Esta semana, la Junta de Gobierno del Banco de México sostendrá su reunión regular de política monetaria y el jueves 26 de marzo dará a conocer su decisión sobre el nivel de la tasa de referencia. Los hechos recientes en Irán han propiciado un incremento importante en los precios del petróleo y algunos movimientos típicos de rebalanceo de portafolios de inversión hacia activos de menor riesgo, que usualmente propician un fortalecimiento de corto plazo del dólar. No obstante lo anterior, éstos no han modificado las circunstancias estructurales de la economía mexicana, en donde el nivel de la tasa de referencia todavía se encuentra en la parte media del intervalo de neutralidad, las expectativas de inflación se mantienen bien ancladas, con un tipo de cambio bien comportado, –a pesar de los choques globales–, en una economía en la que a pesar de que hay mejores perspectivas de crecimiento para este año, se crecerá por debajo del potencial, bajo una política fiscal restrictiva. Adicionalmente considero que nuestro país se encuentra mejor preparado que muchos otros emergentes para sortear el choque actual (“¿Está México preparado para el choque petrolero?”, 17 de marzo). En lo que resta de este espacio quiero comentar sobre tres aspectos que considero que bien explicados por parte del Banco de México, pueden apoyar a continuar disminuyendo la tasa de referencia:
(1) Inflación en México. Los choques esperados a principio de este año, como los incrementos en el impuesto especial a bebidas y tabaco, así como en el salario mínimo y la imposición de aranceles a importaciones de países sin tratados comerciales, han tenido menor impacto de lo que se anticipaba. En mi entender, estos choques fueron los que propiciaron la pausa en el ciclo de recortes en febrero. Yo llegué a pensar que Banxico debería de esperar dos reuniones para retomar el ciclo de baja de tasas (“La pausa de las dos reuniones”, 3 de febrero). Sin embargo, ha sido muy evidente la ausencia de presiones inflacionarias, sobre todo por el lado de los aranceles que, en mi opinión, restan casi la mitad de las presiones que anticipaba para los primeros dos meses de este año. En el muy corto plazo, aunque al momento de escribir esta columna desconocía el dato de inflación de la primera quincena de marzo –publicado hoy por el INEGI–, considero que el fuerte incremento que probablemente se observó en los precios de frutas frescas y vegetales –principalmente en los del jitomate–, no es razón suficiente para descartar una reducción en la tasa de referencia.
(2) Petróleo y gasolina. Si bien el incremento en el precio internacional del petróleo –así como de sus derivados y productos relacionados–, ha sido muy significativo, sabemos que el gobierno de México está absorbiendo el incremento en el precio de las gasolinas. Las consecuencias del conflicto en Irán en precios van más allá de la gasolina, propiciando incrementos en los precios del gas y de los fertilizantes, así como de las tarifas aéreas y los costos generales de transporte marítimo. Sin embargo, hay que poner en perspectiva que, hasta el momento, el choque actual es menor que el de 2022, al menos por tres factores: (a) El precio del petróleo se ubicó por arriba de 80 dólares por barril por más de siete meses, hoy no ha pasado de tres semanas y podría bajar rápidamente si el conflicto termina pronto; (b) la vez pasada, la disrupción en las cadenas de suministro fue en petróleo, gas, fertilizantes y granos, mientras que en esta ocasión no hay en granos y la disrupción de gas es significativamente menor; y (c) en esta ocasión no hay un choque de demanda como en 2022, en el que el mundo venía de estar encerrado por la pandemia de Covid, por lo que muchas personas estaban dispuestas a pagar precios mucho más altos por tarifas aéreas y alimentos, con tal de poder salir de viaje, comidas en restaurantes, etc.
(3) Tipo de cambio. La cotización del peso-dólar ha tenido un muy buen comportamiento, inclusive a la luz de la alta volatilidad que se ha observado en el mercado cambiario en las últimas semanas. La fortaleza que ha observado el peso mexicano no solo se explica por la debilidad estructural del dólar, sino por la buena percepción que hay del público inversionista global sobre México, que se fundamenta en la forma en la que el gobierno de la presidenta Sheinbaum ha llevado la relación con el presidente Trump, así como la prudencia fiscal.
Cabe señalar que considero que mis argumentos no van en contra de los argumentos que ha utilizado el subgobernador Heath para votar a favor de menores disminuciones de la tasa de referencia. En mi opinión, los argumentos del subgobernador están más ligados a la propia instrumentación de la política monetaria. Sobre todo en la forma en la que opera el régimen de objetivos de inflación basado en pronósticos, en donde las proyecciones del propio banco central observan espacio importante de mejora al siempre converger al objetivo antes de que termine el periodo en el que se considera que actúa la política monetaria de ocho trimestres, más por construcción del propio modelo, que por poder predictivo. El tema se exacerba al no darse a conocer al público ni el modelo de inflación, ni la trayectoria de la tasa de referencia embebida para que se cumpla dicha trayectoria.
En suma, considero que la Junta de Gobierno podría bajar la tasa de referencia y a la vez, modificar el tono de su comunicación hacia delante para reflejar mayor cautela. Sobre todo enfatizando en los riesgos que más le preocupan, en donde la duración del conflicto en Irán se ve como la variable clave.