Leer es poder

Elecciones sucias

En 2024 López Obrador contará con extensos recursos del gobierno, con dinero empresarial, con recursos del narco, con dinero desviado de los programas sociales.

Muchos pensamos que en 2018 se celebró un pacto de carácter electoral entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. Ricardo Anaya amenazaba con meter a la cárcel a Peña Nieto de llegar a la Presidencia. López Obrador habría ofrecido lo contrario: impunidad. Vida de lujos fuera de México para su persona, su familia y su círculo cercano.

Impunidad a cambio de la Presidencia.

No sé qué tanto hizo Peña Nieto contra Ricardo Anaya, pero dos cosas están documentadas. La primera, lo persiguió judicialmente con un expediente y testigos falsos. En un momento en el que la campaña de Anaya comenzaba a cobrar vuelo, Peña Nieto puso a la PGR al servicio de López Obrador. El impulso de Anaya se detuvo y la ventaja de López Obrador se amplió: ofrecía luchar contra la corrupción, qué ironía. La segunda, los gobernadores priistas operaron a favor de Morena el día de la elección. En 2006 López Obrador acusó a Elba Esther Gordillo de haber operado con los gobernadores priistas para que se inclinaran por Calderón. No hay duda de que aprendió la lección. En 2018 los gobernadores priistas trabajarían para López Obrador.

Del mismo modo, muchos pensamos que en 2018 López Obrador obtuvo su triunfo con dinero sucio. Esto se vio corroborado con una serie de videos de los hermanos de López Obrador (Pío y Martín) recibiendo fajos de dinero en sobres amarillos. Pío López, en uno de los videos, aparece con un grueso cuaderno en el que apuntaba todo lo que recibía. Llamaba a ese cuaderno “la biblia”. Supimos de esto porque el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, lo mandó grabar. Se exhibió una pequeña muestra de lo que recabaron los hermanos López, de acuerdo al grosor de ‘la biblia’. Por otro lado, un general retirado escribió en El Universal que soltaron a Ovidio en 2019 debido a que los narcos amenazaron con dar a conocer las donaciones que le habían hecho a uno de los hijos “del candidato”.

Uso faccioso de las instituciones de la ley. Gobernadores priistas brindando apoyo. Dinero sucio. Esto en 2018. En 2024 López Obrador contará con extensos recursos del gobierno. Con dinero empresarial. Con recursos del narco: secuestros, amenazas, extorsiones. Dinero desviado de los programas sociales. La Secretaría del Bienestar como agencia electoral, otorgando y amenazando con retirar apoyos. Y el presidente como su agente más activo.

Hasta ahora, a Xóchitl le han interpuesto dos demandas. Han exhibido sus negocios y a sus clientes. Le han cancelado contratos. Amenazan con encarcelarla y derruir su casa y las de sus vecinos. Y faltan poco más de ocho meses. Habrá mucho más. Contra la candidata y sus apoyos. Contra la familia de la candidata. Saldrán los videos falsos, las mentiras, todos los recursos en contra si advierten que Xóchitl repunta. No están dispuestos a dejar el poder. La democracia fue sólo un instrumento para llegar a él.

Las elecciones de 2024 serán un examen para el gobierno de López Obrador. Un porcentaje indeterminado perdió a alguien en la pandemia, o conoce a alguien que padeció violencia en las calles. Habrá millones de insatisfechos con la educación y la salud. Se vanaglorian de que lo han hecho muy bien en economía, pero pese a las remesas y el dinero del narco, la economía apenas creció 0.1 por ciento en los primeros cuatro años de gobierno. También 0.1 por ciento es lo que, según Carlos Urzúa, disminuyó la pobreza real en este mismo periodo. Ni siquiera se pudo crecer al 1.0 por ciento, ya ni hablar del 2.0 o el 4.0 o el 6.0 por ciento que prometió López Obrador en campaña. No estamos hablando de un periodo mediocre sino de un enorme fracaso.

Por eso están apostando a la elección sucia. Ni los números, y por supuesto el inexistente carisma, van a alcanzarle a Sheinbaum al momento de los votos.

De haber hecho un buen gobierno no estarían instrumentando una elección de Estado. De haber contado con una buena candidata no tendrían que haber hecho trampa en la competencia interna de Morena (no debemos olvidar que el principal contendiente sigue en rebeldía), ni recurrir al dinero sucio para encubrir su responsabilidad de sangre de los niños muertos en el Rebsamen, ni los 26 muertos provocados por la falta de mantenimiento al metro.

López Obrador desniveló la cancha de su elección interna y ahora mismo está operando para desnivelar la elección presidencial. Habrá periodistas y medios que hagan como si esto no existiera, como si viviéramos una elección normal. Habrá quien le crea al presidente cuando afirma que él nunca ha intervenido en el proceso y que esta será la primera elección democrática de la historia. Habrá quienes padezcan el mal gobierno pero decidan votar por los que le dan la beca o el apoyo a los adultos mayores.

Es todavía muy pronto para saber si el populismo obradorista es un tropiezo en nuestra inacabada transición democrática o un completo descarrilamiento, no sabemos si la democracia pervivirá fortalecida o será sepultada. Sólo una certeza: la historia no tiene guion, no hay nada escrito.

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