Faltan catorce meses para que termine este gobierno de pesadilla. Tres meses antes, el 2 de junio de 2024, con nuestro voto, podremos ponerle fin al peor de los gobiernos que México ha padecido.
Adolfo López Mateos reprimió y encarceló a miles de ferrocarrileros. Gustavo Díaz Ordaz fue el responsable de la matanza de Tlatelolco. Luis Echeverría fue el operador de la guerra sucia. José López Portillo con sus dispendios llevó al país al borde de la quiebra. Miguel de la Madrid se quedó pasmado ante el temblor. Carlos Salinas gobernó con la sombra del fraude. Ernesto Zedillo operó el Fobaproa. Vicente Fox en vez de consumar la democracia abrazó al PRI corporativo. Felipe Calderón comenzó la sangrienta guerra contra el narco. Enrique Peña Nieto se corrompió a profundidad y para evitar que lo persiguieran pactó la entrega del gobierno a los populistas; para consumar esa entrega persiguió con falsas acusaciones a los opositores a López Obrador. Una historia de terror durante la cual, lentamente, los mexicanos fuimos creando diques, abriendo espacios, creando contrapesos al poder, promoviendo la transparencia, fortaleciendo un Estado constitucional con reformas a la Suprema Corte, organizando un instituto electoral que dio certeza a nuestros votos, consolidando espacios de libertad de expresión, dando paso, por fin, con luces y sombras, a la democracia.
En los últimos sesenta años, como respuesta social a los abusos del gobierno, los mexicanos fuimos erigiendo un Estado democrático.
El presente gobierno no sólo ha sido un gobierno de muerte y destrucción sino también una seria amenaza a la democracia. Los más de 800 mil muertos por una epidemia pésimamente atendida se corresponden con el intento gubernamental de destazar al INE y supeditar a la Suprema Corte. Los más de 160 mil muertos por una estrategia de seguridad basada en fantasías absurdas van de la mano con los intentos de acabar con la libertad de expresión por medio de un proceso de deslegitimación de intelectuales y periodistas independientes. Todo con un sólo propósito: fortalecer el poder de un hombre que corrompió hasta la médula el ejercicio del poder en México.
Hace cinco años López Obrador ofreció terminar con la pobreza, pero hoy hay cinco millones más de pobres. Ofreció terminar con la inseguridad desde el primer día a de su gobierno, pero hoy vivimos el periodo más violento de nuestra historia. Prometió terminar con la corrupción, pero sus hijos, sus hermanos, sus primas y cuñadas, su secretario personal y el exabogado de Presidencia, su fiscal general, la secretaria de Energía y el director de Pemex, son muestras de lo contrario. Segalmex como emblema; 81 por ciento de los contratos de gobierno entregados a los amigos por adjudicación directa. Se comprometió a regresar a los militares a los cuarteles, en vez de eso les dio para corromperlos el control de las aduanas y los puertos. Con ese control militar, ¿ha descendido el número de armas o de drogas que se introducen en nuestro país? Definitivamente no. Entonces repito: aduanas y puertos se entregaron a los militares para corromperlos. A los militares el presidente también les dio permiso para espiar a opositores y activistas. El presidente prostituyó la Comisión de los Derechos Humanos, se ha esforzado al máximo para bloquear el ejercicio del órgano de transparencia. Desde su podio matutino ha convertido a la mentira en práctica cotidiana. Más de 110 mil mentiras ha dicho el presidente en su mañanera. Dejará como herencia la degradación del lenguaje político, del lenguaje que es la esencia de la política.
Entregó la educación al ala radical del sindicato, la consecuencia de esta decisión trágica la pagaremos en unos años, cuando los chicos entren a la fase laboral con una preparación ínfima. Ha dicho repetidas veces que nuestro sistema de salud será mejor que el de Dinamarca, pero a los pacientes con cáncer les dan cita para varios meses después sin importar que en ese lapso mueran o se agrave su mal. Más de dos mil niños con cáncer han muerto sin sus medicinas, por órdenes directas del “presidente humanista”.
Un presidente popular y un gobierno desastroso. El poder de la propaganda. Todos los días, a todas horas y en todos los medios electrónicos, que son los que la mayoría de la población sigue, machacándonos un bienestar que nadie ve. Lo que vemos en cada esquina son más ancianos pidiendo limosna y más jóvenes haciendo malabarismos. Lo que vemos son más migrantes mexicanos a Estados Unidos. Los programas sociales degradados a sistemas clientelares. Cada semana se rompe el récord de muertes violentas. El terrorismo (coches bomba, tortura exhibida en videos, masacres) operando a plenitud con la complacencia del presidente, que esta semana amenazó a los delincuentes con acusarlos con sus “mamás y sus abuelos”.
Este mal gobierno puede terminar en once meses con nuestro voto y el de millones de personas cansadas de vivir en el engaño y el oprobio. En catorce meses debe entregar López Obrador el gobierno a la oposición. Catorce meses de pesadilla.