La semana pasada comenté sobre lo que pienso que puede pasar en las próximas semanas en torno a la “primera revisión conjunta” del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), planeada para el 1 de julio (“T-MEC - ¿Qué sigue? (I)”, 2 de junio). Describí cinco escenarios posibles, en donde todo parece indicar que los que categoricé como (3) y (4) son los que aparentemente tienen una mayor probabilidad de ocurrencia. El escenario (3) es el transito a una etapa de revisiones anuales y el (4) es continuar con el T-MEC como está, con los aranceles que se han impuesto después (estatus quo). Desafortunadamente, considero que estos escenarios quedan muy lejos de un buen equilibrio. Ambos extienden la incertidumbre en cuanto a los cambios de las reglas del juego en cualquier momento.
El (3) les pone fecha, al ser revisiones anuales y el (4) lo deja abierto, parecido a como hemos estado en estos 14 meses. El problema principal es que el tipo de inversiones que llevan a cabo las empresas, sobre todo las manufactureras que “invierten en fierros”, necesitan periodos de recuperación de inversión y por lo tanto, de planeación de cinco a diez años, mínimo. Les es muy difícil digerir más incertidumbre de la que ya enfrentan en el mundo actual en el rubro en el que operan, con posibles cambios en las reglas del juego a mitad del camino. Este problema se exacerba en el caso de México con el nivel tan bajo que tiene en materia de Estado de derecho, en donde existe una capacidad superior de que se cumplan las leyes bajo el marco jurídico de un tratado de libre comercio, que en el caso de México está a nivel prácticamente constitucional.
Ahora bien, los empresarios van a tener que llevar a cabo un análisis que les permita contestar la pregunta: ¿Qué tan diferentes son las revisiones anuales cuando el propio presidente Trump puede llevar a cabo modificaciones unilaterales –como imponer algún arancel–, al siguiente día de haber firmado un acuerdo? De esta manera, algunas empresas decidirán ya no llevar a cabo ciertas inversiones que habían planeado, otras decidirán dejar de posponerlas porque será necesario cambiar líneas de producción en China, sureste asiático o Europa del este, ante la fragmentación comercial y geopolítica que continúa su curso. Otro tema relevante es por qué invertir en una fábrica en México cuando la mayor parte de su producción está destinada a ser exportada a los Estados Unidos, y el grado de automatización es tan alto, que ni siquiera de benefician de la mano de obra “barata” de nuestro país.
De esta manera, la mayoría de los gerentes de plantas manufactureras –principalmente en el sector automotriz–, con los que he platicado en México, me responden la pregunta de por qué les conviene producir en México con tres factores: (1) La automatización ya no requiere una gran cantidad de mano de obra no calificada, sino unos cuantos ingenieros. En este sentido, los ingenieros en los Estados Unidos no quieren trabajar en una planta, mientras que en México hay una tasa alta de graduación de ingenieros que sí están dispuestos a trabajar en las líneas de producción; (2) la producción no para en México. Cuando hay un problema en EU, la línea de producción se detiene hasta que no llega la solución de largo plazo, que a veces puede tomar varios días o hasta semanas, mientras que comentan que en México, con un chicle o una media se arregla el tema de corto plazo para que la producción no pare y de todas maneras se lleva a cabo el arreglo de largo plazo después; y (3) cuando se enfrenta una empresa a problemas con la autoridad ambiental, la diferencia en cuanto a montos y lo que tardan en arreglarlos es abismal entre los Estados Unidos y México. Así, las empresas continúan viendo a México como el lugar cercano a los Estados Unidos, con vocación manufacturera, que ningún otro país de Latinoamérica tiene.
No hay duda de que México sigue siendo el mejor posicionado en Latinoamérica bajo los tres criterios más relevantes: (1) Magnitud; (2) vocación manufacturera no alimenticia; y (3) cercanía. En cuanto a magnitud, México es la segunda economía más grande de Latinoamérica con un PIB nominal de cerca de 1.9 billones de dólares (trillones en los Estados Unidos), por debajo de Brasil, con una economía de alrededor de 2.3 billones de dólares, pero por arriba de Argentina, con cerca de 690 mil millones de dólares (mmd), Colombia, con alrededor de 460 mmd, así como de Chile y Perú, con alrededor de 360 y 340 mmd, respectivamente. En cuando a vocación manufacturera, México no sólo lidera en este sector con alrededor de 20 por ciento del PIB, seguido por Argentina, con 14 por ciento, Perú con 12 por ciento, Brasil con 12 por ciento y Colombia y Chile con 10 y 9 por ciento, respectivamente, sino también en manufactura no agropecuaria y alimenticia, con 11.5 por ciento del PIB aproximadamente, seguido por Argentina con 9.5 por ciento, Perú y Brasil, con 9.0 y 8.0 por ciento, respectivamente y Colombia y Chile, con 7.0 y 6.5 por ciento. Por último, considero que no tenemos que ofrecer detalle en cuanto a cercanía con la frontera de cerca de 3,200 kilómetros que México comparte con la Unión Americana.
Con mucha tristeza recibí la noticia de que mi tío Rubén de la Torre Martín falleció ayer. Les mando mi más sentido pésame y un abrazo con mucho cariño querida Tía Lety y queridos primos Lety, Lorena, Gaby, Ivonne y Rubén y familia.