Héctor Shibata, Ricardo Latournerie, Ana Maury Aguilar y Patricio Alanis, Presidente e Integrantes del Comité Técnico Nacional de Emprendimiento IMEF.
Imagina si para escuchar una canción de Bad Bunny o Karol G tuvieras que usar una app exclusiva de Rimas Entertainment o de Interscope Records, y no pudieras usar Spotify, YouTube o Apple Music. Suena arcaico, ¿verdad? Sin embargo, así es como hemos manejado nuestras finanzas por décadas: fragmentadas y desconectadas. El Open Banking promete hacer con tu dinero lo que Spotify hizo con la música: integrar todo en un solo lugar, personalizado y accesible, sin importar quién sea el proveedor detrás del telón.
El Open Banking, o banca abierta, es la transparencia y comunicación entre instituciones financieras para facilitar la personalización y disponibilidad de servicios. Esta innovación hace más eficiente a la banca digital, preservando la confidencialidad bajo el permiso explícito de los clientes. Un ejemplo de gran crecimiento son las transferencias interbancarias instantáneas; el SPEI se ha convertido en un habilitador clave gracias a su infraestructura de pagos.
Esta es la piedra angular de un ecosistema más complejo: el Open Finance. Aquí, los datos compartidos van más allá de la banca. Es un intercambio completo de información de preferencias y actividades mediante APIs. Estos datos generan modelos complementarios que robustecen los perfiles de los clientes y ayudan a medir el riesgo desde otros ángulos. En el contexto de México, esto permitirá ofrecer desde productos bancarios y seguros hasta inversiones ajustadas a las necesidades de una población que aún realiza la mayoría de sus transacciones en efectivo.
En México, este concepto se convirtió en marco jurídico con la Ley Fintech de 2018. Esta legislación pionera estableció los cimientos para un ecosistema de Open Banking, ordenando la creación de APIs estandarizadas y supervisadas por la CNBV y Banxico. Estas se clasifican en datos abiertos, datos agregados del cliente (con consentimiento) y transaccionales. Aunque la implementación ha sido gradual, este marco coloca a México en el mapa global de innovación financiera regulada, un tema que los asociados del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) analizan con detenimiento por sus implicaciones en la competitividad del sector.
Sin embargo, el camino tiene desafíos. La seguridad de los datos financieros es la piedra angular y sin una ciberseguridad robusta, la confianza del usuario se diluye. Además, lograr la interoperabilidad entre cientos de instituciones requiere estándares técnicos precisos y una gobernanza colaborativa. A esto se suma la necesidad crítica de educar al usuario final sobre el valor y la seguridad de compartir sus datos, para que el ecosistema sea socialmente adoptado.
Este marco ha catalizado nuevos protagonistas. Junto a los bancos tradicionales, florecen los Proveedores de Servicios de Terceros (TPPs) como Belvo o Finerio, que agregan información de múltiples cuentas en una sola vista. Surgen también fintechs como Klar o Nu, que ofrecen herramientas de gestión personalizada. Y en la infraestructura, el modelo de Banking as a Service (BaaS) permite que cualquier empresa integre servicios bancarios en su oferta, redefiniendo la competencia.
Mirando hacia el futuro, la apertura regulada se extenderá a seguros, pensiones e inversiones. La inteligencia artificial, alimentada por estos datos, permitirá una hiper-personalización de servicios y veremos el auge de las “super apps”. La identidad digital verificable será un activo crucial. Para que México navegue con éxito esta ola, se requiere una interlocución constante entre reguladores, industria y academia.
En este esfuerzo, el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) se consolida como un foro indispensable para articular la visión de los líderes del sector, donde la apertura, la inclusión y la innovación responsable son los pilares. El futuro no es solo de bancos abiertos, sino de ecosistemas financieros inteligentes e integrados en la vida del usuario.
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