Leer es poder

¿Tenemos un país mejor?

Morena gobierna mal, pero son populares y ganan elecciones. La explicación de esta aparente paradoja radica en que la oposición le parece a la gente una peor opción.

Este gobierno ha fallado en seguridad, salud, educación, economía y combate a la corrupción. Y sin embargo, el partido en el poder sigue ganando elecciones: hoy gobierna 23 de 32 estados. Y sin embargo, el presidente López Obrador, responsable del mal gobierno, goza de una aprobación mayor al 60 por ciento. Y sin embargo, los precandidatos de su partido encabezan todas las encuestas para sucederlo.

Gobiernan mal, pero son populares y ganan elecciones. La explicación de esta aparente paradoja radica en que la oposición le parece a la gente una peor opción. Gana Morena las elecciones porque la oposición presenta malos candidatos, porque están mal organizados y no unen sus fuerzas, por la carga negativa de los partidos o porque hacen malas campañas. Morena gobierna mal, pero la gente cree que los que gobernaron antes lo hicieron peor.

Una explicación diferente merece la alta aprobación del presidente. Encabeza un mal gobierno, pero comunica bien. Las conferencias mañaneras han sido un acierto para el gobierno, tanto que sin ellas —como el presidente y su partido lo reconocen— quizá su gobierno hubiera fracasado. También en este caso se presenta una aparente paradoja: si las conferencias están repletas de mentiras (más de 110 mil según la agencia Spin), de calumnias, de “otros datos” inverificables, de periodistas paleros que hacen preguntas a modo, de regaños y sermones moralinos, de aburridísimas y reiterativas clases de historia, si apenas el 1.0 por ciento de sus seguidores la frecuentan, ¿cómo es posible que se hayan convertido en el instrumento de comunicación más poderoso del gobierno? Por dos razones:

La primera tiene que ver con la complicidad de los medios de comunicación, televisión y radio. Un gran porcentaje de los mexicanos (ese sector de bajo nivel educativo al que López Obrador se dirige) se informa únicamente con los contenidos de las conferencias, que los medios repiten todo el día, cada hora, sin que ningún mensaje los confronte. Muchas personas creen que la estrategia contra el Covid fue un éxito —a pesar de los más de 800 mil muertos y de que ocupamos el tercer lugar mundial en mayor mortandad— debido a que el presidente todos los días repitió que ya íbamos de salida y que la estrategia era un éxito. El discurso sustituyó a la realidad.

La segunda razón tiene que ver con las contrapartes del presidente: los presidentes de los partidos. Hemos tenido la mala fortuna histórica de no contar con líderes auténticos al frente de los partidos de oposición. La pusilanimidad de Marko Cortés, la deshonestidad de Alejandro Moreno y la nulidad de Jesús Zambrano no pudieron nunca, en ningún momento de estos cinco años de gobierno, confrontar con razones el discurso de López Obrador. Los partidos fueron absolutamente incapaces de crear un medio que desmintiera las calumnias presidenciales. ¿Era en realidad muy difícil crear un portal que registrara todas y cada una de las mentiras presidenciales y las confrontara con hechos y verdades? Cuando el presidente insultó a intelectuales, empresarios, periodistas, feministas, activistas de derechos humanos, nunca intervinieron los partidos en su defensa. La sociedad nunca se sintió representada por esos personajes ni por los partidos. Quedaron mucho a deber frente al momento histórico que les tocó vivir. De este modo, un presidente con tantas limitaciones como López Obrador, de talla tan mediocre, pudo destacar en un medio político en el que abundan las nulidades.

La sociedad civil no estuvo tampoco a la altura. En noviembre pasado, y en febrero, despertó. Salió masivamente a las calles en defensa del INE. Y antes, durante todo el sexenio: la presencia de las feministas fue masiva, valiente, imaginativa, por momentos violenta. Pero no muy organizada. Sus marchas no se tradujeron en organizaciones ni en una adecuada defensa de sus derechos. El gobierno eliminó las estancias infantiles y las escuelas de tiempo completo; las manifestaciones de las mujeres no pudieron revertir esas medidas que tanto las afectaron. Los intelectuales y científicos fueron también agredidos y amenazados por este gobierno. No supimos presentar un frente común, no cabildeamos con grupos políticos o legisladores, no nos expresamos organizadamente en el exterior. El gobierno nos ganó la partida, con malas mañas, trampas legales y amenazas judiciales, es decir: con los instrumentos del poder, pero no hubo quién le hiciera frente.

Nos encontramos en el último tramo. El presidente perderá poder cuando se designe candidato de su partido. Se comenzarán a exhibir en televisión spots críticos al gobierno, que espero que la oposición aproveche, con cifras sólidas del mal gobierno. No creo que haya que esperar gran cosa de los dirigentes de los partidos, los enanos no crecen en las emergencias. Apareció en escena una candidata fresca, ingeniosa, inteligente y carismática. La sociedad civil debe acompañarla, arroparla e ingeniarse por difundir a la mayoría de la población su mensaje. Hay mucho por hacer.

COLUMNAS ANTERIORES

La presidenta tiene miedo
Narco rojo

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.