Con un aparente “a quien corresponda”, el expresidente López Obrador, desde el conocido y remoto paraje en el sureste de nuestro país, publica una muy efusiva epístola en la que expresa su incondicional apoyo a la actual mandataria mexicana y, en paralelo, hace una “respetuosa reflexión” sobre el presidente de los Estados Unidos.
El punto central de la extensa misiva del expresidente es la “embestida” del gobierno estadounidense contra el de México con aviesas intenciones de carácter político y electoral, con “prácticas intervencionistas y nada escrupulosas”, so pretexto del combate a la migración y al narcoterrorismo, puntualizando que “para ser más claros: algunos funcionarios de Estados Unidos están tramando debilitar a Morena y fortalecer a la oposición de derecha en México con la idea de volver a disponer de un gobierno entreguista, corrupto, mafioso y cruel...”
Críptica por momentos, crítica en la mayoría de sus contenidos, que se perciben, por cierto, poco comedidos, la carta fechada el tres de junio del presente año desde la Quinta La Chingada, Palenque, Chiapas, tiene, en realidad, varios destinatarios: desde luego, los mandatarios de ambos países; los más relevantes actores políticos estadounidenses del primer círculo de su presidente, a los que califica como “... falsos amigos y consejeros internos y del exterior que lo han estado embarcando en viles y siniestras aventuras...”, aderezando su reflexión con una serie de epítetos feroces; desde luego, a su partido Morena, ubicándolo como el objetivo de la embestida desde el exterior; a la deleznable oposición de derecha y, finalmente, a sus bases en el ámbito doméstico, con una especie de arenga velada de corte mas si osare.
¿Arranque de furia patriótica? ¿Preocupación fundada? ¿Acción preventiva estratégica?
Por el momento, todo cabe en la especulación sobre la intencionalidad, pero pronto se comprenderá en función de las decisiones y las acciones que se vayan adoptando desde la Casa Blanca, que, hasta el momento, no se ha manifestado ni epistolar, ni coloquial, ni verbalmente respecto al mensaje de la respetuosa reflexión que se hace pública a pocos días de la visita del secretario Mullin a la mandataria mexicana tras su reiterada negativa a detener, con fines de extradición, a un ramillete de políticos mexicanos. Puede que solo sea una simple coincidencia.
El festejo que desde Palacio Nacional se hizo de la ya muy famosa carta expresa el beneplácito y el agradecimiento por el apoyo manifiesto que desde Palenque se sigue brindando al movimiento y al gobierno, dejando de lado algunos pequeños raspones que puedan interpretarse en su contenido, habida cuenta de las remembranzas de la excelente relación bilateral que se logró en el pasado reciente.
Queda en el aire el efecto que tendrán en el ánimo del mandatario norteamericano y sus principales colaboradores las alusiones que, sin nombres propios, resultan sumamente elocuentes y, sobre todo, la riposta que, indefectiblemente, habrá de producirse.