hutíes han pasado de ser una insurgencia local a operar drones y misiles de largo alcance que han impactado infraestructura en Arabia Saudita y han alterado rutas comerciales en el Mar Rojo. En Irak y Siria, milicias respaldadas por Irán han atacado de manera recurrente bases y personal estadounidense.

A esto hay que sumar un elemento clave que es la evolución tecnológica. Irán no sólo acumuló más armas, mejoró su calidad. Más alcance, mayor precisión, drones más sofisticados, capacidades de saturación diseñadas para complicar los sistemas defensivos. Cada año no era simplemente más de lo mismo. Era un salto incremental en la capacidad de daño.

Aquí es donde el argumento de la no inminencia se vuelve peligroso, porque trata el tiempo como si fuera neutral cuando en realidad jugó a favor de Irán. Cada mes adicional significó más capacidades desplegadas, más entrenamiento para sus proxis y más infraestructura distribuida. También implicó un desplazamiento gradual del balance estratégico en una dirección más adversa.

Quienes cuestionan la idea de actuar antes de la inminencia tienden a enfocarse en el riesgo de actuar demasiado pronto. Pero rara vez cuantifican el riesgo de actuar demasiado tarde.

La evidencia de las últimas décadas apunta exactamente al riesgo de haber actuado tarde. Irán se expandió y sofisticó no solo en su proyección regional, sino en su capacidad de convertirse en un proveedor estratégico de conflictos ajenos.

El caso de Ucrania es la prueba más clara del costo de haber esperado. Durante años se permitió que Irán desarrollara, perfeccionara y escalara su tecnología de drones sin una contención efectiva. Cuando Rusia invadió Ucrania, esa capacidad ya estaba probada y era exportable. El resultado es que Moscú no solo encontró un proveedor en Teherán, sino que también encontró una solución estratégica.

Si hoy muchos expertos y medios sostienen que unos cuantos misiles y drones diarios bastan para impedir que Estados Unidos pueda ganar un conflicto, entonces la pregunta inevitable es: ¿Qué dirían de Ucrania, donde Rusia con apoyo iraní lanza diariamente entre 350 y 500 drones? Y si la guerra en Ucrania es una prioridad estratégica para la Unión Europea, entonces ¿cómo pueden sostener al mismo tiempo que un conflicto entre Estados Unidos e Irán no le concierne? Irán forma parte de ese conflicto con Ucrania. Ha armado, financiado y transferido tecnología que Rusia utiliza todos los días en el campo de batalla. Si no estuviera en estos momentos en guerra con los Estados Unidos lo seguiría haciendo.

Los drones tipo Shahed cambiaron la naturaleza del conflicto. Según estimaciones, Rusia ha lanzado más de 57,000 de estos contra Ucrania. No se trata solo del volumen. Se trata del efecto. Han permitido sostener una guerra de desgaste, y golpear infraestructura energética de manera constante.

La inacción frente a Irán no solo fortaleció a un actor regional. Terminó alterando el balance de un conflicto en Europa. Durante todo este proceso, la Unión Europea y muchas de las grandes cadenas internacionales de noticias han preferido mirar hacia otro lado.

Este patrón no se limitó solamente Europa o a Medio Oriente. Irán ya estaba exportando este modelo a occidente particularmente a través de su alianza con Venezuela. De no haber sido por la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, la transferencia de capacidades militares para sostener conflictos indirectos hoy estaría avanzando en el continente.

En geopolítica el error no es anticiparse al problema, el verdadero error es permitir que crezca lo suficiente como para que, cuando finalmente se actúe, ya no sea un problema contenido, sino un sistema de riesgos interconectados. Para entonces, el costo ya no se mide en decisiones. Se mide en guerras más difíciles de ganar.

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