Y mi palabra es la ley
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Y mi palabra es la ley

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Y mi palabra es la ley

26/11/2018
Actualización 26/11/2018 - 12:24

Dicen que López Obrador cambió, que antes quería al Ejército en los cuarteles y que ahora es la base de su sistema de seguridad, bajo la forma de la Policía Militar. Pero Wikileaks muestra lo contrario.

Según se puede ver en la información revelada por Wikileaks (“CABLE 06MEXICO505”, todavía consultable en internet), López Obrador se reunió en enero de 2006 con el embajador Tony Garza y se comprometió a “darle más poder y autoridad a los militares para operaciones antidrogas si llegaba a la presidencia”. De forma “humilde y amigable”, López Obrador reveló al embajador que se valdría del Ejército porque “es la menos corrupta de las agencias mexicanas y puede ser más eficaz”.

Para poder dar más atributos a las Fuerzas Armadas –aseguró López Obrador–, se requería una enmienda constitucional, justo como la que está operando ahora en el Congreso. ¿Por qué en campaña sostuvo otra cosa? Para hacerse del poder.

Personas de toda su confianza, en sus esbozos biográficos sobre López Obrador sostienen que se reúne con mucha gente, se forma una opinión y de ahí no lo mueve nadie. Sobre su estilo personal de gobernar dice Jorge Zepeda: “el jefe toma la decisión y la ejecuta sin dar mayores explicaciones, asumiendo que todos deben compartir sus ideas y entregarse a ellas con similar pasión”.

Ahora le ha dado por decir “yo ya no me pertenezco, mi amo es el pueblo de México”. Lo que resulta curioso: entre más indicios se tienen de que su estilo de gobernar consiste en que se hará lo que él quiera (con el 'democrático' apoyo de sus consultas a modo y de sus bancadas legislativas de mayoría autoritaria), más insiste él en que gobernará el pueblo.

Disfraza su voluntad personal de voluntad popular. ¿Por qué va a dejar al Ejército en las calles? Porque en sus recorridos por la República, el pueblo se lo pidió. (Mentira: se comprometió con el embajador Garza hace doce años a mantener el Ejército en las calles y, pese a esto, no hubo día durante el sexenio de Calderón que no le reprochara esta medida) ¿Por qué va a suspender la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco? Porque en una consulta el pueblo así lo demandó. (Mentira: realizó una consulta para validar, ante los poderes fácticos, su poder, gesto en apariencia innecesario porque ese poder lo ganó en las urnas) Miles de millones de pesos a la basura para poderle decir a la cúpula del poder en México: el pueblo soy yo.

La realidad será su contrapeso, decimos para infundirnos tranquilidad. Olvidamos que él es de aquellos que, si la realidad no se ajusta a sus ideas, tanto peor para la realidad. (Escribo esto, aclaro, antes de que ocurra el milagro de que los gobernadores y presidentes municipales dejen de ser corruptos, de que dejen de robar, inspirados en su ejemplo desde el 1 de diciembre).

Una de las personas que más conocen al presidente electo, que ha padecido cárcel y escarnio por él y que trabaja con un disimulado bajo perfil, es René Bejarano, quien públicamente ha declarado, durante un acto con cuadros del partido, que en 2021, “después de la consulta a la sociedad sobre la permanencia del actual presidente electo en el cargo, se convocaría a un Nuevo Congreso Constituyente”, ya que “se necesitarán al menos dos sexenios para lograr la transformación prometida”, (MVS, 18 nov. 18). Al menos dos… Pudieran ser más, claro, si el pueblo se lo pide.

Podríamos decir: la Constitución lo impide. Pero pueden modificar la Constitución. Si con un chasquido de dedos del caudillo pudieron cambiar la ley e imponer a Taibo II en el Fondo de Cultura Económica (FCE), con otro manotazo, avalado por la respectiva consulta, puede modificar la Constitución a su antojo.

Les dice Bejarano a los cuadros del partido: resistamos la tentación de ejercer todo tipo de autoritarismo. El único contrapeso real al poder de Morena: la autocontención. Ellos revisarán sus propias cuentas. Ellos aprobarán sus presupuestos. Ellos cambiarán la ley que les estorbe. ¿Para qué? Bejarano dice: “para que la gente sea feliz”.

Moises Naim, en su libro El fin del poder, señala que nunca como ahora ciertas personas y empresas, en un corto periodo de tiempo, pueden acumular un gigantesco poder. Pone el ejemplo de Google, que hace veinte años estaba en una cochera y ahora es una de las empresas líderes mundiales. A ese ejemplo puede añadirse el de Morena que, a unos cuantos años de fundado, arrasó en las elecciones con decenas de millones de votos.

Pero del mismo modo que empresas y personas pueden encumbrarse a una altura nunca antes vista y a una gran velocidad, el poder puede terminar de manera abrupta, por un accidente, por un desastre natural mal atendido, por una cadena de errores en las redes, por un escándalo, por declaraciones temerarias, por decisiones irresponsables, por delegar responsabilidad en quienes no tienen ni capacidad ni conocimientos. El fin, puede ser, en nuestros días, tan rápido como el ascenso. Un año Peña Nieto era considerado por Time el Hombre del Año, y al siguiente era un presidente odiado. La historia no tiene guion.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.