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Propiedad, gobierno y gestión: la tensión invisible que frena a la empresa familiar

En ocasiones, la lealtad afectiva compite con la evaluación objetiva del desempeño e interfiere en procesos de selección y sucesión.

Integrante del Comité Técnico Nacional de Gobierno Corporativo y Jurídico Financiero IMEF.

Más del 90% de las empresas en México son familiares y generan una parte sustantiva del empleo y del Producto Interno Bruto(¹). La empresa familiar encarna la convergencia de dos pilares esenciales del país: la familia, base de la cohesión social, y la empresa, motor de la actividad económica. Cuando esa convergencia opera sin una estructura clara, el riesgo deja de ser únicamente empresarial y adquiere una dimensión sistémica.

En la práctica, toda empresa familiar convive con tres niveles que influyen en su rumbo: propiedad, gobierno y gestión operativa. La propiedad representa a los accionistas y su visión patrimonial de largo plazo. La gobernanza se integra por los órganos que orientan y supervisan las decisiones estratégicas, ya sea a través de un comité o de un consejo formal. La gestión corresponde a la dirección general y al equipo directivo, responsables de la ejecución disciplinada y la rendición de cuentas.

El problema surge cuando estos niveles se traslapan. Cuando el accionista interviene directamente en la operación, cuando la dirección decide asuntos patrimoniales sin supervisión o cuando no existe un órgano que delimite responsabilidades, la organización entra en una zona de ambigüedad. Se confunden los roles, se envían señales contradictorias y las responsabilidades se diluyen, abriendo espacio a decisiones discrecionales.

Estas tensiones son naturales. El fundador tiende a preservar el control; la organización exige procesos y disciplina. La familia busca seguridad patrimonial; la empresa requiere reinversión para crecer. En ocasiones, la lealtad afectiva compite con la evaluación objetiva del desempeño e interfiere en procesos de selección y sucesión. Sin mecanismos claros de gobernanza, estas tensiones no desaparecen: se trasladan a la operación cotidiana, erosionan resultados y terminan impactando la relación familiar.

El efecto no siempre es visible en el corto plazo, pero afecta la disciplina financiera, la capacidad de atraer talento, el acceso a financiamiento y la percepción institucional ante bancos e inversionistas. En un entorno global marcado por mayores exigencias regulatorias, criterios ESG y un reordenamiento económico por bloques, la ausencia de institucionalización comienza a comprometer la continuidad de algunas empresas.

Ante este escenario, la estrategia consiste en darle a cada ámbito su lugar. Separar no significa fragmentar; significa ordenar. La propiedad debe definir reglas patrimoniales claras, incluyendo política de dividendos y sucesión. La gobernanza debe establecer el marco estratégico, supervisar riesgos y evaluar resultados. La gestión debe concentrarse en ejecutar con eficiencia y plena rendición de cuentas. Cuando cada nivel ocupa su espacio natural, la empresa gana claridad y coherencia en la toma de decisiones.

El Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) ha impulsado consistentemente la adopción de mejores prácticas de gobierno corporativo como herramienta para fortalecer la competitividad empresarial. La claridad en los roles reduce conflictos, mejora el desempeño y contribuye a la permanencia de las empresas en el tiempo.

La institucionalización puede ser gradual. No todas las organizaciones requieren de inmediato un consejo con consejeros independientes, pero sí mecanismos formales que delimiten decisiones estratégicas de decisiones operativas. La diferencia entre una empresa que sobrevive y una que trasciende generaciones radica en su capacidad para ordenar estos tres niveles.

Desde el Comité Técnico Nacional de Gobierno Corporativo y Jurídico Financiero del IMEF hemos sostenido que profesionalizar la toma de decisiones no debilita a la familia empresaria; la protege y la proyecta hacia el futuro.

Institucionalizar no es burocratizar. Es establecer reglas antes de que el conflicto obligue a imponerlas. Es pasar del control personal al control estructurado. Es preparar a la empresa para competir, financiarse con solidez y sostener su permanencia en un entorno cada vez más exigente.

¹ Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2024). Censos Económicos 2024: Resultados oportunos. www.inegi.org.mx

victor_vela@theodcg.com

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