Viendo a López —político de Cuarta— el Pueblo al aplaudirle le decía: “Eres el mandatario más popular de la Tierra y con la gente más feliz”. Y el tabasqueño reía.
Víctimas del desprestigio, los presidentes del mundo, en sus momentos de mayor desgracia, venían a ver al ‘Rey del Cash’, y regresaban a sus patrias con la fórmula de hacer feliz al Pueblo regalándole dinero.
Cierta vez, ante un médico famoso, llegó el presidente con mirar sombrío: “Sufro, doctor, un mal espantoso, pues, aunque las encuestas me ponen hasta el cielo bien, yo sé que he perdido”.
“Ninguna de las veintisiete gubernaturas que ha ganado mi partido me saben a algo, pues bien sé que con trampas hemos ganado, pactando con el PRI a cambio de embajadas y con el narco a cambio de sus rutas”.
—Construya un elefante blanco—. ¡Tantos he hecho! —Escriba otro libro—. ¡Tantos he escrito! —Que lo aclame el Pueblo—. ¡Tantos Zócalos he llenado! —Siga entonces gobernando—. ¡Con Claudia gobernaré a distancia!
—¿A los pobres ayudó?—. ¡Slim duplicó su riqueza! —¿Acaso no recibe elogios?—. ¡Mis subordinados me elogian hasta la abyección! —¿Cuál es la cifra de desaparecidos?— ¡La que usted diga, Señor Presidente! —¿Cuáles son las obras públicas más importantes del mundo?—. ¡Las que usted construye, Mi Señor!
El médico dudaba: ¿En su vida actual tiene enemigos? —Sí, pero ni los veo, ni los oigo, ni recibo en mi Palacio a nadie que me contradiga. Tengo mi mañanera en donde digo lo que se me antoja. “—Vivimos el periodo más violento de nuestra historia—”. ¡Yo tengo otros datos. “—Ni los gobiernos neoliberales tuvieron un crecimiento tan bajo—”. ¡Yo tengo otros datos! “—Nunca en la historia de nuestro país habían muerto tantos mexicanos—”. ¡No, no, no, no! ¡El pueblo a pesar de tantos muertos está feliz, feliz, feliz!
“Me deja —afirmó el médico— muy perplejo su mal. Pero eso no debe detenerlo. Tengo el consejo perfecto para usted. ¡Escuche todas las mañanas al presidente! Ahí va a conocer usted un país maravilloso en donde se acabó la corrupción, los hospitales son tan eficientes como en Dinamarca y reina en todos sus municipios la paz social.” ¿Y cómo se llama ese país extraordinario donde se dan ‘las mañaneras’, doctor? “Se llama Pejelandia.”
¿Pejelandia?, preguntó el deprimido paciente. “Sí, Pejelandia —respondió el doctor—. Un país donde la gente es pobre pero está contenta.” ¿Qué se le muere un hermano de Covid? Tome una beca. ¿Que se le muere un hijo por falta de medicinas contra el cáncer? Otra bequita. A todos mis pacientes yo les digo: vivir sin una beca del presidente es vivir en el error”.
¿Y viviré feliz yo también en Pejelandia, doctor? “—Ah, sin duda alguna. Gracias a Jesús en ese reino todos son felices—”. ¿A Jesús, doctor, que está en las alturas? “Ese no, yo me refiero a Jesús el de la propaganda, capaz de convertir el peor de los errores en un logro más del presidente. No se le va una. A los desaparecidos, los desaparece. Los críticos del presidente lo son porque “perdieron sus privilegios”. Que Acapulco es todavía zona de desastre, no importa, se emite un decreto que dice que ahí sólo cayó una lloviznita. No hay nada que no arregle la propaganda.”
¿Y en Pejelandia seré feliz, doctor? “—Sin duda alguna—”, respondió el galeno. “Ahí —se quejó amargamente el mandatario—, no me curo: ¡Yo soy el peje!… Cambiadme la receta.”
Juan de Dios Peza, poeta del siglo XIX, es autor de Reír llorando, por el que se le sigue recordando y mi texto parafrasea. Reír llorando es un oxímoron, como oximorónico resulta que el país tenga su peor crecimiento en treinta años y el presidente siga siendo popular.
En un país con auténtico Estado de derecho, Hugo López-Gatell estaría en la cárcel y López Obrador habría sido destituido y juzgado por su criminal manejo de la pandemia, que dejó una estela de 800 mil muertos. Pero vivimos en México, país en el que se pueden inaugurar obras inconclusas con bombo y platillo, en donde se puede militarizar el país y lograr que aumenten los asesinatos.
En otro país la oposición estaría de plácemes. Sería imposible que ganara las elecciones un gobierno que ha fracasado en educación (prueba PISA), en salud (Covid y carencia de medicinas), en economía (crecimiento del 1.0 por ciento), en seguridad (173 mil homicidios, 43 mil desaparecidos), en la lucha contra la corrupción (Pío, Martín, Felipa, Andy, José Ramón), en transparencia (lucha a muerte contra el INAI), en Estado de derecho (ataques y amenazas a la Suprema Corte), en democracia (combate incesante al INE), en gobernabilidad (masacres semanales, un tercio del país controlado por el crimen organizado).
Si con estos datos pavorosos del gobierno no gana la oposición es porque no quiere. A nosotros, los ciudadanos, con este gobierno autoritario e ineficaz, pero popular, no nos queda sino continuar “reír llorando”.