Perspectiva Global

Comercio internacional: aspectos de corto y mediano plazos en México

El alto número de acuerdos internacionales, en conjunción con una serie de ventajas competitivas de México, impulsaron la inversión al comercio internacional.

La recuperación económica que hoy en día experimentamos en México inició gracias al impulso que le dio el sector externo. Desde que la mayoría de los gobiernos a nivel global −incluyendo el de nuestro país−, tuvieron a bien declarar al comercio internacional como actividad esencial en mayo del año pasado, comenzó la reactivación, después del fuerte impacto económico que dejaron las políticas de confinamiento y distanciamiento social, propiciadas por la pandemia de Covid-19. Así, a partir de mayo del año pasado, la economía mexicana se pudo reconectar con las cadenas de suministro a nivel global y por ello, a diferencia del consumo privado y de la inversión −que todavía no se recuperan a niveles pre-Covid−, el nivel de exportaciones e importaciones se encuentran ya por arriba de niveles previos a la pandemia. Las exportaciones están ya 12.1 por ciento por arriba de su nivel en marzo de 2020 y las importaciones 21.3 por ciento.

Afortunadamente México cuenta con tratados y acuerdos que facilitan el comercio internacional con 88 países. Así, México pasó de tener un comercio internacional −si sumamos importaciones y exportaciones− de menos de 30 por ciento del PIB en 1993, a 75 por ciento actualmente y exporta poco más de 75.0 por ciento de sus bienes a Estados Unidos, cerca de 3.0 por ciento a Canadá, poco menos de 2.0 por ciento a China y 1.5 por ciento a Alemania, entre los más relevantes. Por su parte, México importa cerca de 40.0 por ciento de los bienes que compra del exterior a Estados Unidos, cerca de 21.0 por ciento a China, 4.1 por ciento a Corea del Sur, 4.0 por ciento a Japón y en un mismo porcentaje a Alemania.

El alto número de tratados y acuerdos internacionales, en conjunción con una serie de ventajas competitivas de México respecto del mundo, incluyendo nuestra cercanía geográfica y económica con Estados Unidos, nuestro acceso marítimo a los mercados europeo y asiático, así como el avance que se ha tenido en la estabilidad macroeconómica como economía emergente y el alto número de jóvenes que se gradúan de las carreras de ingeniería −entre otras−, han impulsado la inversión en proyectos y empresas orientadas al comercio internacional. En este sentido, México registró un flujo de entrada de Inversión Extranjera Directa (IED) por arriba de 25 mil millones de dólares promedio de 2000 a 2010. Asimismo, ésta se incrementó a un promedio anual cercano a los 33 mil millones de dólares de 2011 a 2019.

Tres aspectos que apoyaron el crecimiento de la IED: (1) La promoción de nuestro país hecha por profesionales orientados a ello en Proméxico; (2) el hecho de que México iba avanzando en reformas para retirar restricciones a la inversión en sectores que habían quedado rezagados de la ola de privatización y desregulación de los noventa; y (3) la certeza legal, a pesar de que hubiera incertidumbre en torno al Estado de derecho. Hoy nada de esto está. El gobierno actual ordenó la desaparición de Proméxico, México no solo no ha llevado a cabo reformas que atraigan la inversión, no solo la extranjera, sino la local y no solo se ha incrementado la incertidumbre en torno al Estado de derecho, sino también sobre la certeza jurídica.

Afortunadamente México está teniendo flujo positivo de IED gracias a todo lo que se fue sembrando a través de los años, a que se ha mantenido la estabilidad macroeconómica y a ciertas tendencias a nivel global muy relevantes, particularmente tres altamente interrelacionadas: (1) Cambio en los patrones de consumo y de producción: China se ha ido convirtiendo de país productor de manufactura barata a desarrollador de tecnología, así como con mayor orientación al consumo; (2) diversificación empresarial del riesgo de China: la tensión China-Estados Unidos no se desvaneció con la salida del expresidente Trump en EU, por lo que las empresas están buscando sitios para ubicar sus oficinas, plantas y fábricas fuera de China; (3) cambios estructurales que se han exacerbado con la pandemia como el reshoring y el near-shoring, que significa la reubicación de las fábricas más cerca de los centros de consumo y de los proveedores más cerca de las fábricas. En este sentido, la mano de obra calificada en México es más barata que en China, respeta mejor la propiedad intelectual, está más cerca de Estados Unidos y tiene un tratado de libre comercio recién negociado que protege dichas inversiones.

Con estas tendencias internacionales considero que deberíamos de aspirar a niveles de 40 o 50 mil millones de dólares, no a los niveles promedio de las primeras décadas de este siglo. Espero que se cambie la narrativa gubernamental en este sentido para acelerar los niveles de inversión, se generen empleos y podamos alcanzar mayores tasas de crecimiento. Así, apoyando a la población con ayudas y oportunidades, también se podrá mitigar la desigualdad. Asimismo, es de suma importancia también que contemos con energía confiable y de fuentes renovables, para que esto no se convierta en un obstáculo para la inversión en el futuro.

El autor es director general adjunto de Análisis Económico, Relación con Inversionistas y Sustentabilidad de Grupo Financiero Banorte, presidente del Comité Nacional de Estudios Económicos del IMEF y miembro del Comité de Fechado de Ciclos de la Economía Mexicana.

Las opiniones que se expresan en esta columna son a título personal.

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