Contracorriente

Hay alternativas

Muchas propuestas civiles coinciden en desplazar el crecimiento como eje del progreso y en poner en su lugar el bienestar social.

Redefinir las políticas económicas y sociales en favor de lo que realmente importa, que es alcanzar el bienestar para todos, no es un asunto de sentido común; aunque pocos dudan que la globalización neoliberal se está desmoronando, que empequeñeció la capacidad de respuesta de los gobiernos a las demandas sociales, que acentuó todo tipo de desigualdades y que aceleró la inestabilidad ambiental, nada asegura que nuevas ideas podrán reemplazar al paradigma neoliberal.

Hay propuestas sobre qué y cómo hacerlo, pero han surgido todas de organizaciones sociales -carentes de poder efectivo- porque los gobiernos están comprometidos con la lógica mercantil -crecimiento sin límites del PIB- y con su finalidad última, que es la rentabilidad del capital invertido por las empresas.

El Club de Roma convocó, junto con el Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, el Centro de Resiliencia de Estocolmo y la Escuela de Negocios de Noruega, a la integración de un colectivo de economistas, científicos y líderes sociales que se identifica como Earth4All. Lo encuentra en https://www.earth4all.life/

Su enfoque es el de “una economía anclada en la economía del bienestar, en lugar del crecimiento a cualquier costo del PIB”, y que “asegure una Tierra próspera para todos”. Propone abrir a la ciudadanía la discusión sobre el rediseño de la economía y, para darle comienzo, presenta cinco fenómenos de la actualidad que tendrían que cambiar para favorecer tanto el bienestar colectivo como la protección de la naturaleza.

Se trata de eliminar la pobreza, en la que sobrevive la mitad de la humanidad con menos de cuatro dólares diarios, elevando el ingreso universal a un mínimo de 40 dólares diarios; propone reducir las desigualdades, limitando a 40 por ciento de la riqueza nacional el tope de lo que pueda detentar el 10 por ciento más rico de cada sociedad.

El empoderamiento de las mujeres y la equidad de género haría que todos, en la sociedad, se sientan valorados y apreciados, sensación de igualdad que facilitaría que todo funcione mejor.

Los sistemas alimentarios deben cambiar porque son causantes de trastornos ambientales graves debido al abuso de agroquímicos, a la deforestación y al desperdicio en la distribución y hábitos de consumo de los productos agropecuarios.

El quinto tema es el cambio de fuentes de energía fósiles por renovables, crucial para abatir los gases de efecto invernadero; se requiere con urgencia triplicar las inversiones en tecnologías que ya cuestan lo mismo o menos que las fuentes de origen fósil.

Muchas propuestas civiles coinciden en desplazar el crecimiento como eje del progreso y en poner en su lugar el bienestar social; la urgencia de hacerlo la constata el último Informe de Desarrollo Humano de la ONU, según el cual, la situación de la humanidad es más problemática que en cualquier otro momento de la historia moderna; la intensidad de las opiniones negativas sobre las perspectivas futuras es mayor que nunca.

De ahí que el cambio más importante de este siglo XXI debería ser la reorganización de la sociedad para trabajar y para distribuir los beneficios, mediante la implantación de un nuevo paradigma de progreso que combine economía, bienestar y estabilidad ambiental.

COLUMNAS ANTERIORES

Las inversiones no generan ganancias
Dos requisitos para crecer

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.