Leer es poder

Autoridad moral

Nadie como López Obrador, el puro, el salvador de la patria, el que nunca miente, el que nunca se ha corrompido.

La característica principal de la autoridad moral de Andrés Manuel López Obrador es que es una autoridad autoconferida. Él mismo se designó ‘Autoridad Moral’.

Asqueado de todo esto, me resisto a vivir...

Recuerdo a la madre de un hijo desaparecido hincarse frente al presidente sin que él hiciera nada para levantarla. Esto da Autoridad Moral.

Ver la Conciencia forzada a mendigar...

Recuerdo cómo el presidente calumnia sin pruebas a sus adversarios desde una tribuna oficial sin que el agraviado tenga derecho de réplica. Esto es Autoridad Moral.

Y la Esperanza acribillada por el Cinismo...

Recuerdo cómo mintió el presidente al decir que, para combatir al huachicol, tuvo que cerrar los ductos. La verdad es que no compró la gasolina necesaria, dejando a comunidades sin combustible, desesperadas. Un ducto roto, una fuente de gasolina, un flamazo, 135 muertos (niños, ancianos, mujeres, muchachos) por fuego, calcinados. No hubo ni investigación ni responsables. Esto brinda, cómo no, Autoridad Moral.

Y la Pureza temida como una pesadilla...

Recuerdo que el presidente funda su autoridad en su honestidad. Nunca ha recibido dinero. Para eso tiene a sus hermanos. Las cuentas en las que recibía donativos nunca han sido auditadas. No sólo recibía dinero del pueblo. Sobre todo recaudaba de políticos de otros partidos, empresarios de dudosa fama, gobernadores como el de Chiapas, campesinos sospechosos de trasiegos prohibidos. Todo sea por la causa. De este modo se cimentó la Autoridad Moral del presidente.

Y la inquietud ganancia de pescadores...

Decidió inundar las zonas indígenas de Tabasco antes que inundar Villahermosa. Decidió inundar Tula, que es del PRI, antes de que se inundara Chalco, que es de su partido. Jamás ha visitado a ningún damnificado. Nunca se ha mojado los zapatos. Nunca ha consolado a las víctimas de ninguna desgracia (ni a los de la Línea 12, que estaban a unas cuadras de donde se encontraba.) Un día visitó un hospital, donde pusieron a un soldado en lugar de un enfermo. Esto es Autoridad Moral.

Ha recibido en Palacio a beisbolistas, a los moneros paleros, a luchadores, a los evangelistas, a Maduro y a Evo. Pero no pudo recibir a los Le Barón, a quienes les acribillaron a su familia. No pudo recibir a Javier Sicilia, para “cuidar su investidura”. No pudo recibir a las feministas, de las que se escondió detrás de una valla como no se había visto. ¿Qué es esto? Autoridad Moral.

Y la fe derrochada en sueños de café...

Un gobernante se distingue por la forma en cómo encara las adversidades. Con amuletos, con consejos asesinos (salgan, no es peligroso), con la complicidad de un López-Mengele dispuesto a dejar morir a cientos de miles para satisfacer su voluntad de poder, así encaró el presidente la pandemia. Uno de los peores países en enfrentarla. Au-to-ri-dad-Mo-ral.

Y nuestro Salvajismo alentado como una Virtud...

El presidente de las mentiras (más de 50 mil en sus conferencias), el presidente de las calumnias, de las amenazas, de los otros datos cuando lo confrontan con sus equivocaciones, de la falta de empatía; un presidente que dice que se debe a los pobres mientras aumenta en millones su número, un presidente misógino, que detesta la ciencia y la cultura. Toda una Autoridad Moral.

Y el Diálogo entre la carne y las bayonetas...

La corrupción no se reduce a recibir dinero. Corrupto es también aquel que por los favores recibidos obtiene poder para ejecutar sus venganzas. Guanajuato fue el único estado donde no obtuvo mayoría en las elecciones. Castiguemos a Guanajuato, que se hunda en el crimen. Esto es Autoridad Moral.

Y la Verdad tapada con un Dedo...

Un candidato que prometió regresar a los soldados a los cuarteles y un presidente que ha militarizado el país. Un presidente que afirma que se acabaron las masacres y no pasa una semana sin que ocurra una nueva. El país de los cien mil asesinados. El país de los cientos de miles muertos por la pandemia. El país de las amenazas y de las calumnias a los opositores. El país sin medicinas para los niños con cáncer con tal de cobrar venganza contra las farmacéuticas. “Yo sí tengo Autoridad Moral”, nos dice.

Y la Estabilidad oliendo a establo...

El país de las mentiras. De la simulación. El país del no me quiero reelegir. Del ya se acabó la corrupción y agitó mi pañuelo sucio.

Y la corrupción, ciega de furia, a dos a puños: con espada y balanza...

La autodesignada superioridad moral. Nadie como él. El puro. El Salvador de la Patria. El que nunca miente. El que nunca se ha corrompido. El que vive con 200 pesos. El que se baja de sus camionetas blindadas y se sube a su Tsuru dos cuadras antes de llegar a encontrarse con la gente. El que no se reúne con nadie que no lo vaya a aplaudir. El presidente del gabinete paritario que tiene a sus ministras de florero. Es el Guía Supremo, el Gran Timonel, la encarnación altísima de la justicia. Él no es un vulgar político, él es, ni más ni menos, nuestra gran Autoridad Moral.

(En cursiva, soneto 66 de Shakespeare, versión de Gabriel Zaid.)

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