Hay precampañas vigorosas, los precandidatos recorren el país a punta de promesas. Espectaculares, bardas, camisetas y logotipos por doquier. La fiesta de la democracia.
Pero todo esto es un engaño. Debajo del jolgorio electoral comienza a configurarse una realidad alternativa. Morena intentará conservar el poder por las buenas o por las malas, con métodos legales e ilegales. Al frente de ese operativo se encuentra el presidente de la República. No disimula su estrategia: todos los días, en su conferencia, se burla de los tribunales y sigue violando la ley. Lo hace para mandar un mensaje a los suyos: si yo puedo pasar por encima de la ley, también ustedes pueden hacerlo.
“El triunfo de la oposición es moralmente imposible”, suele repetir el presidente. Pero para él, que encabeza un gobierno corrupto, la moral sale sobrando. Lo que busca transmitir es que debe impedirse el triunfo de la oposición de cualquier forma posible. Ya intentó hacerse del control del órgano electoral para que el gobierno contara los votos. Ahora mismo se encarga de descarrilar, por todos los medios a su alcance, la candidatura de Xóchitl Gálvez, quien se perfila como la opositora con mayores posibilidades de disputarle el poder. Esto ocurre faltando todavía poco menos de diez meses para la elección. Conforme se acerque el 2 de junio aumentará la presión, las calumnias, las acciones de la FGR y la UIF, el poder de los aliados oscuros del gobierno (los narcos), el indisimulado poder de los empresarios a los que este gobierno ha privilegiado, la acción de las televisoras y sus concesiones siempre colgando de un hilo, el músculo callejero de todos los que reciben los programas sociales como regalo del presidente, las jaurías desatadas de las granjas de bots alimentadas desde presidencia. No debe extrañarnos si comienzan a llegar asesores cubanos y venezolanos, expertos en conservar el poder a toda costa. Por lo pronto, México ya es el país que alberga más espías rusos en el mundo, ante la complacencia del gobierno.
En las elecciones del 6 de junio de 2021 participaron los partidos de oposición, el partido del gobierno y el crimen organizado. Al día siguiente el presidente felicitó al crimen organizado por su buen comportamiento: “los que pertenecen a la delincuencia organizada, en general [se portaron] bien”, afirmó.
Recordemos. Hubo casi 90 muertos en esas campañas. López Obrador violó cuantas veces quiso la veda electoral. En sus conferencias matutinas no dejó de inmiscuirse ni un sólo día en las elecciones. El INE dejó de amonestarlo por considerarlo inútil. Pero sobre todo, en esas elecciones participó activamente el crimen organizado.
Las elecciones del 6 de junio de 2021 no fueron limpias. Los estados del Golfo de Cortés (Colima, Nayarit, Sinaloa, Sonora, Baja California) se pintaron de Morena con ayuda del narco. En múltiples casos secuestraron a los operadores de los partidos de oposición, a sus representes de casilla, amenazaron a candidatos; a unos los obligaron a retirarse de la contienda, a otros a suspender su campaña.
Al comienzo del gobierno de López Obrador los narcos controlaban “territorios”, ahora controlan estados y municipios. El presidente lo sabe. Lo saben los militares. Parecen estar de acuerdo con tolerar narcoestados. Los narcos no “se portaron bien” como afirmó el presidente. Asesinaron a más de cuarenta candidatos durante la campaña. Los grupos criminales operaron el fraude con la anuencia del gobierno.
Lo hicieron en 2021, todo indica que volverán a hacerlo en 2024. “El triunfo de la oposición es… imposible”. No es una consigna, es una orden dirigida a los militantes, a los simpatizantes, a las fuerzas oscuras del país.
El gobierno de López Obrador ha concedido casi el 80 por ciento de los contratos para obras públicas por adjudicación directa. Cuando ha podido ha reservado la información de esas operaciones por cinco años. Contratos a modo para los amigos del presidente y de sus gobernadores, con un fin: apoyo con dinero sucio para las campañas de Morena, de preferencia en sobres amarillos.
La política de los abrazos se ha traducido con los años en un dejar hacer, dejar pasar, dejar crecer a las fuerzas del crimen organizado. Hoy ocupan un lugar destacado entre las organizaciones criminales del mundo. En México, según la DEA, tienen un ejército de más de cuarenta mil efectivos, muy bien pertrechados. El crimen organizado tiene presencia en el 81 por ciento de los municipios del país. Al parecer han llegado a un acuerdo con este gobierno que no los enfrenta porque “también son pueblo”.
El PRI gobernó 70 años México. No ganaba elecciones, robaba elecciones. Hoy el robo de urnas es anacrónico. Mejor controlar el INE, cubrir de infamias a los opositores, maicear al Ejército, pactar con el narco, burlarse de los tribunales y la ley, soltar al tigre popular bien alimentado con apoyos sociales. Conservar el poder por medios legales e ilegales. Esa es la consigna, ¿cómo los podemos detener?