Leer es poder

Mi testamento político

“Ahí les dejo a Claudia y háganle como quieran, que yo ya me voy. Esa es mi voluntad y este mi testamento”, podría ser la despedida de López Obrador.

Mexicanos: Ha llegado el momento de rendirle cuentas al Creador. Toda mi vida he sido un fiel seguidor de su Hijo y su vocación por los más necesitados. Estoy convencido de que eso me abrirá las puertas celestiales, no quisiera verme en la necesidad de tomar el cielo por asalto.

Quisiera pedir perdón por mis pecados, pero me cuesta trabajo recordar alguno. Creo más bien que abundan los que deberían pedirme perdón en esta hora difícil. Los perdono por no creer en mí y en mis otros datos. Les perdono su aspiracionismo y mezquindad. Perdono a aquellos que no quisieron darle al César (es decir, a mí) lo que era del César. Perdono incluso a mis adversarios, porque ellos, que son los últimos y los más bajos, serán los primeros. A los que no perdono es a los aduladores de siempre, a los que se arrastran en mi nombre, a los que dicen adorarme sólo para conseguir un poco de poder, esos merecen el infierno.

La vida fue muy generosa conmigo. En los momentos de mayor necesidad siempre hubo manos dadivosas que recaudaron dinero de donde fuera para mi causa. Agradezco especialmente a los gobernadores de otros partidos que, dando la espalda a los suyos, decidieron apoyar mi movimiento: de ellos será el reino de las embajadas y los consulados. No podré olvidar nunca a las organizaciones de malandros, cuando pocos creían en mí ellos no dejaron nunca de apoyarme. Por eso liberé a Ovidio, saludé con afectó a la mamá del señor Guzmán Loera y decreté la política de los abrazos: amor con amor se paga. Sobre todo agradezco a toda esa gente pobre que me ha seguido todos estos años sin importarle que no haya medicinas en los hospitales, que todo esté más caro, que se haya muerto tanta gente por la inseguridad. De ellos será el reino de los cielos: 700 mil muertos por COVID pueden dar fe de esto.

Teniendo a la vista mi próximo desenlace, mi conciencia está tranquila y mi alma en paz. Mis enemigos, los opositores con todos sus errores y sus divisiones internas, hicieron todo lo posible para llevarme al poder. Les agradezco. A todos los que creyeron mis promesas y los defraudé, por su infinita ingenuidad, les agradezco. Agradezco a las feministas sus reclamos y su repudio porque hizo que despertara en mi gobierno y en el pueblo ese machismo que es parte de nuestra gran reserva de valores. Agradezco a esos recios varones que siguen permitiendo la venta de sus hijas a cambio de dinero, de una vaca o de un cartón de cervezas, por permitir que las tradiciones de nuestro pueblo se conserven vivas. Agradezco a los miembros de mi gobierno su servilismo de ovejas, su silencio, su mansedumbre a cambio de un hueso. Agradezco también a los ricos que, con sus impuestos y aportaciones, me han apoyado, de ellos serán los contratos de los tiempos por venir. Pero especialmente quiero agradecer al pueblo. Ese pueblo sabio y bueno que hizo posible que un humilde hijo de Macuspana viviera los esplendores del Palacio. Apelo ahora, en estos momentos cruciales, a la enorme nobleza de mi pueblo para que perseveren unidos y en paz, para que todos rodeen con su apoyo y sus votos a la futura presidenta de México, doña Claudia Sheinbaum, del mismo modo acrítico con el que me apoyaron a mí. Es como mi hija, por lo que espero que le presten, en todo momento, el mismo apoyo que de ustedes he tenido.

Mexicanos, manténganse alertas, no olviden nunca que los enemigos del pueblo acechan detrás de cada noticiero que desmiente mis otros datos, detrás de cada intelectual que critica mis proyectos, detrás de cada partido opositor que ha intentado en vano limitar mi poder, detrás de cada juez que ampara a los quejosos de siempre. Nuestro pueblo es el mejor del mundo. El más culto, aunque no lea. El más antiguo: ya había mexicanos antes del Big Bang. Deben mantenerse unidos en torno a Claudia y a Morena. Frente a los supremos intereses del pueblo, deben deponer todo interés personal, todo vulgar aspiracionismo. No deben dejarse intimidar por los datos de la ciencia y las burlas que recibimos del extranjero. Nieguen toda evidencia que no contribuya a mi gloria y la de mi movimiento.

Mexicanos, no dejen de luchar por la justicia social y por los pobres, como yo he luchado por ellos, multiplicando su número. Levántense temprano y atiendan los problemas, aunque no los solucionen. Recuerden siempre mi ejemplo. Hablen, hablen y hablen, para aturdir al enemigo. Manténgase todos unidos en torno al petróleo, que es mi sangre. Y si no se puede, en torno al litio. Y si tampoco se puede, crucen el río Bravo, trabajen duro y no dejen de mandar sus remesas, que han sido el sostén económico de mi gobierno.

Ahora, en mis últimos momentos, quisiera abrazarlos a todos, fuerte, muy fuerte, hasta la asfixia, para que juntos conozcamos al Creador. Pero como veo que no es posible, que ponen resistencia, malagradecidos, antipatriotas, vendidos, ahí les dejo a Claudia y háganle como quieran, que yo ya me voy. Esa es mi voluntad y este mi testamento. Espero regresar en tres días. Hasta pronto.

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