Se dice que el narco no tiene ideología, pero la tiene: son capitalistas salvajes. Capitalistas: creen en el mercado, en la competencia feroz, exportan, comercian, combaten por sus puntos de venta (sus plazas), cuidan sus rutas, negocian. Y salvajes: disputan sus mercados a balazos, si el negocio no se cierra bien sobrevienen las masacres, utilizan una parte importante de sus ganancias en los sobornos a las autoridades, creen en la desregulación. No es algo de lo que podamos enorgullecernos, pero somos uno de los grandes exportadores de droga del mundo, con sucursales en todos los continentes.
La situación puede cambiar. No sé si existe un plan para la transición cubana para cuando se derrumbe la dictadura. Probablemente, como ahora ocurre en Venezuela, la cúpula política-policial que ahora oprime a los cubanos seguirá controlando el poder hasta que la sociedad civil se fortalezca, reclame sus espacios, le arrebate el mando y quizá los obligue a huir del país. Existe el riesgo de que numerosos miembros de los aparatos de seguridad cubanos y venezolanos migren a México, protegidos o tolerados por el gobierno de la cuatroté, alegando que México ha tenido siempre los brazos abiertos al exilio, aunque en esta ocasión se trate de un exilio de asesinos, espías y verdugos. Algunos encontrarán acomodo en las filas del gobierno, lo que fortalecería los mecanismos autoritarios propios de la cuatroté. Pero mucho me temo que la mayoría serán acogidos por el crimen organizado, que se beneficiará de sus malas artes: expertos en espionaje, en represión, en control social.
Podría entonces configurarse un escenario nefasto: la conjunción del narcotráfico con la ideología revolucionaria de izquierda, como pasó en Colombia y en Venezuela. Por mera conveniencia y sin dejar de lado sus prácticas del capitalismo depredador, surgiría en México un narco rojo: narcotraficantes revolucionarios que revestirían su tráfico ilegal con el discurso del foquismo guevarista. En Colombia se aliaron narcotraficantes y guerrilleros, una combinación explosiva que dota de discurso ideológico a los que antes eran sólo comerciantes desalmados.
Cuando López Obrador quiso justificar su inacción frente al crimen organizado lo hizo diciendo que el narco también era pueblo. De algún modo esta justificación podría servir de base a lo que puede ocurrir.
El narco mexicano vive actualmente amenazado por la intervención norteamericana. Existen fuertes indicios de que diversas agencias norteamericanas ya operan en territorio mexicano. La detención de Ray Wedding, por parte del FBI, así lo indica. Sheinbaum tuvo que salir a mentir, con ayuda incluso de fotografías falsas, sobre esta intervención. No es la primera (basta recordar el secuestro del ‘Mayo’ Zambada) y por supuesto no será la última. A las extracciones directas seguirán la de los comandos norteamericanos destruyendo laboratorios, que Sheinbaum intentará disimular diciendo que se trata de acuerdos de colaboración. El discurso soberanista de Sheinbaum, que sirve sobre todo para aplacar a las bases radicales de su partido, esconde en realidad uno de los gobiernos más permisivos de la historia reciente, en contraste con la actitud del gobierno de López Obrador, que impidió la acción de las agencias norteamericanas, lo que contribuyó al fortalecimiento del narco. La actual colaboración con Estados Unidos incluye entrenamiento militar conjunto, inteligencia, asistencia judicial e intervenciones encubiertas. No se puede descartar que en el futuro se lleven a cabo intervenciones de mayor escala o bombardeos estratégicos.
A toda acción, sin embargo, corresponde una reacción. Los grupos criminales no observarán pasivos esta andanada. El número de personas trabajando para el narco es indeterminado, las estimaciones oscilan entre el medio millón (según el asesor contra el terrorismo Sebastián Gorka) y 175 mil, de acuerdo a la revista Science. No se espera que esta enorme cantidad de personas, fuertemente armadas y entrenadas, se convierta de la noche a la mañana en hermana de la caridad. Van a reaccionar de forma que no nos imaginamos. Una de esas reacciones podría ser la incorporación de elementos indeseables de las fuerzas de seguridad venezolanas y cubanas a sus filas. No sería impensable en este escenario que activaran el discurso ideológico. Si el narco “es Pueblo” podría pasar a reclutar a agentes e ideólogos revolucionarios para que el pueblo defienda “la Patria”. El peor de los mundos posibles.
El narco rojo. El crimen organizado revolucionario. El Pueblo contra el Extraño enemigo. La defensa armada de un negocio ilegal disfrazada de defensa de la patria. Los radicales de la cuatroté, huérfanos de la caída de las dictaduras caribeñas, en busca de nuevos asideros ideológicos. Todo puede pasar. El futuro no existe. Lo construimos nosotros. Podemos permitir que México se siga hundiendo o nos organizamos para rescatarlo de un futuro ominoso.