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2024, elección de Estado

López Obrador ha intervenido en el proceso electoral, sigue hoy interviniendo y lo más seguro es que lo haga en el año electoral.

Hasta el momento la opinión pública no conoce una encuesta fiable que mida el impacto de Xóchitl Gálvez en relación a los candidatos de Morena.

Quien sí conoce ese impacto, porque desde Palacio se levantan encuestas diarias, es el presidente de Morena (y ocasionalmente presidente de México), Andrés Manuel López Obrador.

Los cinco días de la semana que acaba de transcurrir se refirió a la precandidata de la oposición de manera ruda, grosera y ofensiva. Puso a trabajar toda su maquinaria de difamación en redes para intentar destruir la reputación de la hidalguense.

Esto indica que el fenómeno Xóchitl ha impactado directamente en las campañas del oficialismo. Lo celebro. Los candidatos de Morena tendrán que romper el rígido corsé que les impuso el presidente si no quieren verse rebasados.

Marcelo Ebrard lo sabe y por ello ha incurrido en el ridículo. Lo hemos visto portando una enorme corona, bailado cuanta música le ponen, trepado en lanchas. Quizá próximamente lo veamos atravesando aros de fuego para llamar la atención. Le prohibieron criticar a sus oponentes (léase: a Claudia) y criticar al presidente (lo que en su caso sería suicida porque no lo quieren los morenistas). Pero algo tiene qué hacer. Salvo en aquellas pagadas o pactadas por su equipo, todas las encuestas lo muestran muy por debajo de Claudia. Pasan las semanas y no repunta. Anunció que va a presentar un plan alternativo para mejorar la seguridad en el país, que es zona de desastre. Su propuesta necesariamente tiene que tomar distancia de la actual, que nos ha llevado al periodo más violento de nuestra historia. Si no presenta propuestas serias, que necesariamente lo enfrentarán a la dupla López/Sheinbaum, terminará por rebasarlo Fernández Noroña, lo que sería el fin de su carrera política. ¿Qué le espera luego de su derrota? ¿La Embajada de Francia?

Claudia ya vistió una falda con la Virgen de Guadalupe, ya se hizo una “limpia” de “saberes ancestrales”, ya se puso un tocado de flores en la cabeza, ya tocó la guitarra, ya comenzó a decir “chistes”, ya le copió la manera de hablar al presidente. Pero eso sólo funciona ante Marcelo. Esa estrategia luce débil confrontada ante Xóchitl. Todo lo que gastó promoviendo la idea de que México estaba listo para una presidenta se le está desvaneciendo entre los dedos. ¿Qué es mejor: Claudia la mujer sumisa ante el macho alfa tabasqueño o Xóchitl la mujer empresaria e independiente de los partidos? Xóchitl no tendrá que cargar con el estigma de haber eliminado las guarderías infantiles ni de haber blindado el Palacio Nacional por temor de las feministas. El factor mujer se le esfumó. La carta de la continuidad se verá muy mermada cuando la oposición comience a mostrar en spots televisados la situación de desastre que ha dejado este gobierno en seguridad, salud, educación. El carisma no se hereda.

Enfrentaremos en 2024, pocas dudas hay de ello, una elección de Estado. Fracasó el plan A legislativo, naufragó el plan B en la Suprema Corte de Justicia, pero funcionó el plan C, que no es el del voto masivo en las urnas sino la designación de Guadalupe Taddei como presidenta del INE. Una funcionaria desleal al país y entregada a las órdenes del presidente. Bájate el sueldo, y se lo baja. Ven a Palacio, y allá va obediente. Hazte de la vista gorda ante las campañas ilegales de Morena, y no sólo lo hace sino que amonesta a la oposición por hacer lo mismo. Enfrentará la oposición un piso disparejo.

En 2006 López Obrador alegó fraude: habló primero de tres millones de votos perdidos, luego de un fraude cibernético: ninguno de estos argumentos se sostuvo. Entonces dijo que el fraude se había dado por la intervención de Fox y porque Elba Esther orquestó un pacto con los gobernadores del PRI para que favorecieran a Calderón. Está documentado que en 2018 Peña Nieto operó para que los estados priistas votaran a favor de Morena. Respecto a la injerencia presidencial, López Obrador ha intervenido en el proceso, sigue hoy interviniendo y lo más seguro es que lo haga en el año electoral. Un Tribunal acaba de inscribir su nombre como violador de la ley electoral. Entonces: o no hay elementos para sostener que hubo fraude en 2006 o López Obrador ganó con fraude en 2018 y piensa ganar con fraude en el 2024.

En 2021 el narco ayudó a Morena a ganar las elecciones. En 2024 contará Morena con 23 gobernadores que presionarán a los institutos electorales locales. Por lo que hemos visto, la candidata oficial derrochará recursos: legales e ilegales, provenientes del INE, del gobierno federal, de los estados y del crimen organizado. Vencer a esa maquinaria es un reto colosal. No basta con convocar a una clase media entusiasmada. Hace falta un discurso poderoso que permeé las capas populares. Algo semejante en fuerza al “por el bien de todos, primero los pobres” (que López Obrador plagió de la campaña de González Pedrero). La oposición ya tiene candidata. Falta un programa poderoso y atractivo.

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