Venezuela y Cuba representan para la cuatroté su modelo ideológico, su ideal político, el tipo de sociedad que desearían para México. Sin este referente, el gobierno morenista quedará sin brújula, sin ideal que perseguir, perdido.
Desde muchos ángulos se han examinado las causas del desplome de la Unión Soviética. Entre ellas destaca, a mi juicio, el desmoronamiento de la ideología marxista. Con los privilegios de la nomenklatura a la vista, ya nadie creía en el modelo de la sociedad igualitaria. Ya nadie se tragaba que la Unión Soviética era un estado obrero dirigido por una cúpula proletaria.
Caído el vendaje ideológico, la sociedad rusa pudo ver la realidad: vivían bajo una dictadura, todos eran iguales, pero unos eran más iguales que otros, no había libertad, el paraíso socialista se había convertido en el país de las colas permanentes para obtener productos mediocres. La ideología socialista cumplió durante décadas la función de cohesionador social.
Estamos mal, pero llegará el momento en que viviremos el ideal comunista; ya no habrá dinero, cada cual ganará lo justo, todos seremos iguales. Desaparecido ese ideal ideológico, la Unión Soviética se desfondó. Se volvió una sociedad cínica y pragmática. En 1989 cayó el Muro de Berlín y cientos de miles de alemanes del Este cruzaron la frontera, entraron a las tiendas y ya nada volvió a ser como antes. Dos años más tarde, en 1991, oficialmente dejó de existir la Unión Soviética. Hoy una dictadura cleptócrata gobierna Rusia.
El gobierno de Sheinbaum no regala miles de millones de pesos en petróleo a Cuba por razones humanitarias (si así fuera, regalaría ese dinero a Haití), no subsidia a la dictadura con la contratación de médicos esclavos por puro altruismo. El gobierno morenista intenta sostener al gobierno socialista de Cuba porque representa su ideal político. Si la dictadura cae, algo cada vez más probable, si la sociedad cubana logra deshacerse de la corrupta cúpula que la dirige y se transforma en una sociedad democrática, apoyada por el capital de los exiliados en Miami, los líderes morenistas perderían su razón de ser.
Una sociedad no solo se sustenta por su economía, sino por los valores que le dan sentido. Los seres humanos necesitamos creer. Necesitamos saber que no estamos en el mundo solo para comer y reproducirnos, que la vida tiene algún sentido. A solo siete años de que asumieron el poder, los valores en que se apoyaba el gobierno morenista se han ido corroyendo. Ya pocos creen que llegaron al poder para combatir la corrupción “del PRIAN”. El opulento nivel de vida de los hijos de López Obrador, los escándalos de Segalmex y el huachicol fiscal, pero sobre todo la riqueza que los políticos de Morena de todos los niveles no dejan de exhibir, han liquidado la imagen de los políticos honestos que terminarían con la corrupción. Han demostrado que ciertamente no son iguales a los políticos que desplazaron, sino en muchos casos peores que ellos.
Cuando ya era obvio que el experimento socialista en Cuba había fracasado, Hugo Chávez se hizo del poder y del petróleo en Venezuela y le dio nuevo impulso al mito con el socialismo del siglo XXI. Hoy ese modelo yace entre las ruinas. La dictadura cubana desde hace décadas dejó de sostenerse por la ideología y solo se mantiene en pie por el estricto régimen de seguridad interna y de vigilancia casa por casa. A ese modelo ya caduco rindió homenaje López Obrador en septiembre de 2021 al designar como orador principal al dictador Díaz-Canel en la celebración del Día de la Independencia.
Pocas semanas atrás, Díaz-Canel había dado orden de reprimir con violencia las manifestaciones de jóvenes en Cuba que pedían libertad. Que López Obrador brindara en ese momento apoyo a una dictadura represora debió advertir a muchos del modelo que intentaría aplicar a México: partido único, persecución de las voces disidentes, economía centralizada, fuerte control de la sociedad. Para lograr su objetivo, debía primero controlar las cámaras legislativas (al costo que fuera), luego el Poder Judicial (mediante el fraude electoral apoyado por acordeones) y, por último, hacerse del control total del órgano electoral. Los objetivos se han ido cumpliendo. El problema es que el modelo externo en el cual basan su imagen de sociedad se está derrumbando ante sus ojos.
La ideología sirve, entre otras cosas, para que los grandes errores y desviaciones se vean como simples obstáculos en el camino a la sociedad perfecta. Toda caída se perdona porque el objetivo es superior. Por eso la desaparición de los modelos socialistas representa el riesgo de perder el norte. ¿Cuáles serán los nuevos paradigmas? La economía humanista no pasa de ser una mala broma en el México del crecimiento cero. El humanismo mexicano es una tontería en el país de las masacres cotidianas y de los 130 mil desaparecidos.
Sin los modelos socialistas de Venezuela y Cuba, el gobierno morenista quedará huérfano, sostenido solo por la corrupción, el cinismo y la mentira. Un cascarón sin sentido. Un país sin brújula.