Faltando poco más de diez meses para las elecciones, el presidente, su partido y la jauría digital que controlan desde Palacio Nacional se han dedicado a calumniar, difamar, insultar y exhibir a la posible candidata del Frente opositor.
La intervención de Vicente Fox en 2006 (que consistió en decir que se debía cambiar de jinete pero no el caballo) parece un inocente juego de niños frente la violenta andanada contra Xóchitl Gálvez.
El objetivo de estos brutales ataques (que ya incluyen dos denuncias legales) es frenar a como dé lugar la carrera ascendente de la senadora panista.
En las pasadas semanas los recorridos de los candidatos de Morena quedaron absolutamente anulados, exhibidos en su mediocridad, frente a la presencia, ataques y defensas, videos y giras de Xóchitl Gálvez.
¿Qué va a pasar si la estrella de la senadora sigue ascendiendo? ¿Hasta dónde serán capaces de llegar con tal de detenerla? Cuentan con toda la fuerza del Estado para hacerlo, desde el espionaje militar hasta la fiscalía “independiente” de Gertz Manero. En 2021 el narco jugó electoralmente a favor de Morena secuestrando funcionarios de la oposición. López Obrador ya advirtió a las televisoras que lo suyo es una concesión. Es un hecho: van a intentar hacerlo todo con tal de frenarla.
Sabemos de qué son capaces. Trataron de deslegitimar a un juez que concedió amparos adversos contra el gobierno acusándolo de supuestos actos de corrupción. Al no poder hacerlo, se fueron contra sus familiares cercanos y los no tan cercanos. En algún momento de exasperación se lanzaron contra el hijo de Felipe Calderón, un adolescente.
Apenas lleva tres semanas en campaña Xóchitl Gálvez y ya esculcaron a fondo su genealogía, ya fueron a su pueblo a hablar con sus maestros, sus conocidos y familiares lejanos. Ya cuestionaron su origen. Como los nazis, se pusieron a indagar la pureza de su sangre indígena. Rebajándose de manera indigna, Lorenzo Meyer afirmó que Xóchitl no podía ser indígena porque había llegado a ser empresaria.
El presidente y su partido sin pudor han esgrimido posturas racistas y clasistas, algo que nunca pensamos ver como argumentos políticos, y menos del lado de los que dicen luchar a favor del pueblo.
Cuestionaron los orígenes de la panista y el presidente violó la ley al exponer información fiscal de sus empresas. Lo que sigue es que sus conversaciones telefónicas y correos sean expuestas gracias a “la inteligencia” del Ejército.
No sólo exhibirán datos prohibidos, inventarán muchos otros. La difamarán con mentiras sobre su persona y su familia. Intentarán todo lo que esté a su alcance, y mucho más, porque Morena no es un movimiento democrático: su objetivo era llevar a un hombre a la Presidencia y no soltarla.
Morena llegó al poder para enriquecerse en nombre de los pobres. Se disfrazaron de justos y morales para poder saquear mejor con esa fachada. Su propósito es enquistarse en el poder. Su modelo es el PRI.
En 2006 perdieron la elección. Alegaron fraude y no pudieron probarlo en tribunales. Han hecho ahora todo lo que le echaron en cara a Fox, pero aumentado por cien. Se trata de un movimiento antidemocrático y fraudulento.
Dicen que arrasaron en 2018. Pero olvidan que esto se consiguió gracias al pacto de Peña Nieto con López Obrador. Una de las presidencias más corruptas de nuestra historia y no la han tocado ni con un pétalo. Peña Nieto vive feliz y lujosamente en España. Para referirse a los errores del pasado López Obrador convenientemente se salta el periodo de Peña Nieto y culpa de todo a Calderón. Sus seguidores no cuestionan ese salto. Saben que a Peña Nieto no hay que tocarlo porque gracias a él se ganó la elección: echó encima del principal candidato opositor, con mentiras y falsos testigos, la maquinaria judicial del Estado, y conminó a los gobernadores del PRI a que las fuerzas que controlaban votaran por Morena. ¿Por qué? Porque Anaya ofreció meter a la cárcel a Peña Nieto y en cambio López Obrador le ofreció absoluta impunidad, de la que ha gozado estos cinco años.
En 2006 López Obrador, mediante un golpe de Estado blando, que incluyó una formidable presión sobre los ministros del Tribunal Electoral, intentó robarse la elección que le ganó Calderón. En 2012 alegó que le hicieron fraude pero éste ocurrió sólo en su imaginación: nadie lo siguió en esa aventura.
De joven sus amigos lo apodaban “piedra”, por duro y por necio. Cree que lo guía un designio superior. Él es “el rayo de esperanza” cuya misión es salvar a México. Y si los mexicanos no quieren ser “salvados”, lo hará a la fuerza porque no responde a ellos. Su confesor ha dicho que acostumbra a hablar con Dios. De esas conversaciones imaginarias han salido la mayor parte de sus ocurrencias, que ha traducido en obras onerosas e inútiles. De esa conversación nace la certeza de que para redimir al pueblo de México debe conservar el poder a toda costa. Si es necesario, valiéndose del fraude.